La amenaza del terrorismo atómico

La Cumbre de Seguridad Nuclear que se realizó esta semana en Washington D.C., Estados Unidos, en la cual se adoptaron compromisos para prevenir que los terroristas puedan adquirir armas atómicas, tiene una gran importancia internacional y, aunque no lo parezca, también para Nicaragua.

Ciertamente, el propósito de esta Cumbre en la cual participaron 47 países y tuvo como anfitrión al Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, era aprobar medidas para impedir que armas atómicas o la tecnología para fabricarlas lleguen a manos de los terroristas, quienes causarían con esos artefactos de destrucción masiva catástrofes apocalípticas.

En la Cumbre de Washington para la seguridad nuclear se adoptaron los compromisos —aunque no vinculantes— de aplicar sanciones a quienes contrabandeen material atómico, reducir la cantidad disponible de uranio altamente enriquecido (que es el que sirve para fabricar armas nucleares), establecer un sistema de control seguro de las armas atómicas en cada país que las posee, reforzar los mecanismos de salvaguarda internacional del material atómico y darle más fondos y fuerza al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), para que pueda rastrear exitosamente el material nuclear contrabandeado.

En resumen, el objetivo principal que se ha perseguido con esta Cumbre, según lo precisó el presidente Obama, es impedir que material nuclear caiga en manos de los terroristas. Es cierto que según aseguran los expertos internacionales, no es fácil producir armas atómicas, inclusive rudimentarias, pues “hacen falta una estructura industrial voluminosa, un mecanismo de detonación complejo y bastante tiempo, y todo eso no se oculta fácilmente”. Pero difícil no significa imposible. Además, los terroristas internacionales son respaldados por los gobiernos de algunos países que ya tienen instalada infraestructura de tecnología atómica, y de hecho están creando su propio armamento nuclear, como es el caso, por ejemplo, de Irán, que no participó en la Cumbre de Seguridad Nuclear de Washington D.C. pero fue el centro de su preocupación y debates.

Los mismos expertos advierten que los terroristas internacionales tienen dinero suficiente para comprar a científicos corruptos, los cuales podrían montar instalaciones artesanales de producción de armas nucleares, pequeñas pero de suficiente poder para causar gran mortandad y destrucción material. Adicionalmente, por su gran poder económico los terroristas podrían adquirir algunos artefactos nucleares que pudieran ser escamoteados de entre las más de 20 mil ojivas que hay en los arsenales atómicos.

Sin duda que si Al Qaeda pudiera obtener o producir alguna arma atómica, no vacilaría en hacerla estallar en un gran centro de concentración humana en Estados Unidos, como por ejemplo un estadio de beisbol repleto de aficionados o un congestionado parque temático de Disney. Y si no pueden hacerlo en Estados Unidos, los terroristas explotarían un artefacto atómico, si lo tuvieran, en cualquier gran ciudad occidental u oriental como Londres, París, Madrid, Moscú, Tokio, Nueva Delhi o Islamabad. Como dijo el presidente Obama: “Irónicamente el riesgo de una confrontación nuclear ha bajado, pero el peligro de un ataque nuclear ha aumentado”, debido a que en decenas de países existe material atómico que podría ser vendido o robado. Advirtió el primer mandatario estadounidense que “hasta la más pequeña cantidad de plutonio, del tamaño de una manzana, podría matar y lesionar a cientos de miles de inocentes”. Y agregó que Al Qaeda busca activamente tener armas nucleares, que “si las consiguen las van a usar” y “si lo hacen sería una catástrofe para el mundo, causando una extraordinaria pérdida de vidas y dándoles un gran golpe a la paz y estabilidad globales”.

Pero, ¿qué tiene que ver todo eso con Nicaragua? Pues tiene una relación muy importante, porque el gobierno de Daniel Ortega se ha asociado estrechamente con el de Irán, que es acusado de promover el terrorismo internacional y trabaja aceleradamente en la producción del arma atómica. El Gobierno de Irán amenaza a Israel con borrarlo de la faz de la tierra, y con destruir o poner de rodillas a Estados Unidos y al mundo occidental en general. Mientras tanto, Daniel Ortega corea el discurso agresivo de los belicosos gobernantes iraníes y disuelve la unidad de la Policía que, con apoyo de Estados Unidos, se había especializado en la lucha contra el crimen organizado, que incluye al terrorismo internacional.

Por elemental sensatez el presidente Ortega no debería involucrar a Nicaragua en esos conflictos mundiales. Esto sólo consecuencias desastrosas puede traer al país y a su propio Gobierno, como ya ocurrió en los fatídicos y sangrientos años ochenta.

Editorial Opinión Obama seguridad nuclear archivo
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