Gustavo Soto García

El precio de un sueño

Los nicaragüenses vivimos en permanente vigilia, durmiendo por una obligación fisiológica, despojados del alimento del sueño que nos promueve seguir existiendo, penetrados por la narcoactividad en todos los puntos cardinales, e inertes por la indolencia de una clase política pusilánime y anquilosada que prefiere adoptar la pose del avestruz ante la agobiante crisis que todos los días padecemos los ciudadanos, y con una gran carencia de creatividad y coraje de parte de la clase empresarial, que en su mayoría bien recibiría una réplica del muro de los lamentos de Jerusalén, para llorar a diario por el efecto de la crisis mundial y las medidas del gobierno sandinista, mientras tanto inundan muchos los testimonios de tristeza, desánimo, desesperanza y fatalismo, porque Nicaragua continúa sufriendo un cataclismo moral superior a una cadena de terremotos al no ver alternativas de solución en la mejoría de la calidad de vida del 78.0 por ciento de la población total. Pero no todo es fracaso, gris o sepulcral, al menos muchos compatriotas de mi generación, inteligentemente tomaron la sabia decisión de elegir otro país para reconstruir sus vidas, o enviaron a tiempo a sus hijos al exterior en búsqueda del eslabón perdido de la prosperidad en nuestra patria, y como una de tantas experiencias inéditas, para regalarnos un poco de consuelo, traigo el ejemplo de una joven nicaragüense de escasos 17 años, a quien le llamaré Adela por respeto a su identidad verdadera.

Ilegal, sin padres, viviendo en una comunidad cercana a los Ángeles con su hermana menor y mayor, sin estatus migratorio, cansada y atormentada, al no ver claridad en sus aspiraciones y la motivación de estudiar Medicina, tomó el riesgo por el cuello y lo apretujó diciendo: “Me voy a otro estado”, con 60 dólares, la compañía de un amigo y un mensaje espiritual que Dios le dio días antes en medio del torbellino de problemas a su corta edad que le reafirmaba: “Adela no te preocupes, aquí estoy con vos, no te he abandonado”…, con estas palabras de aliento, anónima, comiendo hamburguesas y papas fritas frías, durmiendo pocas horas, sin conocer los peligros que le podían acechar, templada de carácter, con firmeza en sus propósitos, sin familiares o conocidos en el lugar de destino, con un título de bachiller bajo el brazo y dominando perfectamente tres idiomas, inició su aventura en un bus comercial hacia Pennsylvania soportando calores excesivos, fríos inclementes, pero fija su mirada en un norte: el sueño de ser un profesional, sin amilanarse por la extenuación recorrió en 5 días 4,500 km, hasta llegar a su meta, retando todas las probabilidades de ser deportada como cualquier emigrante sin documentos y sujeta a requisa cuatro veces por parte de las autoridades migratorias, pasando inadvertida, me imagino protegida por el gran poder de la fuerza que nos sostiene y dio la vida.

Quizás suene cursi este artículo dado que estamos acostumbrados a ser dominados por un 70 por ciento de noticias políticas, 20 por ciento eventos de violencia social, intolerancia democrática y violación de los derechos ciudadanos, el 10 por ciento restante “algunas” irrelevantes acciones económicas que sólo benefician al Gobierno, y ciertos sectores políticos y empresariales acostumbrados al prebendarismo. Pero, ¿no es admirable el tesón, el espíritu de valentía, la temeridad, el arrojo de una adolescente que lleva un salbeque de ilusiones, retando la incertidumbre?, ¿será que esta joven quiere seguir viviendo apostando el todo a cambio de la búsqueda de un sueño sin volver a ver hacia atrás como la mujer de Lot? Yo le asignaría un título: una amazona conquistadora, bendecida aspirando a ser prosperada y en victoria. Cuántas Adelas, hijas o nietas nuestras, quedan en Nicaragua viviendo un falso espejismo de éxito al ingresar a las múltiples universidades que hoy pululan en el amplio “business” de la educación, y que terminan con sus títulos universitarios como estilistas de belleza o promotoras de productos masivos, frustradas, sin respeto propio, o en las palabras de Bill Gates ante un auditorio de estudiantes de secundaria, decía que a nadie le interesaba estimular sus autoestima, dado que el éxito en la vida no es para mediocres sino para triunfadores, entonces: ¿valió la pena la empresa de Adela al ir en búsqueda de su sueño lejos de su Patria o no?

El autor es sociólogo

COMENTARIOS

  1. Flavio Rivera Montealegre
    Hace 17 años

    El Lic. Gustavo Soto García tiene toda la razón. Ejemplos como «Adela» hay muchos, gracias a Dios. Esos jóvenes serán la llama para entusiarmas a todos aquellos que andan perdidos y no tienen un norte en sus vidas. Debo hacer una observación al Lic. Soto: llama «clase política» a una chusma, lumpen social que no tiene otro calificativo que MAFIA. Decir clase política es darle una connotación que no se merecen estos pandilleros mafiosos. Es un gran error que comenten los medios de prensa.

  2. Alex
    Hace 17 años

    Adela podria poner una pagina Web para apoyarla y estoy seguro recibiria mucho apoyo economico y espiritual. Mucha gente desesperada por perdidas de trabajo y en busca de organos humanos para sobrevivir lo hacen mas comunmente.

  3. Doug
    Hace 17 años

    Muy conmovedor y objetivo articulo del Sr. Soto Garcia, por experiencia propia se que es asi como describe el caso de Adela, de aquellos jovenes intrepidos que no se han dejado doblegar por las circunstancias. Lo mejor deseo para «Adela», que Nuestro Padre Eterno la cubra con la luz de su presencia. Por otro lado, muy de acuerdo con Flavio Rivera, no puede llarmarse «clase politica» a los mafiosos que devoran nuestra Nicaragua, que sangra por todos sus costados pidiendo a sus hijos LIBERACION!

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