Mujer. Genaro lugo. LA PRENSA/U. MOLINA

Homenaje a la Angelina Candia

Con su blanco uniforme de la Asunción, deambulaba por la ciudad de León la desquiciada y dulce mujer. En sus brazos cargaba la imagen del Niño Jesús, al que ya de antemano le entregara su vida y virtud.

Por Gladys Icaza

Con su blanco uniforme de la Asunción, deambulaba por la ciudad de León la desquiciada y dulce  mujer. En sus brazos cargaba la imagen del Niño Jesús, al que ya de antemano le entregara su vida y virtud.

Conocida y querida por todos; la loquita inofensiva cuidaba de su virginidad y alardeaba de ser alumna del colegio de la Asunción.

Los taxistas, que se sentaban en las bancas del parque, frente a Prio, conocían de su pudorosa obsesión y la vulgareaban incitándola y provocando su enojo.

Ciega en su locura, quedó en sus días de colegiala, andaba suelta por la vida, con su drama y su fantasía, andaba tranquila y errante, era poeta y palpitaba por todas partes.

No era mendiga, poseía su casita, humilde pero bien situada, la acompañaban mil gatos y una terrible obsesión, a la hora de almuerzo colocaba en su mesa platos para sus padres muertos, y de postre ejecutaba al piano como nadie lo hiciera el compás de algún vals. El decir de la gente era  que tenía familia viviendo en los Estados Unidos y esta le mandaba remesas. Dinero que no usaba, pues pensaba que era de juego.

La Angelina Candia, “Ángel Cándido” porque era cándida y pura, se enojaba si le decían señora, ella era señorita y cuidaba de su honra con uñas y dientes como quien cuida de su único haber.

Los chavalos de la calle le gritaban que habían visto calzoncillos de hombre colgados en los cordeles donde secaba su ropa, cosa que la indignaba y la hacía vociferar todo el día.

La Angelina era amiga de todos, visitaba las casas y pedía algo de tomar, nunca pedía comida, ni mucho menos dinero.

Paloma blanca, y como reza su nombre, un ángel……

No merecía la anciana el abuso a que la sometieron… si solo era un alma pura deambulando por las calles y mezclándose con las palomas del atrio de catedral y con las blancas motas del algodón……

Pobre niña Angelina… visitaba al Santísimo y cantaba y rezaba en latín, y manojos de flores blancas y olorosas colocaba en el altar.

Pobre niña Angelina… ¿Qué te hicieron, mi niña?……

Desfloraron tu cuerpo, te mataron el alma y truncaron tu vida. No hacía daño a nadie, ¡solo era un bello adorno para la ciudad!

¿Dónde está la Angelina?, se decía la gente, han pasado tres días y la blanca paloma por ningún lado aparece.

¡Pobre niña Angelina! Deformaron tu cuerpo… desgarraron tu alma……

A las nueve de la noche todo el mundo corría, atraídos por un hedor nauseabundo, a la humilde casita de Angelina se dirige la gente. El espectáculo es terrible. Robaron a la pobre Angelina, la mataron y violaron y como si fuera poco, la empalaron.

Con antorchas alumbran tu camino, Angelina, en procesión desordenada, con la nariz tapada y con paso veloz, a tu última morada, dulce niña Angelina y vestida con tu uniforme blanco, un coro de ángeles te conduce hasta cielo y el pueblo que te quería te dio el último adiós.

La Prensa Literaria

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