Sin talento es imposible el éxito, pero el talento solo no te lleva a la cúspide. Es necesario el empuje. Y a Próspero González ese empuje se lo dio “El Brujo” Argelio Córdoba.
Cuando las comparaciones entre Próspero y Nemesio Porras adquirieron un tono hasta cierto punto hostil, fue Argelio el gran defensor de González en los medios. Pero más importante aún, fue quien le dio la oportunidad de jugar todos los días, a pesar del lento inicio de su carrera.
De ningún modo pretendo decir que sin Argelio no habría Próspero. No. Creo que González tuvo siempre un talento especial. Pero fue “El Brujo” quien estuvo ahí y no dudo que su paciencia y confianza contribuyeron en el desarrollo de uno de los mejores bateadores que han desfilado por el beisbol nicaragüense.
González, aunque ha llegado a escribir un sólido historial, tuvo, sin embargo, un lento inicio, y justo en esa fase fue cuando la presencia de Argelio resultó clave. Confió en él, lo puso a jugar y salió en su defensa cuando arreciaba el interés de la prensa por descubrir quién estaba adelante entre él y Nemesio.
Próspero comenzó su carrera en 1982 y después de sus primeras cinco campañas no había logrado un promedio encima de 258 puntos. Es más, en sus primeros 786 turnos sólo había disparado ocho jonrones, es decir, un trancazo cada 98.25 turnos. Pero en 1987 saltó al futuro.
En esa ocasión, González pasó de tres jonrones en el año anterior, a 13. Sus remolques mejoraron de 34 a 56 y se hizo un bateador más fino, al saltar de 31 a 51 bases, con sólo 10 turnos más con relación a la temporada que le antecedía, que es la de 1985-86. Y claro, su average pasó de .258 a .325.
A partir de ese momento, tuvo una racha de seis campañas sobre .300, incluyendo la primera de dos sobre .400 que registró en su carrera. El average de .400 en 1989 le significó su único título de bateo, compartido con Freddy García, del Matagalpa. Y mientras eso pasaba, Córdoba era el timonel.
En ese espacio, Próspero tuvo una hilera de cuatro años con al menos 20 jonrones y 100 hits, antes de pasar al San Fernando, donde también siguió tronando, antes de regresar a Chinandega en 1998, donde siguió agitado con el aluminio.
Así que ahora que Próspero atrae los reflectores, seguramente Argelio también celebra.
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