Tomás Borge Martínez, otrora dirigente rebelde, es consecuente consigo mismo: seguirá siendo tan autoritario como siempre. No cambiará jamás.
Al igual que a su compañero de causa e intereses, Daniel Ortega, el único fundador sobreviviente del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) es un enamorado del poder total, sin resquicios de disidencia.
Como cabeza del tenebroso Ministerio del Interior durante la dictadura de los nueve comandantes, ejerció la represión pura y dura, y uno de sus blancos favoritos fueron los medios de comunicación.
Aún recuerdo con cuánta diligencia y ningún miramiento suspendía las transmisiones de las radiodifusoras (las de televisión nunca, pues los dos únicos canales que existían entonces estaban en poder del régimen).
Borge y sus acólitos no desperdiciaban pretexto alguno para censurar ediciones del Diario LA PRENSA e impedirle, en determinados momentos, circular del todo.
Llegaron inclusive a la arrogancia de exigir publicaciones redactadas por los propios censores (a lo cual, con sobrada razón, el periódico rehusó).
Han pasado casi 30 años de esas prácticas, pero el comandante sigue siendo el mismo; continúa como el escudero de Ortega, a quien apadrina en su ejercicio autoritario del poder, que ha ahogado toda posibilidad de renovación en el sandinismo. Los que han osado pedirla terminaron expulsados o, por dignidad, debieron emprender el camino hacia la salida.
El ex ministro quizás tolere veleidades, más nunca el cuestionamiento ni, mucho menos, la rendición de cuentas.
Por eso, su reacción hepática ante las informaciones reveladas por La Nación sobre las irregularidades con placas diplomáticas nicaragüenses y, de paso, el desenmascaramiento del contubernio entre Ortega y Roberto Rivas Reyes, presidente de la “autoridad” electoral del vecino país.
El Borge irascible pone en guardia a sus c
ompatriotas y alerta: esas notas forman parte de una campaña perversa de “un diario enemigo de Nicaragua, que tiene anhelos fervorosos de apoderarse del río San Juan”. ¡La soberanía en riesgo!
El guerrillero de ayer, reconvertido en miembro de la élite política nicaragüense, ahora también delira, una faceta que lo hace aún más siniestro. [email protected]
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