Por Eva Sacasa
En todo el mundo se ha desarrollado la Semana Mundial de Acción contra la Violencia Armada (10-16 mayo, 2010), y en particular Centroamérica fue parte activa de esta campaña, ya que los índices más altos de violencia cometidos con armas de fuego se identifican en nuestra región. El más reciente Informe sobre Desarrollo Humano para América Central 2009-2010, de Naciones Unidas, señala que “las tasas de homicidio son casi cuatro veces más altas que el promedio mundial”, lo que muestra la magnitud de los obstáculos a superar para brindar la seguridad que merecen los ciudadanos centroamericanos desde esta perspectiva. Aún más, el Informe señala que en Centroamérica circulan casi tres millones de armas de fuego y que dos de cada tres de ellas serían ilegales.
En Centroamérica, el 85 por ciento de las víctimas de delitos de homicidio con armas de fuego son jóvenes entre los 14 y 29 años de edad, en los jóvenes el riesgo de morir por arma de fuego es mucho mayor que el promedio de las personas adultas, contrariamente a lo que la ley de la vida establece con relación al envejecimiento y los padecimientos de embolia cerebral, infartos, diabetes Los jóvenes del sexo masculino están en el centro del blanco de las armas de fuego, pero a su vez, son los principales disparadores de las mismas. El impacto en la renovación de la mano de obra en la economía ya se hace sentir al igual que el balance entre jóvenes mujeres y varones.
¿Cuáles podrían ser las razones por las cuales los jóvenes se arman? Muchos se arman para conseguir “respeto y status” en sus comunidades porque sufren la exclusión social, sin opciones en el mercado laboral, en la educación, en la salud, otros por considerar que son una medida de protección y en el trasfondo de sus mentalidades hay una razón cultural, que se basa en la socialización de género, mediante el cual se enseña a los hombres roles y estereotipos que los preparan para la violencia.
Frente a esta realidad, la región abre algunas ventanas a la esperanza: la existencia del Programa Centroamericano para el Control de Armas Pequeñas y Ligeras, (CASAC) como parte de la Estrategia de Seguridad Regional de Centroamérica, que fue adoptada por los presidentes centroamericanos el 12 de diciembre del año 2007 y establece el combate al tráfico ilícito de armas dentro de sus prioridades.
Los esfuerzos a nivel regional deberían articularse a través de las siguientes prioridades: un abordaje integral del tema desde la oferta hasta la demanda, control y fomento de una cultura de paz y definición y aplicación de políticas públicas articuladas.
Entre los retos principales para el abordaje integral, a nivel de Centroamérica, es importante fortalecer al Sistema de Integración Centroamericana (SICA) en su rol de apoyo a la coordinación entre estados frente al tráfico de armas de fuego y crear alianzas estratégicas entre los países del área como parte de una política regional, en este sentido, ha nacido la idea de formular y adoptar un Tratado Centroamericano sobre Armas Pequeñas y Ligeras.
Desde el punto de vista de la oferta de las armas ¿qué acciones importantes se están tomando en la región?
En el ámbito legislativo, ya los países centroamericanos se encuentran trabajando en la adecuación de sus legislaciones teniendo como base la normativa regional. El año pasado Guatemala dio pasos importantes al aprobar una nueva ley de armas; Costa Rica, Panamá y Honduras tienen proyectos de reformas importantes, y el resto de países se aprestan a iniciar procesos de revisión de las mismas.
En el ámbito del fortalecimiento institucional y la respuesta operativa, se hace necesario priorizar la cooperación regional en el intercambio de información, mediante la homologación de los sistemas de información, rastreo, localización y seguimiento, que implique una base de datos comprehensiva sobre las armas de fuego, esfuerzo que ya se ha iniciado con el apoyo del CASAC; asimismo, corresponde la creación de normativas técnicas relativas al marcaje de las armas de fuego.
¿Y desde la demanda? Motivar la desestimulación de la tenencia y portación de armas de fuego mediante la promoción de conductas basadas en valores de paz, convivencia y diálogo desde las familias, las escuelas y las comunidades, así como a través de los medios de comunicación.
La Semana Mundial en Centroamérica se ha movido entre actividades relevantes, entre ellas podemos citar: En El Salvador, estudiantes y profesores de diversas escuelas participaron en un taller sobre los peligros de las armas pequeñas y ligeras y escribieron mensajes en una pared simbólica; espacios públicos mediante obras teatrales han informado sobre la Ley Nacional de Armas de Fuego y la actual veda al porte de armas y el impulso de una campaña: “Yo decido vivir sin armas” de la Asociación de Hombres contra la Violencia. En Guatemala, se realizó una mesa redonda sobre la Ley Nacional de Armas de Fuego; en Nicaragua, organizaciones de la sociedad civil realizaron actividades comunitarias de prevención de la violencia armada y en Honduras, estudiantes de 33 escuelas de todo el país han estado participando en talleres de prevención de violencia armada, campeonatos de futbol, concursos de dibujo y poesía para motivarlos a mantenerse alejados de las armas. Todas estas actividades han sido organizadas por alcaldías, gobiernos centrales, organizaciones de la sociedad civil y PNUD.
Es importante destacar que a pesar de las altas tasas de homicidio por armas de fuego, el aumento de las armas ilegales y su impacto en todos los niveles de la sociedad, es difícil obviar los innegables esfuerzos que Centroamérica en su conjunto desarrolla a diario más allá de la Semana Mundial de Acción contra la Violencia Armada, dichos esfuerzos se traducen en un deseo regional que todos compartimos, de contribuir a la integración, desarrollo, democracia y seguridad de nuestros países.
La autora es Directora del Programa Centroamericano para el Control de Armas Pequeñas y Ligeras (CASAC), SICA.
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