La triste noticia destacada últimamente ha sido que algunos sacerdotes abusaron de menores. Un escándalo mayúsculo, grave y vergonzoso que reconocemos; pero personas que tienen aversión a la Iglesia lo están usando de pretexto para atacarla.
El Señor durante más de dos mil años ha llamado a miles de hombres para ser sacerdotes y algunos lo traicionaron. Igual como escogió doce apóstoles y uno fue traidor. ¡Duele! ¡Repugna! ¡Es condenable! Algunos elegidos de Jesús lo traicionan y en nuestra historia siempre ha habido malos sacerdotes, malos obispos y malos papas. Pero si hubo un Judas hubo también once apóstoles santos. Si ha habido malos ministros ordenados que traicionaron a Cristo, también ha habido papas, obispos y sacerdotes santos, ¡la mayoría! Los primeros cristianos en vez de centrarse en aquel que traicionó a Jesús, se centraron en los otros once, gracias a cuya predicación, milagros y amor por Cristo, nosotros estamos aquí hoy. No se juzga algo por los pocos que no lo viven, sino por los muchos que sí lo viven.
El escándalo, desafortunadamente, no es algo nuevo para la Iglesia. Hubo muchas épocas en nuestra historia cuando estuvimos peor que ahora. Cuando la Iglesia llegó a su punto más bajo, Dios elevó a tremendos santos como Francisco de Sales y Francisco de Asís, que llevaron a la Iglesia de regreso a su verdadera misión. Como si en aquellos momentos de oscuridad, la Luz de Cristo brillara más intensamente.
Los sacerdotes son elegidos por Dios de entre los hombres y son tentados y caen en pecado como cualquier ser humano. Pero Dios lo sabía desde el principio. Dios ha hecho los sacramentos “a prueba de los pecados de los sacerdotes”, pues su valor no depende de su santidad personal. Quien actúa en cada sacramento es Cristo mismo, y es a Él a quién seguimos y servimos.
Napoleón le dijo una vez al cardenal Consalvi: “Voy a destruir su Iglesia”. El cardenal le contestó: “No, no podrá”. Napoleón dijo otra vez: “¡Voy a destruir su Iglesia!”. El cardenal dijo confiado: “No, no podrá”. “¡Ni siquiera nosotros hemos podido hacerlo!”. Así es, porque la Iglesia es humana pero también divina y Jesucristo dijo: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella”. (Mt. 16:18) “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mt. 28.20)
La Iglesia condena a los sacerdotes pederastas y a los que cometen otras faltas. También ha reconocido haber fallado con mucha tolerancia y poca mano dura, y está tomando buenas e importantes decisiones sobre eso. Una vez más, con humildad la Iglesia ha reconocido sus fallas. Pero es justo aclarar que algunos medios se enfocan en los Judas y no en los otros once apóstoles. Se ha exagerado como si la pederastia fuera algo que sólo se diera en la Iglesia o como si se diera más en la Iglesia que en otros ambientes, ¡lo cual es falso! Hay más de 400,000 sacerdotes católicos en el mundo, la gran mayoría excelentes ministros de la Iglesia y muchos de ellos santos. No es justo señalarlos a todos por los pecados de unos pocos. Somos más de 1.000.000.000 (mil millones) de católicos, la inmensa mayoría laicos que integramos el grueso de la Iglesia, dispuestos a dar testimonio sobre los miles de buenos sacerdotes, nuestros servidores abnegados de este Pueblo de Dios al que pertenecemos.
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