Doce puñaladas a la altura del cuello privaron de la vida a Auralila Zelaya García, de 37 años, quien la mañana de ayer se disponía a ir a su trabajo en una librería, pero su salida fue imposible.
Cegado por los celos, su marido Jairo Roberto Zeledón, de 37 años, después de asesinar a su esposa, procedió a ahorcarse, colgándose de una solera.
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Según vecinos, los gritos despavoridos de la mujer pusieron en alerta a los habitantes del callejón número tres del barrio Villa Venezuela, lugar donde se dieron los hechos sangrientos.
A ellos les fue imposible ayudar a su vecina, porque el enloquecido hombre gritaba que cualquiera que quisiera ayudarla resultaría muerto, porque él tenía una pistola, situación que era totalmente falsa.
La familia de la ahora occisa relató a la Policía que Auralila se había separado de Jairo, porque éste mostraba un comportamiento violento y en una ocasión llegó a buscarla a su trabajo e intentó ahorcarla, porque no quería estar con él.
“Anoche le había dicho a su hijo que él le iba a enseñar quién era el que mandaba en la casa y se puso a estar afilando un cuchillo, mismo que usó para matar a mi hermana”, manifestó Carmen Zelaya.
La Policía del Distrito Seis calificó el caso como asesinato, donde el principal móvil fue pasional con un preámbulo de características de violencia intrafamiliar por muchos años.
Algunos vecinos, que escucharon la desesperación de la víctima, aseguraron que el desalmado hombre, después de matar a su compañera, gritaba en alta voz : “Yo le dije que si me traicionaba yo la iba a matar”.
Ambos padres dejan en la orfandad a un niño de 13 años, quien se encontraba en la escuela al momento de los hechos.
Organismos que trabajan en pro de la mujer recomiendan mantenerse alejadas de hombres violentos, porque el feminicidio es un verdadero problema.
Muchas mujeres, sin embargo, los perdonan y se repite el círculo.
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