Joshy Castillo

¡Qué triste!

Qué triste espectáculo el de antier por 100 por Ciento Noticias. Los estudiantes universitarios ya no cargan cuadernos, lápices y libros en sus mochilas. Ahora cargan morteros, bombas, martillos y lo que es peor, armas de fuego como la que empuñaba y con la que apuntaba un joven de complexión delgada, estatura baja, camiseta blanca, pantalón azul y cara cubierta con una camisa azul claro, mientras otros cuatro delincuentes pateaban en el suelo a otro joven de características similares. Digo delincuentes porque al final, al grito de “la mochila, la mochila”, uno de los atacantes le arrebató una mochila celeste que el agredido, tendido en el suelo, cargaba en la espalda.

No recuerdo en mis años de estudiante universitaria semejantes actos de vandalismo. A lo más que llegamos fue lanzar huevos batidos cuando Henry Kissinger, en ese tiempo ex Secretario de Estado norteamericano, llegó al país a tratar de mediar en el conflicto armado que nos envolvía a los nicaragüenses en los años ochenta, específicamente en el año 85. Kissinger no pasó ni cerca de donde miles de estudiantes universitarios, simpatizantes de la revolución, protestábamos por su llegada al país, dirigidos por líderes como Donald Méndez, Alejandro Pérez Fabri, Haydée Castillo, Pedro Hurtado, Ajax Delgado, Carlos Carrión, Josefina Vigil, Danilo Pérez, mi buena amiga Fiorella Castro, Flor Palacios, dirigentes de la Juventud Sandinista y la UNEN de ese entonces y para quienes las aulas de clases y nuestra asistencia era nuestra primera obligación. Eran otros tiempos definitivamente como diría Sergio Ramírez.

Estar en una universidad en nuestro país es ser una persona privilegiada. Casi un millón de niños quedan fuera del sistema escolar por diversas razones, razones que ni los gobiernos anteriores ni el gobierno del presidente Daniel Ortega han podido resolver. El asistir a una aula universitaria debería considerarse como un milagro, máxime si somos de escasos recursos. Eso no lo entienden los César Pérez, para quienes la vagancia, el garrote y el atropello a fuerza de violencia, violencia aprendida de sus arcaicos dirigentes, es un modus vivendi.

La Universidad Nacional, conocida como UNAN-Managua, es gratuita. Mi generación estudió también gratuitamente, no becados, gratis. No por eso, nunca dejamos de asistir a clases. Al contrario.

Ahora, sin embargo, gracias a los deseos de poder y control del partido de gobierno, a esa honorable casa de estudios, se envían pandilleros disfrazados de estudiantes universitarios para que, a punta de garrote, piedras y balas, se resuelva un conflicto que debería resolverse con ideas, a como lo exige una casa de estudios superiores.

¿Es eso lo que el presidente Ortega y sus seguidores como César Pérez, quien ya no es estudiante universitario, pretenden que sea la tónica de este empobrecido país? Ya vimos hace unas semanas al magistrado Rafael Solís encabezar una marcha de supuestos jueces y trabajadores de los Juzgados, que quemaron tres vehículos y apedrearon un famoso hotel capitalino, haciendo salir disparados a unos asombrados turistas que llegaron felices a este país para conocer las bondades que pregona doña Rosario en un slogan turístico.

Las aulas de clase se han trasladado a las calles, los pupitres son los adoquines, no para sentarse, sino para tirarlos a la cabeza de los que no piensan como ellos.

¿Hasta dónde y hasta cuándo vamos a seguir así Comandante?, ¿necesitamos más muertos para que usted pueda reelegirse?, ¿más sangre inocente?

Sólo usted tiene las respuestas. [email protected]

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