Silvio Avilez Gallo

El caos monetario de Venezuela

Grecia está en bancarrota. Sin embargo, debido a que es un miembro de la zona euro y no puede imprimir dinero, sus vecinos europeos más acaudalados han acordado salir al rescate. A cambio, se espera que Grecia sanee sus arcas y adopte nuevas medidas regulatorias. Por esto es que los sindicatos del sector público han estado protestando en las calles e incluso atacaron un banco con bombas incendiarias.

Cuidado con los griegos que incendian bancos. No son diferentes a los militantes que protestaron en Argentina en 2001, cuando su Gobierno se quedó sin salida fiscal. Argentina también tenía una economía hiperregulada, un Gobierno adicto al gasto y un régimen monetario que le impedía el simple hecho de imprimir dinero para pagar sus cuentas. En el fondo, las muchedumbres que protestaban en Argentina deseaban lo mismo que sus contrapartes griegas quieren ahora: un retorno a una moneda nacional que puedan imprimir cuando quieran.

Los detractores del euro parecen pensar que la tragedia griega justifica su postura de que cada país debería tener su propia divisa y política monetaria. Pero eso no resolvería nada. Seamos realistas: si Grecia no fuera la Argentina de la actualidad, sería Venezuela. En ese país, que posee una moneda soberana, el bolívar, y ninguna norma monetaria prohíbe que el Banco Central financie al Gobierno, la inflación ahora se encuentra fuera de control.

En su defensa del liberalismo económico titulada Money, Markets and Sovereignty (algo así como dinero, mercados y soberanía), Ben Steil, del Consejo de Relaciones Exteriores, y Manuel Hinds, ex ministro de Hacienda de El Salvador, ofrecen una breve historia del auge de las monedas fiduciarias. “La mente moderna”, explican, está acostumbrada a “ver el dinero como una creación de los Estados”. No obstante, los poderosos no lanzaron la idea hace unos 2,500 años “para promover la actividad económica, sino para beneficiarse de ella”, recalcan. “Y hoy en día la imposición de las monedas nacionales sigue siendo una de las herramientas más potentes de la que disponen los gobiernos para extraer riqueza de sus poblaciones y ejercer control político sobre ellas”.

Argentina diseñó su “ley de convertibilidad”, que requería que los pesos estuvieran respaldados por reservas de dólares, precisamente para enfrentarse a este problema. Los políticos, sin embargo, no pretendían hacer reducciones, en el gasto o en la regulación, y con el tiempo una deuda demasiado grande provocó la bancarrota. En 2002 el Gobierno descontinuó la convertibilidad del peso. Ocho años después el peso argentino supuesto flotante es un desastre. El país permanece sumido en la mediocridad económica y una inflación de dos dígitos, y es rehén de un gobierno no liberal.

Anclar la moneda al dólar y, por ende, tercerizar la política monetaria a la Reserva Federal de Estados Unidos había sido un éxito, pero los grupos de presión y los políticos no soportaron que esto les quitara poder. Venezuela es otro lugar donde los políticos no ven ninguna razón para restringir el apetito del Estado por hacerse con la riqueza del sector privado. Mantener la estabilidad de los precios debería ser algo obvio, porque el Gobierno tiene ingresos ganados en dólares para respaldar la divisa nacional. El bolívar, sin embargo, ahora está en caída libre.

En enero el presidente Hugo Chávez anunció que devaluaría el bolívar de 2.50 por dólar a 4.30 (a excepción de los productos básicos). Les aseguró a los venezolanos que el Gobierno sería capaz de proveer todos los dólares necesarios para dirigir la economía al nivel de un bolívar más débil y que la tasa de cambio del mercado negro, que era de seis a uno, convergería con la tasa cambiaria oficial.

Sin embargo, el sector privado no pareció muy convencido y la tasa cambiaria en el mercado negro subió aún más, lo que encareció las importaciones de forma pronunciada. Hace nueve días el costo del dólar se disparó por encima de ocho bolívares, lo que indica una feroz espiral inflacionaria.

