Las dictaduras se sostienen gracias a la complicidad y el silencio de los llamados medios constitucionales democráticos, que en vez de defender al pueblo son pervertidos por los dictadores. En la desaparición de la República, desde la Grecia Antigua hasta la Nicaragua del presente, el papel que han jugado los aparatos de represión en la formación de los regímenes dictatoriales, han sido decisivos, sean estos de derecha o de izquierda. Para que las dictaduras perduren en el tiempo, han necesitado, entre otras cosas, la complicidad de las cúpulas militares que integran las fuerzas armadas (Ejército y Policía), para reprimir al pueblo y defenderse de la ira popular. ¡Sin el apoyo de las armas no son posibles las dictaduras!
En el pasado de nuestra historia, terriblemente marcado por tenebrosos periodos cíclicos de sistemas represores, cruentas guerras y dolorosas noches oscuras, les correspondió a los fenecidos cuerpos castrenses de la Guardia Nacional de Nicaragua y Ejército Popular Sandinista desempeñar ese indigno y aberrante papel de “guardianes centinelas defensores”, de las dictaduras familiares en las cuales desgraciadamente me vi envuelto y por lo que nunca terminaré de pedir perdón a mi pueblo.
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Convertidos nuestros militares y policías en servidores de intereses personales y partidarios, se volvieron en represores y violadores del mandato constitucional que por la soberana voluntad popular la patria les dio origen y vida, con el propósito de que le sirvieran y defendieran. El resto de la historia ya lo conocemos: esos ejércitos familiares-partidarios terminaron sus trágicos destinos deshonrados y traicionando a la nación para después ser pulverizados, consumidos por el descontento popular y depositados en el cesto de la basura. Ese podría ser el destino de las actuales fuerzas armadas de Nicaragua (Ejército y Policía).
Ahora estamos enfrentándonos a otra encrucijada histórica, plantándonos contra una dictadura todavía más cínica, manipuladora y tramposa que las anteriores. Esta, empleando ilegalmente a su medida todos los resortes de la tecnología moderna, instrumentaliza, corrompe y mediatiza la Constitución Política, los Poderes del Estado, los partidos políticos, los recursos económicos del país, las entidades gubernamentales públicas-privadas, los medios de comunicación, la cooperación extranjera y principalmente a las fuerzas armadas, pretendiéndonos engañar diariamente con aberrantes decretazos inconstitucionales aplaudidos por los generales vitalicios del mando militar y policial.
Aunque a muchos nicaragüenses hoy nos da canillera y temamos por nuestras vidas, cada día que pasa, se nos dificulta denunciar, pronunciarnos y combatir contra este sistema totalitario orteguista. Precisamente porque vemos la complicidad creciente de las autoridades civiles y militares aparentes defensores del orden constitucional del pueblo, defendiendo al tirano. Y eso indudablemente le causa desaliento y miedo hasta al más patriota, aquí o en la Cochinchina.
Es tan real el asunto que es suficiente para que nos sintamos inseguros, desprotegidos o a merced de un impredecible dictador de pacotilla. Hasta el más ingenuo de los nicaragüenses, sabe que es falsa la verborrea del orteguismo sobre el “cumplimiento del mandato constitucional”.
Que nunca se nos olvide que de esa truculenta manera surgieron las tristemente célebres “guardianes de la dinastía” y los “militares revolucionarios defensores del totalitarismo” (somocismo y sandinismo). No es cierto, que nadie avizoró que el desempeño indignante de la Guardia Nacional o del Ejército Popular Sandinista, obedeciendo y cumpliendo órdenes expresas partidarias y personales, más temprano que tarde acabarían siendo represores del pueblo. Como tampoco se nos puede ocurrir desconocer y abofetear a la historia negando que nuevamente peligramos y que los guardianes de la dinastía ¡cuidado y ya están de regreso!
Las maniobras del dictador con apoyo del Ejército y la Policía Nacional para permanecer secula seculorum en el poder son evidentes. Si los patriotas no hacemos algo para evitarlo, continuarán las reiteradas violaciones constitucionales, el silencio cómplice de los generales vitalicios y el traspaso de mando populista en plazas públicas, al mejor estilo del Circo Romano. Todo con el afán de llevarnos a la fortificación de la dictadura. Ojo, después no digamos que nadie nos avisó de la presencia de la dictadura y sus cómplices guardianes militares.
Todos los que deseamos que Nicaragua vuelva ser república debemos escuchar lo que nos manda nuestro insigne Rubén Darío: ¡Únanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos! Coronel ® del Ejército de Nicaragua
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