Qué dicha la de los líderes
que sus masas no piensen.
Adolfo Hitler
Un escrito recibido en mi e-mail ha servido de base para este artículo. ¿Por qué algunos odian a los Estados Unidos?
Ganaron la guerra a los nazis y “no se quedaron” en o con ningún país europeo. Ganaron la guerra a los japoneses y “no se quedaron” en o con Japón. 3) Recuperaron Corea hasta el paralelo treinta y ocho y “no se quedaron” en o con Corea. ¿Y entonces?
Resulta fastidioso que la distracción de la humanidad sea hablar mal de ellos. No solo los chavistas comunistoides de América Latina, sino en general todo el mundo; hasta muchos latinos que viven en Norteamérica, no encuentran nada bueno qué decir, pero ahí siguen, pegados como garrapatas y no regresan a sus países de origen. Aquí tres ejemplos de respuestas ejemplares a dichos comentarios.
Durante una conferencia, el Arzobispo de Canterbury preguntó a Colin Powell si los planes de Bush hacia Irak no eran más que construcción de “el imperio”, éste le respondió: “En el transcurso de los años, hemos enviado a muchos de nuestros mejores jóvenes, hombres y mujeres hacia el peligro, para luchar por la libertad. Las únicas tierras que hemos pedido a cambio han sido apenas las necesarias para sepultar a aquellos que no regresaron”. Silencio total…
[/doap_box]
Durante una conferencia en Francia, donde había ingenieros de diversas nacionalidades, en el receso, un ingeniero francés dijo: “¿Han escuchado la última estupidez de Bush? Envió un portaaviones a Indonesia para ayudar a las víctimas del tsunami. ¿Pretende bombardearlos?”, entonces un ingeniero de Boeing se levantó y respondió: “Nuestros portaaviones tienen tres hospitales a bordo, pueden tratar a varios cientos de personas. Son nucleares, y pueden suministrar electricidad de emergencia a tierra, tienen tres comedores donde pueden preparar comidas para tres mil personas tres veces al día, pueden producir diariamente miles de galones de agua potable a partir de agua de mar, y tienen media docena de helicópteros para transportar víctimas desde y hacia el buque. Nosotros tenemos once barcos iguales. ¿Cuántos buques así ha mandado Francia?”. Silencio sepulcral.
Un almirante de la Armada Norteamericana estaba en una conferencia que incluía americanos, canadienses, ingleses, australianos, y franceses. Durante un cóctel se encontró con un grupo de todos esos países conversando en inglés, de repente, un almirante francés comentó que, si bien los europeos aprenden muchos idiomas, los americanos se bastan con el inglés. Entonces preguntó: “¿Por qué tenemos que hablar inglés en estas conferencias? ¿Por qué no se habla francés?”.El americano, sin dudarlo, respondió: “Tal vez porque los británicos, canadienses, australianos y americanos nos las ingeniamos para que ustedes no tuvieran que hablar alemán por el resto de sus vidas”. Otro silencio sepulcral.
¿Saben cual es el secreto de los americanos? Sencillo, hace más de 150 años aprendieron algo que en Latinoamérica pareciera que no hemos ni queremos aprender: diez simples premisas…el Decálogo de Abraham Lincoln:
1) Usted no puede crear prosperidad desalentando la iniciativa propia. 2) No puede fortalecer al débil, debilitando al fuerte. 3) No puede ayudar a los pequeños, aplastando a los grandes. 4) No puede ayudar al pobre, destruyendo al rico. 5) No puede elevar al asalariado, presionando a quien paga el salario. 6) No puede resolver sus problemas mientras gaste más de lo que gana. 7) No puede promover la fraternidad de la humanidad, admitiendo e incitando el odio de clases. 8) No puede garantizar una adecuada seguridad con dinero prestado. 9) No puede formar el carácter y el valor del hombre quitándole su independencia e iniciativa. 10) No puede ayudar a los hombres haciendo permanentemente por ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí mismos.
A esto agreguemos otra lección del viejo Abe:
“Un político puede engañar a pocos todo el tiempo, y puede engañar a todos por algún tiempo. Pero lo que no podrá lograr nunca es engañar a todos todo el tiempo”. Y otra joya del “viejo zorro” Winston Churchill:
“El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo de la ignorancia, y el evangelio de la envidia, su virtud inherente es la distribución equitativa de la miseria”.
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A