No sé, pero a estas alturas, me hubiera gustado ver a Ricardo Mayorga convertido en una leyenda del boxeo, ubicado en dirección hacia su retiro, con solvencia económica y en un mejor sitio en la consideración de los fanáticos.
En lugar de eso, asegura estar listo para encerrarse en una jaula de artes marciales, contra un tipo que ha hecho historia destrozando oponentes, pero empujado por su estrechez financiera, Ricardo no tiene muchas opciones, mientras la antipatía en torno a su figura le ha ganado la pelea a quienes aún sienten afecto por lo que él significa.
Aún con sus deficiencias técnicas y sus dificultades para seguir un plan de trabajo, Mayorga disponía de la fortaleza, el ímpetu y la agresividad para abrirse paso en el difícil mundo del pugilismo. Y lo consiguió. Ganó títulos mundiales en tres ocasiones y se enfrentó a legítimas leyendas del boxeo como Oscar de la Hoya y Tito Trinidad.
Y aunque la mayoría desaprobó su vocabulario procaz, Mayorga encontró en su boca un importante recurso que aceleró su instalación en las marquesinas del pugilismo, mientras su arrojo y temeridad sobre el ring lo volvían atractivo incluso para quienes lo despreciaban. El problema fue que no pudo seguir respaldando sus palabras con hechos y sus acciones se vinieron al piso.
Mayorga ha sido, además, víctima de un manejo inapropiado de su carrera. Ha tenido personas a su alrededor que parecían trabajar para sus rivales, en lugar de cuidar de sus intereses. Se habló incluso de “dobles agentes” a su alrededor y eso disminuyó drásticamente sus ingresos, que tanta falta le hacen ahora, cuando múltiples deudas lo tienen atenazado y hasta le impiden incluso su entrada al país porque puede caer preso.
Sin embargo el mayor culpable de su situación actual ha sido el propio Ricardo que no se ha sabido conducir a través de la vida y que jamás tuvo conciencia de la dimensión que podía adquirir, si ha sido capaz de sobrevivir a sus propias contradicciones. Y ahora, el tiempo ha pasado y los recursos han disminuido.
Ojalá escape con vida a ese encierro que tendrá con Din Thomas y que pueda volver a hacer algo significativo en el boxeo, de donde nunca debió salir. Es una pena que tenga que hacer eso ahora, en lugar de estar en palco, con sus bolsillos repletos y una historia por la cual sentirse orgulloso.
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