¿Cuánto es y cómo se gasta el presupuesto de la Asamblea Nacional, llamada el primer poder del Estado? Es esta una buena adivinanza, un secreto muy bien guardado por los que se benefician de las prebendas del Estado-botín.
Por lo poco que se sabe —y parece que no avergüenza a nadie— es que cada diputado recibe: 3,500 dólares de sueldo (un maestro gana 20 veces menos), 440,000 córdobas anuales para becas (extraña obligación de un diputado, repartir becas), 200 galones de gasolina cada mes (ya quisieran los taxistas del país disponer de la mitad de eso para su trabajo y, además gratis).
A estos gastos habría que sumarle otros que no son dados a conocer, pero están en el presupuesto, tales como viajes al exterior con jugosos viáticos, seguro de vida pagados en dólares, automóviles de lujo libre de impuestos, dispensas aduaneras, comidas pantegruélicas rociadas con finos licores todo pagado por el presupuesto.
Siguen las adivinanzas. ¿Cuánto ganan los suplentes por no hacer nada? ¿Cuánto es el sueldo de los asesores, asistentes y empleados menores de los diputados? Nada de esto se conoce fuera del recinto parlamentario. Solamente hay sospechas que las pitanzas y granjerías de que disfrutan los felices padres de la patria es una suma nada despreciable.
Siguen las adivinanzas: ¿Quiénes escogen, para ser elegidos, a los candidatos a diputados y suplentes y asesores y especialistas y ?
Porque elegir no es lo mismo que escoger y si el elector elige pero no escoge ¿para qué elige?
En Nicaragua los ciudadanos nunca han elegido a sus “representantes” en el parlamento. Desde mucho antes que el doctor Pavlov estudiara los “reflejos acondicionados” de los seres vivientes, los políticos de Nicaragua, sin ir a la universidad, ya habían descubierto la forma de acondicionar los reflejos “electoreros” de los votantes nicaragüenses.
El método es muy sencillo: los dueños de los partidos señalan con el dedo a sus diputados —porque son de ellos y no del partido y menos de los electores— y los presentan en una lista de gente desconocida en sus propias comunidades, para que los elijan y los eligen. Este método es mejor que no cambie porque las curules son los premios que los dueños de partido reparten entre sus dóciles y obsecuentes seguidores.
Además de eso, los dueños de partidos nombran diputados a sus hijos, cuñados, suegros, hermanos y miembros de la familia que no tienen ingreso asegurado fuera del gobierno.
Entre los diputados de hoy hay algunos vitalicios, puesto que fueron diputados del somocismo y diputados de la primera dictadura orteguista. Otros ya llevan cuatro períodos (20 años de privilegios) y seguirán allí si no se reforma el sistema de nombramiento “digital”, por elecciones honestas y democráticas.
¿Alguien tiene una idea de lo que les cuesta a los contribuyentes los sueldos, las becas y la gasolina de los 92 diputados en los cinco años que dura el período legislativo?
En cada período legislativo los 92 diputados ganan 19,320.000 dólares (386.400.000 de córdobas); para repartir becas reciben 2,024.000 córdobas; 1,104,000 galones de gasolina, a un precio estimado en 61 córdobas el galón, 67, 344,000 córdobas.
¿Valen tanto dinero las leyes que aprueban cada año los felices padres de la patria? ¿No es posible obtener los mismos resultados reduciendo a la mitad esa suma exorbitante para un pueblo tan pobre como el nicaragüense? ¿Por qué no hacer la prueba? Así habría más dinero para salud, educación y seguridad ciudadana.
Dice el artículo 132 de la Constitución: el poder le ejerce la Asamblea Nacional por delegación del pueblo elegidos por voto universal, igual, directo, libre y secreto Pero resulta que la Constitución dice muchas cosas bonitas que los gobernantes menosprecian y hacen lo que les da la gana. ¿Funciona en realidad, la Asamblea Nacional por delegación y mandato del pueblo? ¿Desde cuándo?
El autor es periodista
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