El 17 de febrero del 2009 el presidente Barack Obama firmaba el paquete de estímulo económico de 787,000 millones de dólares para convertirlo en ley.
Después de un año del estímulo, el desempleo en EE.UU. (25 por ciento del PIB mundial), se ha disparado del 7.7 por ciento a un 9.7 por ciento en un año (febrero 2010). Se proyectan más de 2.5 millones de embargos de viviendas este año, cifra mayor que la del año pasado. El déficit fiscal ha aumentado a un máximo histórico de 1.4 billones de dólares (9.9 por ciento del PIB) y el índice de confianza del consumidor no ha experimentado el aumento requerido aún, para imprimirle el dinamismo necesario a la economía estadounidense.
Europa, que representa también un 25 por ciento del PIB mundial, está experimentando niveles de endeudamiento mayores a su PIB y déficits fiscales y desempleo de dos dígitos.
Japón, que representa el 8 por ciento del PIB mundial, disminuyó 5.3 por ciento su PIB en 2009 y crecerá, según el FMI, un escuálido 1.7 por ciento este año.
China Continental (que representa el 8 por ciento del PIB mundial) ha adoptado una política monetaria contractiva este año, con el objetivo de contrarrestar una escalada inflacionaria, dada las altas tasas de crecimiento del PIB, experimentadas a partir del IV trimestre del año pasado. Esta contracción monetaria se reflejará en una menor demanda por bienes y servicios de la economía a nivel mundial, lo que unido a la alta tasa de desempleo, endeudamiento y déficit fiscales arriba mencionados, en EE.UU., Europa y Japón, provocan que más del 66 por ciento de la economía mundial presente dificultades para alcanzar el optimista 3.9 por ciento, de crecimiento económico mundial, pronosticado este año, por el FMI.
No hay que olvidar que los pronósticos del PIB mundial para el 2009 fueron revisados en ocho ocasiones por el FMI, desde un optimista 3.8 por ciento en abril del 2008, hasta un realista -0.8 por ciento en enero del 2010. Lo mismo se puede repetir en los siguientes meses del 2010. Lo único seguro ahora es que es insegura la recuperación económica mundial en un futuro cercano.
El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) ya ha puesto en duda los optimistas pronósticos del FMI, señalándonos por ejemplo que Nicaragua crecerá un 1.5 por ciento en promedio, para el 2010 versus el 4 por ciento, que apunta el FMI. Asimismo señala una inflación del 6.5 por ciento versus el 6 por ciento que pronostica el FMI.
Hemos iniciado con buenas noticias económicas el 2010: proyectos de energía renovables, viviendas de interés social, repunte significativo en nuestras exportaciones, acuerdos tripartitos de salarios mínimos, proyecciones alentadoras en Inversión Extranjera Directa (IED); en zonas francas y en turismo, nos señalan un 2010 de crecimiento y no de recesión económica, como en el 2009, siempre y cuando no se creen ruidos “populistas” ante realidades económicas, como es el caso del movimiento de no pago.
Además de este problema de connotaciones nacionales e internacionales, los retos del 2010 que debemos enfrentar los nicaragüenses para “sortear” con similar éxito este año, como en el 2009, los podemos sintetizar en: que se negocie y firme en buenos términos el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea (UE), junto al resto de Centroamérica y Panamá. Que se fortalezca el comercio interregional a nivel centroamericano. Que el clima de negocios no se vea perturbado por el “ruido político” de un año preelectoral presidencial, prevaleciendo la gobernabilidad. Que se cumpla con los requerimientos de una fluida cooperación internacional y que se disponga del necesario financiamiento internacional, tanto de las instituciones financieras internacionales, así como de la Inversión Extranjera Directa (IED)
Que se minimicen los efectos del fenómeno climático de El Niño y que no se siga abusando de posiciones privilegiadas derivadas del poder político, para avasallar al Estado de Derecho y la seguridad jurídica en el ámbito económico, asumiendo los retos como el de la educación, tecnología, innovación y competitividad, que impone la globalización de la “aldea global” del siglo XXI.
El 2010 será el año que nosotros construyamos día a día con nuestros millones de decisiones (y omisiones), a nivel microeconómico y que se reflejan en los resultados macroeconómicos que necesitamos como país para insertarlos en el pragmatismo del siglo XXI liderado por Asia y por países más cercanos al nuestro, como el caso de El Salvador, Chile y Uruguay. La prudencia debe de primar en la coyuntura actual.
El autor es economista, catedrático universitario de Thomas More
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