En el día del amor y la amistad, el 14 de febrero de 1988, todos los habitantes de Nicaragua en general los que ya éramos adultos de edades diversas, en tan memorable día recibimos como un “amistoso regalo” del Presidente de la República, que era el mismo que preside el Gobierno actual, por medio de un decreto suyo, de inmediato cumplimiento, de la noche a la mañana, un espectacular cambio en la economía del país: para hacernos millonarios.
Previo a que todos lo fuésemos, el tal decreto, dio tres días de plazo, para cambiar en ese lapso de tiempo la cantidad máxima de diez mil córdobas de la tenencia de cada persona, por los nuevos billetes, que por la desmonetización llegaron a tener un valor desmedido, en cuanto a su devaluación posterior. Lo que en poco tiempo, millonarios que tenían su capital en córdobas, al no cambiarlos empobrecieron, mientras se revaloraban y hacían más billetes.
El nuevo córdoba subió a mil, y su valor siguió subiendo desmesuradamente, creciendo más y más todo el resto de la década, al mismo tiempo, sucesivamente llegaron los lunes negros. Como había excesiva cantidad de billetes devaluados, quien tenía algo que vender subía proporcionalmente su valor. Por la dependencia del dólar para importar o producir, los precios eran exorbitantes, faltando así hasta lo elemental para subsistir. Pero el pueblo era millonario.
Es cierto que para tener tantos billetes hubo que sacrificar de diferentes maneras a gran parte de la población, sobre todo a los llamados oligarcas. La producción y el trabajo colapsaron; y la emigración en cantidad fue millonaria. Luego vino la guerra que dejó innumerables víctimas y lisiados. Todo lo demás, es historia reciente ya bien conocida, siendo que las causas y efectos posteriores de hecho gravemente han incidido en la situación socioeconómica actual.
Últimamente ha habido una campaña gubernamental referente a culpar a los tres gobiernos, considerados neo-liberales, que en los tres períodos sucesivos hasta el año 1990 administraron el país, dándole pie a la democracia y a una sólida economía, a pesar de serios errores, hasta recibirlo Ortega otra vez. Podría ser que él, en parte tenga razón, en lo que a inicios del primer período, en que el pueblo obteniendo más ya no fue millonario, por lo otro, la causa es suya.
O tal vez quizá no lo sea. A lo mejor fue por la falta de educación o ignorancia del pueblo que no se supo apreciar tan generoso regalo. Parece sí, que el día antes del famoso decreto, llamado Operación Berta, guardado con extremo sigilo, lo supo aprovechar un selecto grupo de sabihondos, haciendo fabulosas compras de electrodomésticos y de todo lo que pudieron comprar de lo valioso del comercio, como fastuoso regalo del inolvidable Día del Amor.
Ese sacrosanto sentimiento que Dios a todos da, no debe adulterarse, ni hacerse lo indebido. Cuando menos se piense, al extinguirse la vida, Él, como Supremo Juez, nuestra actitud vital juzgará, en el amor que Cristo vino a enseñar; y con justicia plena, sabrá premiar o castigar. Por lo que mientras se tenga vida, con verdadero amor hay que saberla vivir. [email protected]
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A