Franklin Barriga López

Autoritarismo y retraso

Por Franklin Barriga López.- Marta Colomina, graduada en Stanford y La Sorbona, con valentía y lucimiento ejerce su profesión de periodista en tierras venezolanas.

Recientemente, rememoró al legendario Atila y a los lugares donde no crecía la hierba por haber pasado su caballo por allí. Lo relacionó con lo que está sucediendo en la patria de Bolívar, gobernada por Hugo Chávez que ha dilapidado un billón de dólares, cantidad extraordinariamente alta para la economía de cualquier nación.

Basándose en un documento de 18 destacados economistas, titulado Venezuela necesita cambiar de rumbo, recuerda que en esa República digna de mejor suerte existe profunda crisis económica, social y política, caracterizada por recesión económica, alta inflación, baja de la producción petrolera, creciente desempleo y subempleo, colapso de empresas, carencia de luz eléctrica, gas y agua potable, decadencia de los servicios de salud, inseguridad desbordada, corrupción, fraude y asalto a las reservas internacionales.

Se podría añadir: obsesivo ataque a no pocos medios independientes, a muchos de los cuales ha clausurado; deplorables relaciones exteriores, desmedido y peligroso armamentismo, pérdida de soberanía por la injerencia de extranjeros con tendencias totalitarias y polarización de la sociedad, bajo la perversa y retrógrada consigna de la lucha de clases.

Chávez, como bien sugiere la mencionada comunicadora, es un bárbaro contemporáneo que, con su incapacidad, demagogia y camuflado despotismo, está ocasionando grave daño no solamente a Venezuela. Este mal gobierno, ¿será digno de imitación?

Dentro de lo que en lenguaje diplomático se conoce como acción de buena voluntad, el presidente dominicano Leonel Fernández emprendió en una agenda de mediación, a objeto de resolver las diferencias existentes entre Caracas y Bogotá. Pero en vez de agradecer este recomendable gesto del estadista Fernández y en ratificación a la corriente camorrista que caracteriza a Chávez, el régimen caraqueño ha expresado malestar. Es lamentable que a esta corriente anacrónica, que fluctúa entre el hosco populismo y el interminable totalitarismo cubano, rezago del stalinismo que prevaleció en la ex URSS y que llaman socialismo del siglo XXI, sin que nadie, hasta hoy, haya satisfactoriamente definido en qué consiste, se han sumado, sin beneficio de inventario, los regímenes de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Frente a estos vientos de autoritarismo y retraso que soplan en los ámbitos referidos, es preciso recordar que los 30 países más prósperos del planeta son democracias con inviolable alternabilidad de sus gobernantes y en donde la libertad de prensa constituye la atmósfera apropiada para la paz y el progreso.

* El autor es periodista ecuatoriano

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