Esperanza
“Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”.
Khalil Gibran (1883-1931); ensayista, novelista y poeta libanés
Reconstrucción de Haití
El martes 12 de enero fue un día negro en la historia de nuestro continente. Haití, el
país más excluido y empobrecido del vecindario, fue sacudido por un terremoto de 7.3 grados en la escala de Richter con efectos estimados que superan los 100,000 muertos y más del 30 por ciento de su población damnificada. Según la ONU, la catástrofe más fuerte y compleja que le ha tocado enfrentar.
El desastre en Haití es de magnitudes inimaginables: las condiciones en las que ya vivían miles de las familias que hemos visto en las imágenes que inundan los noticiarios son inhumanas. Lo eran desde antes. Hoy día el dolor, el miedo y la desesperanza que se han instalado en las calles de Puerto Príncipe superan cualquier idea que uno pueda hacerse a la distancia.
Un Techo para mi País tenía entre sus objetivos para este año las primeras avanzadas formales a Haití con la idea de empezar, hacia el final del año, su implementación. El terremoto adelantó nuestros planes, pero lo hacemos convencidos de que tenemos la posibilidad —y por lo tanto la responsabilidad— de generar acciones inmediatas que signifiquen una ayuda frente a este desastre. Las generaciones de jóvenes de los 15 países donde tenemos presencia hemos definido el espíritu de nuestra institución, que se caracteriza por la fuerza, la energía, la voluntad y la disposición para reconocer la dignidad de miles de familias que viven permanentemente en una emergencia que no es aceptable prolongar. Esperamos que la lamentable situación a la que hoy nos enfrentamos sea un remezón para que todo el mundo trabaje por una solución definitiva para Haití, que no se conforme con volver a las condiciones que conocíamos antes del terremoto.
Los dos últimos años nuestra organización intervino en cuatro episodios de desastres naturales, en cuatro países distintos. En cada uno de ellos aprendimos que luego de que la catástrofe deja de ser noticia, es muy difícil pasar de una cooperación de primera necesidad a una verdadera reconstrucción de la zona afectada. Es por eso que hemos diseñado un plan de acción que considera una intervención de emergencia, lista para ponerse en marcha apenas se supere la crisis sanitaria y de seguridad, y una intervención permanente que considera la apertura de una oficina de nuestra institución en territorio haitiano. Nuestra misión es apoyar a Haití mediante la construcción de ciudadelas de viviendas de emergencia que consideren instalaciones sanitarias y de acceso a agua, entregando una solución concreta a las familias damnificadas y que represente una nueva motivación para seguir adelante. Estas ciudadelas se convertirán en el primer paso hacia una comunidad sustentable, con el involucramiento profundo de los jóvenes haitianos en la reconstrucción de su propio país.
El 2010 acaba de comenzar con la ilusión de sacar a relucir lo mejor de nuestra historia y nuestra gente. Nos hemos convencido de que podemos lograr el desarrollo de nuestros países y terminar así con la expresión más visible de la exclusión que nos ha dañado por tanto tiempo: sus asentamientos. Pero esos sueños no se justifican ni se comprenden si no somos capaces de padecer ni de involucrarnos con el lugar de nuestro continente donde la naturaleza ha hecho más profunda las heridas de la pobreza.
Por medio de estas líneas reitero el llamado a apoyarnos en la reconstrucción de Haití a través de nuestra web, www.untechoparamipais.org, y hacerse parte de este esfuerzo que está movilizando a los jóvenes de todo el continente.
Claudio Castro Salas
Director Social Un Techo para mi País
Y tú, ¿a qué te resistes?
A la imposición, a la ley del más fuerte, a la simulación, a todo lo que afecta a la
libertad e independencia de los ciudadanos. Me resisto a ser espectador, dócil, resignado. Lucho por una cultura de paz, basada en la justicia, la igualdad y la observancia de los derechos humanos. Y en esta “resistencia” contamos desde hace poco con unas herramientas formidables, capaces de un efecto multiplicador extraordinario: el Internet y los teléfonos móviles (SMS).
