Este 2010 será el año en que más aumente la deuda pública de Nicaragua en la última década. Cifras oficiales del Ministerio de Hacienda estiman que crezca a 3,024.08 millones de dólares (entre deuda interna y externa), muy por encima de los 2,500 millones de dólares que fue lo que recibió cuando Daniel Ortega asumió el gobierno en el 2007.
“Una tendencia peligrosa”, considera Francisco Aguirre Sacasa, miembro de la Comisión Económica de la Asamblea Nacional, al señalar que “si no se revierte va a convertirse en una bomba de tiempo” para el país.
Señala que “todavía no está a niveles alarmantes, pero viene creciendo, y no sólo se trata de los 520 millones de dólares que aumentó, sino el endeudamiento interno que asume se da en condiciones nada favorales”. El Ministerio de Hacienda y el Banco Central para cubrir parte del déficit presupuestario, que ronda por los mil millones de dólares, emiten bonos y títulos valores a corto plazo (tres años) y altos intereses (10 por ciento). El riesgo de estas condiciones que apunta Aguirre es que cuando toque pagarlos no habría de dónde porque las recaudaciones fiscales no son suficientes, no hay donaciones, y el presupuesto no ajusta.
Reconoce que el manejo del Gabinete Económico “al mantener en orden la economía oficial ha sido bueno, pero eso no es igual a prosperidad de la misma”.
Para Francisco Aguirre el endeudamiento actual sigue el camino del primer gobierno sandinista. En los ochenta, Nicaragua llegó a una deuda de 12.5 mil millones de dólares, “era el endeudamiento per cápita más elevado del mundo”.
Condiciones que dejaron de recibirse debido al retroceso en la gobernabilidad. “Para este año se espera tal vez 450 millones de dólares, 100 millones menos. Y lo más grave es que las donaciones líquidas, es decir que no teníamos que repagar, ésas son cero”, sostiene Aguirre Sacasa.
Esto presiona la economía, dice, porque los recursos recibidos a pagar son con tasas de interés comerciales.
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