Donald Castillo Rivas

Elecciones en Colombia

Mucha gente me pregunta por la ideología de los candidatos a la presidencia de Colombia en las próximas elecciones. Las preocupaciones que manifiestan en orden de importancia, más o menos, son las siguientes: ¿Por qué los colombianos no volvieron a reelegir a Uribe, siendo el presidente con mayor apoyo popular y con más credenciales en la lucha contra las FARC y el crimen organizado? ¿Por qué Juan Manuel Santos, auténtico sucesor del actual presidente, no heredó el apoyo popular que tiene Álvaro Uribe? ¿Antanas Mockus, el principal rival de Santos, es de izquierda? ¿Qué pasará en Colombia con la guerrilla, el narcotráfico y Hugo Chávez, en caso de que gane las elecciones Antanas Mockus?

Arriesgándome a dar respuestas breves a preguntas complejas, me permito la libertad de hacer los siguientes comentarios:

Ciertamente el presidente Álvaro Uribe registró en la última encuesta de Gallup (marzo de 2010) un 63 por ciento de apoyo popular por su excelente gestión no sólo en el ámbito de la seguridad democrática, sino en el desarrollo económico y social de Colombia. Pero reelegirlo por segunda vez implicaba varios obstáculos de tipo legal y constitucional que un país apegado a la ley como Colombia no podía transgredir, aún tomando en cuenta el amplio respaldo popular del que Uribe es merecedor.

Juan Manuel Santos es probablemente el hombre mejor preparado para la presidencia de Colombia. Su hoja de vida es impresionante: Economía y Administración en la Universidad de Kansas y posgrados en la London School of Economics y la Universidad de Harvard. Periodista con una sólida cultura, ex ministro de Comercio Exterior, ex ministro de Hacienda y ex ministro de Defensa en tiempos de guerra contra las fuerzas insurreccionales de las FARC y el crimen organizado, son algunas de sus experiencias exitosas. Sin embargo, Santos es miembro de una de las familias más ilustres del país, sobrino nieto del ex presidente Eduardo Santos y miembro del consorcio que posee el diario El Tiempo y otros medios de comunicación y empresas, por lo que algunas personas lo asocian a la oligarquía y al gran capital. “Yo no elegí la cuna en que nací, pero sí donde trabajar y servir”, dice el candidato.

Antanas Mockus es un científico, hijo de inmigrantes lituanos, ex rector de la Universidad Nacional y ex Alcalde de Bogotá en dos ocasiones. Sus éxitos en la administración pública, su honradez y su sentido del humor lo acreditan como un buen candidato en la política tradicional colombiana, pero además, el ex alcalde plantea un nuevo paradigma en el ejercicio político, es decir hacer una política más ética y transparente, eliminando el caciquismo y las prácticas punibles en la financiación de las campañas. Un hombre que predica la necesaria articulación de la ley, la moral y la cultura parece refrescar la aridez de la política, y eso explica el por qué iguala a Juan Manuel Santos en las intenciones de voto.

La democracia colombiana está bien consolidada, lo que descarta que se puedan producir cambios radicales en la institucionalidad del país, independientemente de quien sea el ocupante del Palacio de Nariño. En cuanto a Hugo Chávez, según la última encuesta de Gallup, los colombianos rechazan en un 94 por ciento sus diatribas contra el gobierno y sus flirteos con las FARC.

La mayor preocupación de los colombianos que van a votar el 30 de mayo no es que alguno de los contendientes se pueda convertir en dictador de izquierda o de derecha. Lo que está en juego es el grado o intensidad con que se continúe aplicando la política de seguridad democrática que todos comparten. Santos y Mockus son los candidatos principales de un conjunto de seis destacados líderes colombianos. No cabe duda que cualquiera de los candidatos que gane las próximas elecciones seguirá profundizando el desarrollo económico, social e institucional de Colombia. Temas como el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, la diversificación de las exportaciones y otros están en la agenda de un país con instituciones eficaces como el Congreso, la Corte Suprema de Justicia, la Fiscalía, la empresa privada y la sociedad civil, que hacen pesos y contrapesos al poder del Presidente.

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