Iglesia Santo Domingo
Por Johnny Cajina Guillén
El domingo 14 de diciembre de 1969, los sacerdotes de la comunidad Jesuita, daban por concluidas las obras de la Iglesia Santo Domingo, ubicada en el barrio del mismo nombre, uno de los más populosos de la vieja ciudad.
“Una iglesia moderna para un barrio bullanguero”, llevaba por título de la nota publicada por LA PRENSA en su edición número 12,119, que incluía esta fotografía en la que resalta el campanario del nuevo templo, compuesto por cinco columnas de diferentes tamaños, que rematadas por una cruz, sostenían las cuatro campanas.
La edificación salió ilesa del sismo de 1972 y el daño más visible fue precisamente el sufrido por la cruz que remataba la aguja central del campanario, que quedó resquebrajada e inclinada hacia el frente, desafiando la gravedad. Hoy, las campanas cuelgan de cadenas y aunque la torre central fue restaurada, ya no semeja una cruz.
Todo el vecindario y sus referencias desaparecieron en 1972. Al terremoto únicamente sobrevivieron la Iglesia Santo Domingo, el vecino Colegio Loyola y otros escasos edificios.
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La construcción de este templo inició en febrero de 1966, sustituyendo la vetusta iglesia cemento y hierro construida tras el sismo de 1931.
Pese que los trabajos de construcción se prolongaron por tres años y diez meses, los sacerdotes jesuitas nunca interrumpieron los servicios religiosos.
La obra tuvo un costo de 1.5 millones de córdobas de la época y el monto hubiese sido mayor de no ser por las técnicas de trabajo aportadas por el hermano José Belamendia, a quien se le atribuye el diseño del techo ondulado, primero en su clase para un templo en Nicaragua.
Especialmente diseñado para el trópico, el techo es sostenido por doce columnas que representan al mismo número de apóstoles y hace un juego perfecto con las paredes de doce metros de alto, hechas con grilles de cemento o bloques decorativos exagonales, que permiten una gran ventilación, presumía hace 40 años el sacerdote Ignacio Pinedo, otro de los impulsores de la obra.
El domingo 14 de diciembre de 1969, monseñor Julián Barni, administrador apostólico de Managua, recorrió las instalaciones para bendecir cada rincón del sagrado recinto.
El moderno edificio, se divorció del viejo estilo gótico alargado de las iglesias católicas, que alejaba a los fieles del altar mayor, para reunirlos en una sala cuadrada en la que caben 1,500 fieles sentados.
La iglesia conserva su esplendor inicial y en ella es posible apreciar el sagrario de bronce elaborado en España, réplica en miniatura de la Basílica de San Pedro, que está integrada al monumental mural del altar mayor, esculpido en hierro y cemento por el célebre escultor Fernando Saravia, que fue diseñado por el maestro Rodrigo Peñalba.
Durante los primeros diez de agosto, cuando tienen lugar las fiestas patronales de la ciudad capital, este templo es visitado por miles de devotos de Santo Domingo de Guzmán.
