Los últimos acontecimientos ocurridos en la Corte Suprema de Justicia han dejado totalmente claro que el orteguismo ha enterrado el Estado de Derecho en Nicaragua. Sin guardar la más mínima apariencia, los servidores de Ortega han demostrado claramente que están dispuestos a usurpar todos los poderes del Estado y de violentar cualquier precepto constitucional o ley que se les anteponga a las pretensiones de su amo.
Estamos en presencia de un modelo cesarista. No se trata de recurrir a la vieja figura del déspota personificada en Luis XIV de Francia cuando pronunciase su famosa frase “El Estado soy yo”. Si se examina con detenimiento dicha afirmación, conlleva el concepto de Estado.
En este caso, la filosofía o directriz que parece guiar a todos los adláteres de Ortega es algo mucho más cavernario. Es la desaparición de la república y de todas sus instituciones democráticas. Es el César, aboliendo todas las instituciones republicanas, para asumir la dictadura y terminar con la sociedad pluralista.
- Descaro a pleno día podría ser el título de un libro que describa la rabia y la desilusión que siente el ciudadano común, ante el atropello a las instituciones y al Estado de Derecho, que el orteguismo está realizando.
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Si se repasa la historia de los Somoza, se puede ver que la Corte Suprema de esa época, siempre guardó las apariencias y las formalidades. No es que los magistrados de ese tiempo fuesen personas especiales, escogidas por su sabiduría o su honradez. No, la mayoría de ellos llegaron a esos puestos por su lealtad a Somoza; pero tenemos que reconocer que siempre guardaron un prurito de dignidad, de independencia, y en todo momento respetaban el formalismo y el proceso. Los Somoza nunca usaron y abusaron del Estado como el orteguismo lo está haciendo.
Aquéllos se ampararon a la sombra del Estado para crear sus capitales y empresas, confunden los bienes estatales con sus propios patrimonios e intereses de partido. El híbrido que resulta sencillamente es terrorífico.
¿Qué ha pasado ahora con el orteguismo? Algo muy sencillo: Se han descarado. El mensaje es claro: “Estamos aquí para quedarnos, porque el país es nuestro. El Estado es nuestro. El Gobierno es nuestro. Las instituciones y los poderes del Estado son nuestros y están ahí para defender nuestros intereses. Y si algo está en contra de este principio, hay que cambiarlo, abolirlo, distorsionarlo o simplemente ignorarlo. Nosotros somos los que mandamos les guste o no les guste”.
Ortega, está encima de la Constitución, de las leyes, de las instituciones y de todos nosotros. Ortega por siempre, para siempre. Ortega for ever, como decían los camisas azules de Somoza García, en los inicios del somocismo.
Darknes at Noon (Oscuridad al medio día) (1940), es una novela escrita por el húngaro Arthur Koestler, libro que relata el terror provocado por las purgas estalinistas y el dolor y la rabia que sintió todo ese pueblo ante los resultados del comunismo.
Descaro a pleno día podría ser el título de un libro que describa la rabia y la desilusión que siente el ciudadano común, ante el atropello a las instituciones y al Estado de Derecho, que el orteguismo está realizando.
Resulta curioso. El gobierno de Ortega me decía un amigo, no tiene presos políticos. Por supuesto le dije. Somoza que era un dictador blandengue, tenía presos políticos, Ortega no, y la razón es muy sencilla, no necesita tener uno que otro preso político, ya que ha secuestrado y aprisionado al país entero. ¡Ortega tiene secuestrada a la Nación!
Sólo una cosa puede detener ese descaro. La unidad, la unidad de todos los nicaragüenses para hacerle frente al tirano. La unidad sin condiciones, sin prejuicios, sin personalismos, la unidad para salvar a la República. La unidad para devolverle a este pobre pueblo sus ilusiones democráticas.
La unidad de todos, ricos, pobres, obreros, campesinos, intelectuales e iletrados. La unidad y sólo la unidad es la que puede detener al tirano.
El autor es jurista
Ver en la versión impresa las páginas: 13 A