Tu nombre es Berta Chamorro Pasos, pero quizás, por tu figura pequeña y delicada, frágil y menuda, te llamamos Bertita. Sin embargo, detrás de esa figura pequeña se manifiesta otra dimensión: firme en fe, fuerte en esperanza y una caridad perfecta manifestada en el amor a los demás.
Esto la llevó a ella y a su esposo, Alberto Chamorro Benard, a fundar, en memoria de su inolvidable y amado hijo Martín, el Hogar Inmaculado Corazón de María, con una capilla que lleva el mismo nombre. Estas instalaciones, construidas en La Sabaneta, Granada, está bajo la dirección y el espíritu benéfico de las Hermanas Misioneras de la Caridad. En este centro, fundado el 12 de diciembre de 1992, en honor a Nuestra Señora de Guadalupe, se favorecen a más de mil familias y personas: niños, mujeres rescatadas de la mala vida y del aborto, jóvenes abandonadas y abusadas, en fin, se atienden todas las necesidades de los pobres más pobres, supliéndoles alimentos, medicinas y mucho amor.
Este legado de Bertita y Alberto seguirá siendo una realidad, como lo confirmó el mayor de sus hijos, Alberto, en nombre de su padre y de sus hermanos, Alan y Alexis, al despedir a su madre en su viaje a la última morada.
Bertita, siempre silenciosa y discreta, humilde y sencilla, logró con su serenidad, a través de su vida, trasmitir los valores y principios cristianos, destacando la unidad familiar y el amor entre hermanos y demás personas que le rodeaban, así como la entrega al prójimo, abriendo así la fuente del “Agua Viva” que es el Amor y la Misericordia de Dios mismo.
Nos dice la Beata Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota de agua en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”.
Este día, 11 de mayo, en que Bertita cumpliría 76 años, felicito a su esposo y a toda su descendencia —aunque parezca contradictorio en esta circunstancia— pero es que ella dejó el testimonio de su ejemplar trayectoria que llevó a través de su vida, incluyendo también su valentía en el dolor y en la enfermedad. Mas ahora, estamos seguros que Dios Padre ha enjugado sus lágrimas y la paz y la alegría llegó por siempre para ella.
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