Para Dios no hay nada imposible, su poder misericordioso es infinito. Él con la vida da la subsistencia a todas sus creaturas y ejerce control absoluto en todo lo que existe. Cuando suceden acontecimientos como el terremoto de Haití, a los que no ha llamado a su juicio, prodiga ayuda y bendiciones para su restauración. Así con su ayuda y la dolorosa experiencia adquirida, aplicándose los principios cristianos, sintetizados en el amor, al lograr restaurarse, en poco tiempo se mejora su vital existencia.
Como en ese pequeño y pobre país, Latinoamérica sufrió después otro contundente golpe de la naturaleza. Éste ha sido en el en todo concepto desarrollado país de Chile, que aun habiendo sido el tremendo sismo, según dicen fue cincuenta veces mayor que el de Haití, debido a la consistencia de sus construcciones, las víctimas humanas fueron menos de un millar. Aunque el daño en la infraestructura vial fue cuantioso, destruyendo además de ciertos edificios, gran número de puentes y carreteras.
Pareciera que Dios, como sublime hortelano va levantando la vital cosecha, guardando el fruto bueno al lugar eternamente incorruptible y desecha la maleza. Así, limpia el terreno para nuevas siembras, continuando a diario, por el magisterio eclesial, el abono de su amor, con la salvación ofrecida por Jesucristo nuestro Redentor, para mejorar la vital existencia de la nueva cosecha humana en todos los campos y a su tiempo, llevarla al eterno y glorioso lugar preparado por el Supremo Creador a los que ameritan las bienaventuranzas
Desde el principio y a través de los siglos, por circunstancias distintas ha desaparecido una generación tras otra y civilización tras civilización, dejando secuelas y cambios unos para bien y otros para mal; y aunque a veces no se le da importancia, permanece una latente amenaza de fatídicos imprevistos, por razones distintas. La Biblia habla del Diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra. Así a través del tiempo muchos desastres, como las visibles ruinas de Pompeya obra del Vesubio, siempre amenazante, como el Concepción en la Isla Ometepe.
Aquí, las ruinas de León de Imabite, o León Viejo, destruido hace más 400 años por un terremoto, también los terremotos que en 1931 y 1972 destruyeron Managua, ya dos veces reconstruida. Se dice sí, que sobre peligrosas fallas, por lo que sigue siendo amenazada. Pero, tales amenazas están, como todo, en manos de la misericordia divina, por lo que vale la pena tener una fluida relación con Él. Manteniéndola como Él quiere, las angustias desaparecen y puede vivirse a plenitud. Iniciémoslo esta Semana Santa. Dice la palabra de Dios: Haga la prueba y verá. [email protected]
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