Si el Estado nicaragüense es un barco en el cual todos navegamos, con certeza y honradez creo que nos hundimos. Cuando el Gobierno se desviste de todo su ropaje de legalidad y rompe la institucionalidad para dar paso al atropello y a la barbarie, resuenan a nuestros oídos cada vez más cerca, el ultraje, el ruido tenebroso de las turbas y el avance cadencioso del tirano. El Estado se hunde y el proyecto social se vuelve inviable.
El liberalismo cometió el crimen de haberse dividido en las elecciones presidenciales del 2006, Ortega cosechó dichos resultados, revestido de legalidad, tomó las riendas de la República y desde la cumbre del poder empezó a torpedear la débil democracia.
Bajar a Ortega del Gobierno va a ser cosa muy difícil. Cubierto con la malla protectora de los petrodólares, dueño de una inmensa fortuna, que dispone sin ningún control. Ortega concentra en sus manos mucho más poder que el que los Somoza concentraron en todos sus treinta años o Zelaya en sus dieciséis.
Para hacerle frente a la desviación de la revolución sandinista se contó con cien millones de dólares de la administración Reagan. Con cincuenta mil muertos que puso el pueblo de Nicaragua y con la caída de la Unión Soviética.
¿Con qué cuenta la oposición nicaragüense para enfrentar a Ortega? Con nada, únicamente con la apatía del pueblo. Mientras tirios y troyanos se pelean por presuntas candidaturas, la verdad es que Ortega gobierna el país prácticamente sin oposición.
Dividiéndose cada día. Preparando los puñales aunque hablen de diálogo, aspirando en su mayoría a ser llamados por el aprendiz de dictador, la oposición está cada vez más fragmentada. Es más importante acusar a Alemán de pactista o a Montealegre de colaborador, que sentarse a crear una estrategia para ver cómo salimos de este embrollo que significa el gobierno de Ortega.
Cuando se reúnen 47 votos para introducir una moción en la Asamblea Nacional, al día siguiente se actúa como si no ha pasado nada y se favorece al Gobierno aprobando sin condiciones una serie de financiamientos. Y todos nos preguntamos: ¿qué pasó? ¡Si ayer era el caos y hoy todo es normal! ¿Por qué se actuó así? Por una sencilla razón, me dijo un viejo amigo. “Porque los 47 votos están pegados con chicle, y si hubiera durado la trifulca 24 horas más, cuidado que todo se desmorona”. La guerra que sostienen los partidos de oposición con Ortega es a pañuelazos, sin ningún intento serio de detener la dictadura que por todos lados se presenta.
A nivel internacional las cosas andan peor. La OEA está en un estado de extinción, simplemente no cuenta y si cuenta es para servir a los intereses del comandante Chávez y sus aliados como lo vivimos en el caso de Honduras.
Los Estados Unidos tienen muchos problemas, sobre todo el económico, y en su agenda no existimos. Hace poco la señora Clinton, actual Secretaria de Estado, compareció a uno de esos programas dominicales de televisión en su país para hablar sobre la política exterior de los Estados Unidos. Habló de todo. Desde Afganistán hasta Israel. Desde Corea hasta México. Desde China hasta El Salvador, pero Nicaragua ni siquiera afloró a sus labios.
Ortega ha sido lo suficientemente vivo para garantizarles a los norteamericanos los tres ejes de su política exterior en nuestra región: control a las drogas, control al terrorismo internacional, y control al tráfico de emigrantes hacia su país. Lo que pase internamente en Nicaragua, tanto al Departamento de Estado como a la Casa Blanca, los tiene sin cuidado.
Sin un liderazgo claro, sin motivación de las masas, sin dinero, sin aliados confiables a nivel internacional y con la mayoría de los políticos llegando a la senectud ¿qué nos espera?
Nos espera la represión, el cierre de los espacios políticos y económicos. La atomización de la oposición, y el exilio para miles y miles de jóvenes nicaragüenses que ven en nuestro país un país sin futuro, sin progreso, sin libertades. La república se volvió caverna y como dice Rubén: “y en las tierras de Chibcha, Cuzco y Palenque se han visto engalanadas a las panteras”.
Sin un liderazgo claro, sin motivación de las masas, sin dinero, sin aliados confiables a nivel internacional y con la mayoría de los políticos llegando a la senectud, nos espera la represión, el cierre de los espacios políticos y económicos, la atomización de la oposición y el exilio para miles y miles de jóvenes nicaragüenses…
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