Los padres deben dedicar tiempo para jugar y compartir con sus hijos. Modelos: Reneé Fabiola Dávila y su pequeña Renata. LA PRENSA/ARCHIVO

Siembre conducta positiva

Son pequeños y apenas cursan sus primeros años en la escuela, pero expresan muy bien las malas palabras, saben cuando utilizarlas y si no les basta, patean, muerden, halan el cabello, sacan la lengua y hasta los puños. No respetan ni a sus padres, ni a sus maestros. Esta conducta violenta va en ascenso en la niñez, convirtiéndolos en toda una pesadilla.

Son pequeños y apenas cursan sus primeros años en la escuela, pero expresan muy bien las malas palabras, saben cuando utilizarlas y si no les basta, patean, muerden, halan el cabello, sacan la lengua y hasta los puños. No respetan ni a sus padres, ni a sus maestros. Esta conducta violenta va en ascenso en la niñez, convirtiéndolos en toda una pesadilla.

“Este es un fenómeno que va en ascenso y lo noto en la consulta diaria. Es producto multifactorial, ente ellos nuestra carga histórico- cultural, pérdida de valores y una educación permisiva” explica la sicóloga familiar Mariana Aburto.

Para la experta, los niños no nacieron mal educados, ni violentos sino que poco a poco fueron aprendiendo esa conducta. “Los niños son una esponja que absorbe todo. Los seres humanos somos como somos, porque vivimos un proceso que se denomina, proceso de socialización, en este proceso vamos interiorizando la cultura de nuestra nación y de nuestras casas”.

Los esterotipos

“Por un lado hay una cultura de violencia en los nicaragüenses. Hay mucha carga histórica y no nos ayudan mucho algunos estereotipos que se refuerzan por todas partes. Por ejemplo cuando se dice que `el nicaragüense es arrecho y aquí nadie se deja de nadie´ y `el que me busca me encuentra` y ´el que se deja es un pendejo´, son mandatos, mensajes que transmiten violencia”.

Según la sicóloga, los nicaragüenses carecen de una cultura del diálogo, de ponerse de acuerdo o de resolver el conflicto.

Agrega que “Me impacta cuando escucho decir que ´los nicaragüenses no nos dejamos de nadie`, o ´no tenemos pelos en la lengua´. Esas frases les llegan a los niños y poco a poco van moldeando y con eso no construimos un modelo sano en nuestros hijos”.

Agresión por doquier

Desgraciadamente hay violencia y agresión por todos lados, en la familia, en la escuela, en la comunidad y en el país en general.

“Hay violencia cuando la maestra no atiende las necesidades de los alumnos o cuando los ridiculiza o cuando no pone el orden en su aula”, comenta Aburto.

Para la sicóloga, este problema de violencia infantil en ascenso se ha convertido en un problema de salud pública que nos afecta a todos.

“El niño empieza a expresarse con el mismo lenguaje de sus modelos. Si en su casa uno de sus modelos grita, el niño también gritará, porque el niño no discrimina nada, simplemente absorbe todo”, comenta.

Si las figuras referentes en una casa son mal hablados los niños también lo serán, y aunque no puedan hablar bien, saben cuándo utilizar ese tipo de vocabulario. “A esa altura el niño que puede tener 3 años sabe que las malas palabras son ofensa y que captan estados de ánimo”.

Explica que cuando los menores son maltratados en sus casas no pueden regresar ese maltrato al adulto (sus padres) y lo que hacen es desplazar esa conducta a la escuela o si en la casa hay un perro o un gato lo empiezan a patear o halar la cola. El niño va desplazando esa carga negativa que le mueve emociones”.

Muñecos terroristas

Cuando en un hogar los padres no son violentos y el niño está violento, los adultos deben poner mucha atención a los programas de televisión que los niños están viendo.

“Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad porque hay toda una industria de programas infantiles totalmente violentos, agresivos, vulgares e irrespetuosos que inciden en el comportamiento de los niños”, señala la sicóloga.

Los padres tienen que ver que tipo de programa ve su hijo. “Es algo terrible que los niños capten toda esa violencia en sus propias casas, disfrazada de diversión, mientras sus padres trabajan”.

Añade que “Por eso vemos muchos niños que hablan como los muñecos, usan el mismo lenguaje, gesticulan igual y hasta se visten igual. Muchos de estos dibujos animados hasta luchan contra los adultos a los que ven como sus enemigos”.

La sicóloga recomienda que “los dueños de medios deben ser más serios y comprometidos y dejar de envenenar a la niñez con programas de caricaturas violentos. Nuestra niñez ve programas espantosísimos y hasta terroríficos”.

Los preadolescente también tienen sus segmentos con novelas donde las niñas viven tramas e intrigas de los adultos. “Vemos las niñas de 7 u 8 años que tienen novio y la otra se lo está quitando, Y eso es violencia. Prácticamente tenemos el círculo cerrado”.

En todos los niveles

A criterio de la sicóloga, la violencia se vive a todo color en todos los niveles sociales. “Lo que sucede es que solo los sectores bajos son los que van a la Policía y figuran en la televisión y las notas rojas”.

Esta problemática ha aumentado a tal grado que la violencia contra las mujeres ha pasado del golpe a la muerte. “Es como que cada quien tiene un pedacito de violencia y lo va soltando en los lugares donde estén, en el colegio, en la comunidad, en el trabajo y por donde vamos”.

Lo que tenemos que hacer es trabajar porque en las casas no haya violencia y de esa manera influenciar en la escuela, la comunidad y en todo el país.

EL PROBLEMA

Mariana Aburto , sicóloga familiar señala que los conflictos siempre eisten, pero no son realmente el problema.

“El problema es cómo se resuelve el conflicto. Y nosotros no hemos aprendido a resolverlos. El conflicto llega para que las personas cambien, pero desgraciadamente en nuestro hogares ya existen patrones de conflictos de familias que van de generación en generación y hasta de conflicto de nación y todo eso refuerza un sentimiento y un espíritu violento y se configura todo un modelo de nación”.

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