México/AP
La guerra que libra Estados Unidos contra las drogas desde hace 40 años ha costado un billón de dólares y miles de vidas. Y todo ¿para qué? El consumo de drogas sigue como si nada y la violencia es cada vez más brutal y generalizada.
Hasta el encargado de la lucha contra las drogas Gil Kerlikowske admite que la estrategia no ha funcionado.
“(La guerra) no ha sido un éxito”, comentó el funcionario. “Después de 40 años, el problema se ha agravado”.
El presidente estadounidense Barack Obama anunció una nueva estrategia esta semana, que trata el consumo de drogas como un tema de salud pública y se enfoca en la prevención y el tratamiento.
Paralelamente, no obstante, su gobierno aumentó a niveles récord los fondos destinados a la confiscación de cargamentos y a las fuerzas de seguridad.
- El presidente mexicano Felipe Calderón dice que para combatir el narcotráfico es imperioso frenar la demanda de drogas en Estados Unidos. Su colega estadounidense Barack Obama le da la razón.
El programa de Obama es básicamente el mismo que el de (George W.) Bush y asigna a la represión el doble de lo que asigna al tratamiento y la prevención, afirmó Bill Piper, de la agrupación sin fines de lucro Drug Policy Alliance.
Obama pidió 15,500 millones de dólares para la lucha contra las drogas en el 2011. Dos tercios irían a los organismos policiales y un tercio, 5,600 millones, a la prevención y el tratamiento.
[/doap_box]
Este año, esos programas se llevarán 10,000 millones de dólares de los 15,500 millones del presupuesto para la lucha contra las drogas.
Kerlikowske, quien coordina todos los organismos abocados a esa lucha, dice que no se verán resultados por un tiempo.
“Las cosas no pasan de la noche a la mañana”, afirmó. “Nunca abordamos el problema de las drogas de una forma holística. Arrestamos al traficante, pero no hacemos nada con los adictos”.
Su predecesor, John P. Walters, no está de acuerdo e insiste en que la sociedad estaría mucho peor hoy si no se hubiese librado esta guerra.
Señala que el uso de drogas alcanzó su punto máximo en 1979 y que, a pesar de las fluctuaciones se mantiene en ese nivel.
Agrega que es difícil medir el éxito de la batalla: las estadísticas indican que el uso de marihuana y de drogas recetadas aumenta, mientras que el consumo de cocaína baja.
La confiscación de drogas crece, pero también su disponibilidad.
“Es ridículo decir que nada de lo que hemos hecho ha servido”, sostuvo Walters.
APROVECHAN FISURAS
El sistema judicial de Estados Unidos está desbordado por la cantidad de detenidos por vender drogas, al punto de que el año pasado los fiscales desistieron de encausar a 7,482 personas presas por ese delito porque no daban abasto. Esto representa uno de cada cuatro casos.
En México, los traficantes explotan las fisuras de un sistema judicial quebrado. Los investigadores con frecuencia no consiguen las pruebas necesarias o son asesinados. Una policía mal pagada recurre a menudo a golpizas para arrancar confesiones, lo que no le cae bien a los jueces que liberan a los sospechosos.
Tanto en Estados Unidos como en México, los narcos detenidos siguen manejando sus negocios desde la cárcel.
En México incluso compran su libertad.
México está abrumado por la violencia, sobre todo en Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, donde 2,600 personas fueron asesinadas el año pasado en episodios relacionados con el narcotráfico. Y ni una sola persona ha sido juzgada por esos crímenes.
NEGOCIO REDONDO
A todo esto hay que sumarle la gran cantidad de dinero que hay dando vueltas.
Se calcula que el negocio de la droga mueve unos 320,000 millones de dólares anuales, que representan el 1 por ciento del comercio mundial.
Un 10 por ciento de la economía mexicana gira en torno a las ganancias del narcotráfico.
Todos los años ingresan al país 25,000 dólares procedentes de Estados Unidos y apenas un 0.25 por ciento es interceptado por las autoridades.
Por ello, no hay muchos incentivos en México para adoptar reformas que pongan freno a esta actividad.
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A