Hubiera querido titular esta reflexión como ¡hijos de putas! Probablemente no me lo hubiesen permitido en la página de Opinión de LA PRENSA por obvias razones. Medité. Me fui a buscar el significado de puta, y la definición no calzaba. Nada tenía que ver la santa madre de estos desalmados, bandoleros, zánganos, pandilleros, malhechores, facinerosos, delincuentes y muchos otros adjetivos fácilmente endilgables.
Todo se puede resumir, en buen nicaragüense, llamándoles cochones. No por homosexuales, sino por cobardes, cochones por atacar a Everth Osmar Ruiz, estudiante del segundo año de Medicina.
El pobre Everth éste, hasta dicen que es (o era) orteguista Ojalá que el Rector “magnífico” de la UNAN-Managua no lo expulse por “provocar la justa ira del pueblo” con la bendición y respaldo del otro “magnífico” rector-presidente sempiterno del CNU, Telémaco Talavera.
Con el joven estudiante de Medicina el amor no fue más fuerte que el odio, como hubiera deseado doña Rosario, tal consigna pregonaban hace algunos meses como símbolo de la “reconciliación” de la alianza unida, Nicaragua triunfa.
Esos cochones, que tumultuosamente desbarataron el cuerpo y hasta el alma del estudiante que cometió el “delito” de querer asistir a clases en medio del conflicto interorteguista que padece la UNAN-Managua, se lo impidieron de la forma que ellos saben hacerlo: violencia, amedrentamiento, chantaje, amenazas, machetes, pistolas, etc.
En eso, danielistas y orteguistas, son maestros. Tienen doctorados en actuar como criminales, cochones, para enrostrarles lo cobarde que son y cómo actúan. Igual actuó William Hurtado, el asesino de Carlos Guadamuz, que hoy goza de libertad por “estrés carcelario”. Igual actuó Frank Ibarra, asesino de Arges Sequeira. Igual actuó Donald Mendoza, secuestrador de los dirigentes de la UNO en los noventa. Igual actuó el asesino de Enrique Bermúdez (que nunca apareció). Igual actuó el(o los) asesino(s) de Jorge Salazar Argüello, pero que todos sabemos quienes son. Todos ellos, todos esos asesinos, son y actuaron cobardemente, cochonamente.
Aunque se me critique por como pienso, estos cochones nunca se podrán comparar con Rigoberto López Pérez, expresión nicaragüense del tiranicidio que la época demandaba y que el mismo Thomas Jefferson defendiera cuando dijo: El árbol de la libertad debe ser regado con la sangre de los patriotas y de los tiranos. No como estos cochones
Le pedí a mi hijo mayor que me definiera en una palabra lo que vio en televisión y me dijo: brutal. Asimismo lo había titulado LA PRENSA en su edición digital de Última Hora. Brutal, que según el diccionario es «Propio de los animales por su violencia o irracionalidad. Discrepo de mi hijo y de LA PRENSA, pues un animal actúa por instinto. Estos cochones actuaron motivados por el odio y la envidia. Motivados por quienes pretenden erigirse for ever como monarcas de este desdichado paisito. Estos cochones fueron motivados por los que encabezan pandilleros que morterean hoteles y personas. Son los mismos. Son ellos mismos. Son los mismos cochones.
Los que han promovido el odio, olvidan que quien siembra vientos cosecha tempestades y que del mismo cuero saldrán las coyundas y la Policía, bien gracias.
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