El origen de este caos monetario es la sed de poder del Estado. Mientras que Fidel Castro hizo uso del terror para convertirse en dictador de Cuba, Chávez ha usado el control estatal de las ganancias petroleras y el banco central para comprar su dictadura. No es un secreto que su popularidad, a pesar del deterioro de los estándares de vida en Venezuela, proviene de la impresión y distribución de bolívares en los barrios de bajos ingresos así como entre las nuevas élites empresariales y las fuerzas armadas.

Con demasiados bolívares que persiguen muy pocos productos, Chávez ahora les echa la culpa a los “especuladores”. Hace poco arrestó a 47 carniceros por evadir sus controles de precios. El Congreso, que él controla, también ha propuesto una legislación para penalizar las transacciones en el mercado paralelo de dólares. No obstante, más allá de aterrorizar al país, es poco probable que las severas medidas mejoren la situación porque el mercado necesita dólares para funcionar. “El colapso de la economía está muy cerca”, me escribió un venezolano el sábado.

La lección aquí es que sin la voluntad política, el dinero fiduciario en cualquier forma —ya sea en una unión monetaria, anclado a una divisa de reserva o manejado soberanamente— es poco fiable. Como señalan Hinds y Steil, “el dinero no atado a una materia prima da lugar a la inflación cuando es administrado por mandatarios corruptos, irresponsables o incompetentes”, lo que cubre a Grecia, Argentina y Venezuela en una pincelada.

Citando la sabiduría de un experto en derecho canónico español del siglo XV, los autores perciben el problema de la moneda fiduciaria: “El poder del gobernante para crear valor de algo sin valor al designarlo como ‘dinero’ , estaba destinado a provocar inflación”.

La autora es periodista estadounidense. Artículo publicado en The Wall Street Journal.


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COMENTARIOS

  1. hugo bilwas
    Hace 16 años

    Si Venezuela sigue con este problema (monetario) tendrá q adoptar lo q hizo el País de CORREA, “Ecuador”. Lo único q pude hacer es DOLARIZAR.. Q la Moneda venezolana sea DÓLAR. Chávez, no se da cuenta el motivo d todas estas repercusiones q se dan, y seguirán dando por la política absurda d CHÄVEZ. Todo esto ocurre por q Chávez lo provoca. Es un comienzo, dentro d poco se verán mas situaciones difíciles. Estar a la expectativa d los resultados q vendrán + adelante x la mala ges

  2. Venancio Maclovio
    Hace 16 años

    Ya verán que pasarán muchos años y Chavez y su economía vn a seguir tranquilos

  3. Julio
    Hace 16 años

    La economia monetaria de cualquier pais, tengo entendido, es muy delicada ya que esta relacionada con el gasto de un estado. Si el presidente ordena imprimir dinero sin respaldo economico tangible, entonces estaremos en serios problemas y la precaria estabilidad que aun conservamos, la veremos disiparse. Esta es la principal razon por la cual no puede ni debe seguir gobernando Ortega. No ha demostrado responsabilidad con la politica monetaria del pais.

  4. Julio
    Hace 16 años

    Es preocupante que el principal instrumento de la incipiente actividad bursatil sean los bonos que endeudan mas al pais. Estos valores, por ser sumamente inseguros, ofrecen buenos reditos a quienes comercian con ellos, en detrimento de la poblacion en general que con sus impuestos mantienen esa actividad.

  5. Anotnio Woo
    Hace 16 años

    El problema es que usamos el dolar para todo y esa moneda solos los gringos pueden iprimir cuanto billetes se le ocurran acambio le damos todos nuestros recursos por papleles con una aguila imperial. Hay que regresar a usar el oro no el dolar americano ya que solo ellos se benefician de esa manera.

  6. Alex
    Hace 16 años

    El analysis es tremendo y esperemos que la devaluacion del bolivar le traiga la caida a Chavez tambien. Seria la ironia de las ironias: imaginense un dictador comunista decaido por las manos del capitalismo.
    Sin embargo, todos aquellos estados que dependen de sus vastos recursos de petroleo tienden a ser pobres gobernantes de la democracia, eccepto talvez Dinamarka. La cual tiene una equitativa distribucion de ganancia per capita.

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