Hasta hace pocos años, los maestros constructores, mecánicos, fontaneros, electricistas y carpinteros, etc. eran empíricos. Hoy, para confiarles una obra se les exige un título o credenciales apropiadas. Incluso, para ser chofer se requieren exámenes teóricos y prácticos y se debe tener un seguro.
Paradójicamente, la profesión de político, de cuyo ejercicio depende la armonía, el progreso y la felicidad de nuestro pueblo, la ejercen personas con escasa o ninguna preparación específica y a ninguno se le exige prestar fianza de cumplimiento de sus promesas de campaña. Nicaragua es comparable a un vehículo cuyo conductor, sin licencia, sin seguro y ningún control, nos lleva a todos hacia destino desconocido el cual, no pocas veces, el mismo desconoce porque es decidido en instancias supranacionales.
Como lo expresa mi respetado amigo el ingeniero Norman Caldera, “hay dirigentes liberales que no han leído a Montesquieu ni a Smith, socialistas que no conocen a Rosa Luxemburgo, conservadores que no han leído a Margaret Thatcher y social cristianos que no conocen a Maritain ni han leído las grandes encíclicas sociales. Estamos pagando las consecuencias de estas carencias.
En el futuro, los que aspiren a ser directivos de un partido, diputados o funcionarios y, sobre todo, los que quieran lanzarse como candidatos a la Presidencia de la República, deberían demostrar que no son analfabetas políticos, que conocen y respetan la ideología de su propio partido y la de otras corrientes políticas. En cualquier caso, deben demostrar que practican una ética personal y orientan sus actos hacia el bien común de la sociedad. Se debería exigir que los candidatos rindan fianza en caso de no cumplir con su deber y no realizar las obras prometidas durante su campaña.
Por tal motivo, resulta impostergable establecer en Nicaragua un Instituto de Ciencias Políticas y de Gobierno que no esté sometido ni condicionado por intereses partidistas y que imparta a toda persona con vocación de servicio público una formación teórica y práctica apropiada para el correcto desempeño del cargo al cual aspira.
Es imprescindible que, además de instruidos y competentes, los políticos y servidores públicos demuestren tener generosidad, capacidad de sacrificio y creatividad para buscar soluciones intrépidas y nuevos caminos para conducirnos con mayor efectividad y seguridad hacia un futuro mejor.
Muchos conciben la política como una sucesión de campañas sin un proyecto coherente. Su objetivo es ganar elecciones o ser nombrados en determinado cargo para cobrar un jugoso salario y beneficios. No quieren oír hablar de planificación, de responsabilidad ni de compromiso sino de encuestas, de propaganda y, sobre todo, de “reales”.
El resultado es que los políticos capaces y bien intencionados resultan asfixiados y maniatados por demagogos y oportunistas que explotan el comportamiento irracional de las “masas” y utilizan la democracia para hacerse elegir a como sea pero que, una vez en el poder, se dedican a desacreditar, manipular y destruir la democracia en nombre del pueblo y de los pobres. El resultado es mayor confusión conceptual, mayor pobreza interna y mayor dependencia de la ayuda de países desarrollados a los que, sin embargo, se asedia como “mendigos con garrote”. Esos líderes engañosos no titubean en asociarse con grupos radicales empecinados en socavar el Estado de Derecho en los propios países donantes. Reclaman ayuda a España, pero apoyan ETA y dan albergue a sus miembros; exigen apoyo de Italia pero se niegan a entregar a terroristas con sentencia firme; exigen respeto a Colombia pero se declaran admiradores de las FARC y “hermanos” de sus dirigentes; reclaman ayuda de los Estados Unidos y de la Unión Europea mientras se proclaman aliados del regímenes que amenazan directamente su seguridad y juran no descansar hasta verlos destruidos. El colmo es que, no contentos con usurpar cargos recurriendo a elecciones fraudulentas, conspiran contra la unidad y la estabilidad del Estado nicaragüense y socavan las instituciones republicanas otorgando a comités partidistas autoridad y jurisdicción reservadas exclusivamente a los órganos creados por la Constitución Política de Nicaragua.
Para evitar el predominio de ignorantes y charlatanes, urge que personas competentes capaciten a los candidatos y servidores públicos mediante cursos de ciencia y ética política, así como sobre técnicas modernas de organización, información, responsabilidad y evaluación. Si hacemos esto, no tardaríamos en cosechar los frutos.
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