CORRESPONSAL/JINOTEGA.- El 20 aniversario de la muerte del querido y venerado sacerdote Odorico D’Andrea será conmemorado en San Rafael del Norte, departamento de Jinotega, donde se esperan más de 15 mil peregrinos procedentes de Nicaragua y otros países, incluyendo Italia, la nación natal del recordado religioso.
Hoy domingo está prevista la realización de una misa campal, en un predio acondicionado en la salida hacia Yalí.
Además, se espera la llegada desde Guatemala de una delegación de los superiores en Centroamérica de la Orden San Francisco de Asís, encabezada por fray Damián Moratorio, vicepostulador de la causa de canonización del padre Odorico D’Andrea.
Fray Damián Moratorio intervendrá al final de la misa e informará cómo marcha el proceso de canonización del querido y venerado sacerdote.
EXTENSA LABOR A FAVOR DE LA COMUNIDAD
El padre Odorico llegó a San Rafael del Norte en el año 1954, procedente de su natal Montorio, Téramo, Italia, y se mantuvo como párroco hasta el momento de su muerte, el 22 de marzo de 1990.
- Publicaciones diversas de LA PRENSA hablan de diversos misterios que rodearon la vida y la muerte del querido y venerado sacerdote, Odorico DAndrea.
Luego de la extraña aparición, los familiares optaron por llamar telefónicamente, y fue entonces cuando recibieron la lamentable noticia de su muerte en Nicaragua.
Durante los funerales del padre Odorico se estima que participaron unas diez mil personas procedentes de todo el país.
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En vida el querido fraile repatrió su capital y herencia familiar y las invirtió en casas para la gente pobre en San Rafael del Norte, dispensarios médicos, carreteras, miniacueductos, colectivos de costura de mujeres, proyectos de aprendizaje de oficios y otras obras de progreso.
Asimismo, año con año viajó a su pueblo en Italia, a traer dinero producto de donaciones, para invertirlo en obras de progreso, las que se extendieron con el correr de los años a los vecinos municipios de La Concordia y Yalí.
TESTIMONIOS DE CURACIONES
Ya van 25 testimonios de campesinos que estuvieron enfermos y el padre Odorico los sanó, según indican.
Los testimonios serán acompañados de un dictamen médico que certifique que los campesinos, que ya brindaron su relato de sanación por parte del padre Odorico, fueron pacientes de diversos médicos y que tuvieron determinada enfermedad, declaró el Obispo de Jinotega, monseñor Carlos Enrique Herrera.
Precisamente para que el proceso de canonización avance más rápido, el Obispado de Asís, en Roma, ha designado como encargado de la causa en Jinotega al obispo Herrera, quien confirmó que entre los testimonios recogidos a favor del Siervo Odorico están los de los sacerdotes Domingo Pepe y Douglas Araica Zeledón.
EXHUMACIÓN Y CUERPO INCORRUPTO
En el trabajo y proceso de canonización, los restos del querido y venerado sacerdote Odorico fueron exhumados de la cripta en El Tepeyac, donde se encontraban, el día 17 de octubre del 2008. Posteriormente fueron trasladados a un sarcófago en El Tepeyac, donde yacen.
Al momento de la exhumación, certificada por un antropólogo forense, el cuerpo del padre Odorico se encontraba intacto o incorrupto, tal como había sido enterrado el 24 de marzo de 1990, es decir dos días después de muerto.
“Odorico desde el cielo nos contempla, quiere la paz y quiere que sus anhelos de paz, como aquel 3 de mayo de 1988, ofició misa para los entonces bandos en conflicto, Ejército Popular Sandinista y los Contras o Resistencia Nicaragüense, en La Naranjita, entre Yalí y San Rafael del Norte, pusieran sus fusiles cañón abajo y se dieran la mano y un abrazo de paz”, declaró el Obispo de Jinotega, monseñor Carlos Enrique Herrera.
EL DÍA DE LA MUERTE
El 20 de marzo de 1990, durante el Vía Crucis que se realizaba en el denominado “Tepeyac Nicaragüense” de San Rafael del Norte, el padre Odorico D’Andrea fue víctima de un fuerte malestar, que dos días más tarde, —el 22 de marzo— en horas de la madrugada, desembocó en un ataque cardíaco. Sin embargo, recuperado un poco logra celebrar ese día lo que sería su última Santa Misa.
Obligado por el señor Alfonso Valdez y otros amigos como don René Alfonso Blandón, el padre Odorico por fin aceptó ser llevado por ellos a Matagalpa, no sin antes bendecir a quienes estaban presentes, lanzar un beso a la Iglesia que él construyó y luego decir adiós a todos.
Una vez en Matagalpa, después de visitar al cardiólogo, el sacerdote es llevado al Convento del templo San José, donde es asistido amorosamente por los frailes y hermanos franciscanos. Pocas horas después, a las doce meridiano en punto, la tristeza se apoderó de todos, al fallecer.
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