¿Por qué contentarse con tan poco?

Mes de inicio, posiblemente para nuestros estudiantes en los diferentes subsistemas. Unos con el entusiasmo de haber cumplido con las exigencias del grado anterior; algunos esperando las notas de las reparaciones del año anterior; otros con el afán - culminado el bachillerato - de matricularse en la universidad.

Mes de inicio, posiblemente para nuestros estudiantes en los diferentes subsistemas. Unos con el entusiasmo de haber cumplido con las exigencias del grado anterior; algunos esperando las notas de las reparaciones del año anterior; otros con el afán – culminado el bachillerato -de matricularse en la universidad.

Tal vez no con la seguridad de que la carrera seleccionada será la que le agrade, bien por la recomendación de mantener la carrera culminada por sus padres, en aras de ser el relevo o darle continuidad a los negocios familiares, o por una decisión propia: “A mí me gusta esa carrera, porque…”

Usualmente cuando asisto a alguna promoción de estudiantes, que culminan satisfactoriamente sus estudios, pocos son los que son reconocidos con distinciones, producto de sus altas notas promedio, lo cual sienta, no un grado de diferencia con relación al resto de los graduados y graduadas, sino un reconocimiento al esfuerzo hecho durante toda la carrera.

La problemática se centra en ¿por qué hay estudiantes conformistas?, es decir que se dan por satisfechos cuando aprueban con las “completas”, o simplemente cuando su promedio cae en la escala de bueno. Es cierto que todos y todas deberíamos trazarnos metas, el pegón está en que no todos lo hacen; suelen vivir la rutina del día, sobre la base de lo que pueda suceder, sin aspiraciones.

Recuerdo en una ocasión, años atrás, donde una asignatura en particular nos costaba horrores comprender, la profesora se esforzaba, sin embargo nosotros como estudiantes, no. ¿Qué hacer? Me acerqué a la profesora solicitándole ayuda colectiva, ella me respondió: “Te puedo ayudar, pero con las condiciones siguientes: 1. Deberás estudiar los siguientes capítulos del libro…, antes de ir a mi casa; 2. El domingo en casa, temprano, tengo muchas cosas que hacer, pero ahí veremos cómo distribuirnos el tiempo y 3. Posteriormente te reunirás con tus compañeros y le explicarás los ejercicios”.

“¡Socorro!”, pensé: 1. Tratar de “digerir” los capítulos del libro indicados por la profesora, de forma autodidacta; 2. Darme la responsabilidad de explicarle a mis compañeros, cuando realmente estaba “frito” en ese momento y 3. Llegar a la casa de la profesora, su “santuario”.

Estuve temprano ese día como me lo había indicado, por supuesto las dudas todavía eran miles, pero ni modo era la única opción, no había otra: O sacar la asignatura “contra viento y marea” o perecer en el “combate”. Me indicó que fuese a la pizarra, ubicada en la sala, toma la tiza y soluciona el problema siguiente… Yo parecía tonto, no sabía qué hacer y ella con paciencia, mucha, me fue indicando de una forma casi mágica, el porqué de las cosas, la aplicación de los conceptos mismos.

El tiempo fluyó sin darme cuenta. Esa misma tarde, contento y agradecido con la profesora, por supuesto, quedaba una condición, explicarle a mis compañeros esa misma tarde, la cual fue cumplida. Llegó el día del examen, recuerdo que fue la mejor nota de mi vida, sumando a lo anterior, el agradecimiento del colectivo, pero lo mejor fue la lección aprendida:

Basta que nos propongamos algo, con esfuerzo, con sacrificio, con ayuda de otros, para alcanzarlo. Nuestro planeta está hecho para los más avezados.

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COMENTARIOS

  1. Luis Fonseca
    Hace 17 años

    Esto parace una biografia para fachentear

  2. lidia
    Hace 17 años

    si consideras que fachentear es esforzarse, pues si lo es. A mi me parece un buen ejemplo a seguir.

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