Los estadistas trascienden sobre cualquier interés personal, sectario o partidario. Se caracterizan por su sentido y visión estratégica en la planificación de proyectos, y sus realizaciones en beneficio del país y su población, orientando a la nación hacia el crecimiento económico y social, para lograr el desarrollo sostenible necesario, y conseguir que el país avance hacia el gran objetivo de insertarlo en el mundo de las naciones desarrolladas.
Los pactistas criollos no son evidentemente como los venezolanos, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jovito Villalba, de los partidos Acción Democrática, Copei y URD, quienes el 31 de octubre de 1958, luego del derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suscribieron el pacto de Punto Fijo, que permitió institucionalizar la democracia y le dio estabilidad al país durante 40 años. Desafortunadamente para los venezolanos, y para nosotros también, se han vuelto a entronizar en ambos países personajes con tenebrosas aspiraciones de perpetuidad.
Los pactistas nicaragüenses con doce años de existencia realizaron, a diferencia de los venezolanos, un pacto con base en intereses personales, sectarios, partidarios y económicos en detrimento de la nación, su población y la democracia. Institucionalizaron la corrupción, las concesiones prebendarias, la repartición de cuotas en los diferentes poderes del Estado y el Estado botín, como un festín entre pacotillas.
Los verdaderos políticos son coherentes, consistentes, leales con la población y con los aliados cuando los tienen, incondicionales únicamente con la nación, y firmes en sus ideas y posiciones políticas, sin dualidades y con una franca vocación de servir, no de servirse, de dar y no de recibir, promoviendo la actividad y participación política bajo una concepción mística y de entrega a la causa demandada.
Los politiqueros tienen siempre un sentido oportunista de ubicación, para obtener ventajas políticas personales y prebendarias. Actúan siempre invocando intereses partidarios, reflejo de un sectarismo antagónico y traicionero con los intereses del país y su población, porque sus compromisos primarios están con sus intereses personales y no con la nación.
Los patriotas se entregan con generosidad y desprendimiento a las causas nacionales. Su actuación va dirigida hacia el logro de conquistas que beneficien efectivamente a la Patria y al pueblo, ya que consideran que su deber y motivación política son precisamente esos objetivos.
Los patrioteros son demagogos, invocan hipócritamente su amor al país y se presentan bajo un falso ropaje de patriotas para engañar al pueblo, son mentirosos y en ocasiones presentan las mentiras como falsas verdades. Así como los politiqueros, la práctica de antivalores éticos y morales es una de sus características.
Los atropellos, el engaño y la burla sistemática que hemos sufrido y seguimos sufriendo han sido posibles gracias a estos personajes de la política criolla. Ha sido grande el daño ocasionado al país, a nuestro pueblo y a la democracia de parte de la mayoría de ellos. Nos tienen entrampados y sometidos a su voluntad, particularmente los pactistas y sus aliados. Esta es la triste y dramática realidad a la que nos tiene subordinados esta clase política. Que ni tienen clase, ni es política.
Tenemos que elevar el nivel de participación política. Y para elevarlo, es necesario que la gente buena, capaz y con verdaderas motivaciones e intereses genuinamente patrióticos se decida a participar en ella. Nicaragua necesita estadistas, no pactistas; el país demanda políticos, no politiqueros, y la nación reclama patriotas, no patrioteros, para fundar la República que nunca hemos tenido, que tanto hemos anhelado, y avanzar hacia ese deseable desarrollo sostenible para salir de la pobreza y el subdesarrollo.
Los que queremos un país sano, que sea conducido por un sendero de justicia y mejor para todos, debemos dar un paso al frente y sin vacilaciones decir presente, e incorporarnos a esta lucha que es de todos y para todos. Al pacto debemos erradicarlo, derrotándolo en las próximas elecciones generales.
“El someterse —dijo una vez el escritor Víctor Hugo— es despreciable”. “A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchísimos les falta es voluntad”; y otro gran pensador decía: “No tienen derecho a disfrutar las plenitudes de la democracia aquellos que, teniendo la oportunidad, no están dispuestos a dar su cuota de trabajo, económica o de sacrificio para defenderla, conservarla y perfeccionarla”.
Los que queremos un país sano, conducido por un sendero de justicia y mejor para todos, debemos dar un paso al frente, decir presente e incorporarnos a esta lucha que es de todos y para todos
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