Se necesitan programas integrales para lograr resultados en temas como la protección de la niñez y la familia. LA PRENSA/ARCHIVO G. FLORES

Programa Amor en la sombra

Llueve intensamente. Las calles empiezan a convertirse en ríos que arrastran lodo y piedras, y los cauces no dan para más. Uno que otro niño juguetea en los charcos, pero extrañamente esta tarde no hay uno solo extendiendo su mano en uno de los semáforos de Managua.

Llueve intensamente. Las calles empiezan a convertirse en ríos que arrastran lodo y piedras, y los cauces no dan para más. Uno que otro niño juguetea en los charcos, pero extrañamente esta tarde no hay uno solo extendiendo su mano en uno de los semáforos de Managua.

En este sitio de la capital nicaragüense está una mujer baja y regordeta, pero esta vez no está sentada en la acostumbrada banca de cemento esperando a sus “retoños”. Ahora se encuentra guiando entre los carros a una señora ciega. Desde hace un mes aproximadamente no trae a sus hijos a pedir dinero. Con toda naturalidad cuenta que están en casa, porque, según dice, el Ministerio de la Familia (Mifamilia) ha amenazado con quitárselos si los sigue utilizando para mendigar.

Oneyda Selva se llama la mujer. Reconoce que al poner a sus hijos en los semáforos los está maltratando, pero no conoce otra forma de subsistencia.

Ella prácticamente ha pasado toda su vida en los semáforos. Desde los siete años ha extendido su mano para pedir unas monedas, apelando a la generosidad de todos aquéllos que circulan por los semáforos.

En los últimos 12 años no ha estado sola, sus dos hijos la han acompañado. En el otro carril del semáforo de Montoya, al oeste de Managua, está su marido quien también se dedica a la mendicidad. No tiene sus dos piernas y se moviliza en una improvisada silla de ruedas.

Oneyda cuenta que llegaron unas personas del Mifamilia y le dijeron que si los sigue llevando al lugar para pedir dinero se los van a quitar.

Asegura que esas amenazas no son nuevas, ya en años anteriores les han dicho lo mismo, incluso han prometido ayudarle con comida para que lleve a los niños a la escuela pero después de un mes no les vuelve a ver la cara.

“Yo sé que traerlos a pedir es un maltrato para ellos, pero es por la necesidad. Ahorita no lo estoy trayendo, sólo para diciembre cuando salen de vacaciones. Los dos estudian el cuarto grado”, responde mientras el semáforo está en verde sin soltar del brazo a su tía, la señora ciega.

Los niños y niñas que se ven en los semáforos son, generalmente, menores de 10 años, incluso bebés en edad lactante.

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  • El Código Penal de Nicaragua en su artículo 161 establece que: “Quien utilice a personas con problemas de discapacidad, niñas, niños y adolescentes o personas de la tercera edad para practicar la mendicidad, será penado con prisión de uno a tres años”.
Sin embargo para Grethel López, directora de Casa Alianza, echar presos a todos esos padres que explotan a sus hijos no es la solución.

“No se trata de hacer una casería de niños y de personas que están en esta situación, sino de hacer un estudio que permita conocer las condiciones de la familia y de esta forma elaborar un plan de intervención”, sostiene.

Según Anyoli Sanabria, especialista de Educación de Unicef, la última medida es separar al niño de su familia, porque “nunca un niño estará mejor que con su familia. En caso que no pueda estar con sus padres, puede estar con sus tíos y sus abuelos”, comenta.

Nicaragua cuenta con una Política de Protección Integral de la Niñez y la Adolescencia. Sin embargo el país tradicionalmente no ha dispuesto de programas nacionales específicos de atención a la niñez que trabaja o vive en la calle y si los hay —como es el caso del Programa Amor— poco se sabe de sus avances.

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“Por eso vemos a niños que están cargando otros niños, porque te va a partir más el corazón ver a un bebé en el semáforo en condiciones inhumanas y le vas a dar más dinero que a uno de 15 años”, expresa Grethel López, directora de Casa Alianza, un organismo no gubernamental.

Guillermo Poveda, vendedor de accesorios de autos en los semáforos de Montoya, cuenta que la situación lo indigna tanto que incluso ha llegado a denunciar a las mujeres que llevan a sus hijos para pedir limosna.

“Cuando pasan patrullas de policías nosotros les hemos denunciado que hay mujeres que traen a bebés de días de nacidos a pedir durante todo el día, pero cuando ellas ven que está la Policía o llegan los del Ministerio de la Familia salen corriendo a esconderse”, asegura.

¿Y LAS PROMESAS DEL GOBIERNO?

Oneyda nunca ha tenido un empleo formal. Dice que no quiere dejar solos a sus hijos en casa a expensas de algún peligro.

Irónicamente ella y su pareja decidieron llevar a los niños a los semáforos desde que tenían un mes de nacidos, un lugar donde además de soportar el ardiente sol del verano o la lluvias de invierno, se exponen al peligro de ser atropellados, inducidos al uso de sustancias tóxicas o pueden llegar a sufrir abusos sexuales.

La representante de Casa Alianza asegura que detrás de muchos casos de mendicidad, hay redes de tratantes de personas que lucran con estos niños. “En nuestro país se han identificado casos de grupos de niños, niñas y adolescentes mendigos dirigidos por adultos que se lucran con esta actividad que vulnera sus derechos”, expresa López.

En todos estos años Oneyda ha recibido promesa tras promesa para sacar a sus hijos de la calle, pero nunca le han cumplido. Lo único que hacen es decirle que le quitarán a sus hijos, así que ella deja de llevarlos por un tiempo, pero luego la familia completa vuelve a la rutina y a repetir: “Regáleme un peso (un córdoba) por favor”.

De acuerdo con datos de Mifamilia, cerca de 25 mil niños, niñas y adolescentes se encuentran en “situación de calle”, los cuales serían reinsertados en el sistema escolar, a través del Programa Amor. En las cifras no se detalla cuántos de ellos se dedican a mendigar específicamente.

El anuncio del programa lo hizo en el 2008 la coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, la primera dama Rosario Murillo, quien agregó que también unos 2,374 niños, de un total de 2,967 que estaban internados en centros de protección especial, regresarían a su familia de origen o a una sustituta.

El programa fue anunciado en septiembre del 2008, el cual está dirigido a garantizar los derechos de los niños y las niñas a vivir una niñez digna y feliz. Ese mismo programa tenía como meta que en el 2011 ningún niño o niña quedaría en las calles, “todos habrán recobrado su derecho a estudiar, jugar y crecer en condiciones dignas”.

El avance del Programa Amor se ha mantenido en absoluto secretismo, dando una que otra cifra sólo a medios oficialistas.

A mediados del 2009 se informaba que hasta ese momento se había logrado captar a un total de 5 mil 976 niños, a quienes se les estaba garantizando el acceso a la escuela y como una forma de reinserción social, también se les estaba garantizando la participación en actividades culturales y recreativas.

No obstante hasta ahora los avances reales del programa no se conocen. En reiteradas ocasiones se intentó contactar a las autoridades de Mifamilia, pero no nos fue posible.

“En nuestro país no hay cifras exactas de niños, niñas y adolescentes que se dediquen a la mendicidad. El subregistro nos impide a nosotros como organismo ver qué cantidad de niños vamos a ayudar y más a un Gobierno que debe tener sus parámetros para ver qué políticas de Estado crear. Lo primero es hacer un censo, pero no sólo en Managua, o los de un semáforo, es un problema nacional”, dice la representante de Casa Alianza.

OPORTUNIDADES CONCRETAS

Para López una solución real es darle a los padres de familia una oportunidad para que sus hijos dejen de ser los proveedores del hogar y empiecen a disfrutar su niñez.

López señaló que Casa Alianza, junto a otro organismo, tiene un proyecto en el barrio Santo Domingo, en el antiguo centro de Managua, donde se financió a cinco madres solteras para sacar a sus hijos de las calles y, a la fecha, han obtenido resultados satisfactorios.

“Es darle oportunidades a esas madres para que no sea el niño el responsable de traer los cien pesos del día. Es ver qué posibilidades se les ofrece para que mantengan a sus hijos”, dice López.

“En diferentes oportunidades el Gobierno con medidas aisladas, especialmente en Managua, ha pretendido sacar a los niños que deambulan en zonas céntricas. Sin embargo esto ha sido más una forma de control que disminución real del problema”, señala Ana Lucía Silva, especialista en Protección de Derechos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

(Con la colaboración de Julissa Aguilar Moraga).

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