Millones y millones de personas podrán ahora expresar su opinión, podrán “manifestarse” sin que sea necesaria su presencia… El tiempo de la resignación y de los abusos de poder, de las promesas incumplidas, de la arbitrariedad, está acabándose. El siglo XXI puede ser, por fin, el siglo de la gente.
Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz y ex Director General de la Unesco
Caso Cruz Porras
Quiero referirme a la nota periodística publicada el martes pasado en este Diario titulada “Querellan a Arturo Cruz Porras”.
Conocí a Arturo a principios del año 1940 y su familia contiguo a la casa Dreyfus y la mía enfrente, al lado del doctor Vicente Navas. Nuestras familias vecinas y amigas. Años más tarde, en los años sesenta, viviendo en Tegucigalpa Arturo trabajaba para el BCIE y Bobby Courtney (q.e.p.d.) —mi esposo— para TACA. Allí nos reencontramos y conocí a Consuelo. Desde ese momento nos ha unido una gran amistad.
Debo señalar algunos errores que cita el señor Fernando Sequeira Ximénez, el primero es de apreciación: se refiere a mi persona en forma indefinida Necesito aclararle que soy una ciudadana de la tercera edad, con nombres y apellidos y reclamo el derecho de ser llamada por ellos. En los años 40, donde Gabry Rivas (q.e.p.d.), director de La Nueva Prensa, se refirió a mi familia como “con su padre ilustre y su abuelo sabio”.
Su segundo error es de historia. Habla de mi estancia en Washington, la cual estuvo plena de dolor, mucho dolor y necesitada de la solidaridad y acompañamiento de mis amistades, que con gran generosidad me lo prodigaron. En esos años Arturo y la Consuelo militaban en la acera de enfrente, pero como el cariño no tiene partido, nuestra amistad se fue profundizando con el correr de esos años.
El tercer error es de visión, él se refiere a deuda de favores. Yo no reconozco ese idioma en el lenguaje universal. El amor sólo con amor se paga, por eso alguien en el pasado se refirió a la amistad como “un destello del amor de Dios” y en eso es lo que creemos los que hemos sido favorecidos por Él con el don de poder vivir como amigos. Lo dijo Martin Luther King: “Los hombres debemos aprender a vivir como hermanos”. Espero haber aclarado al señor Sequeira.
Rafaela Cerda Ramírez
Condenados por negligencia
Es lamentable observar los inesperados acontecimientos que han dañado moral y físicamente al ex-alcaide señor Ramiro Jaenz Castillo y la funcionaria María Emilia Mairena, quienes han sido condenados por una negligencia.
Estas personas, con sus veinticinco años de labor inclaudicable dentro del Sistema Nacional, por sí solos explican su grado de responsabilidad y cumplimiento, siempre preocupados porque el interno se mantenga en actividad, preparándose para un futuro mejor.
Vemos cómo han convertido el centro penitenciario de Chinandega en un gran laboratorio de aprendizaje a nivel nacional con medio en contabilidad, Instituto Técnico alfabetización, primaria, carpintería, artesanía, panadería, dibujo, y otros.
Prueba fehaciente del éxito de los alumnos fue la cantidad de premios que obtuvieron en las olimpiadas a nivel nacional de sistemas que tiene el país, todo impulsado por el entonces alcaide (2009) Ramiro Jaenz Castillo.
Ahora han sido condenados por una negligencia con baja deshonrosa, al dejar pasar una “orden de libertad” de obligatorio cumplimiento con apariencia de ser real y verdadera pero “resultó falsa” y que fue entregada al atardecer del 18 de diciembre cuando avanzaba la penumbra y comenzaban las vacaciones. Fue, dijo alguien, una fuga perfecta.
Dios les dé sabiduría y discernimiento a las autoridades competentes que resolverán este caso, para que no se cometa una injusticia. Es bueno recordar a Monseñor Miguel Ángel Padilla Gómez (q.e.p.d) que decía: “Es preferible perdonar a un culpable que condenar a un inocente”. Como en este caso sería: Ramiro Jaenz Castillo y María Emilia Mairena.
Leonor Moreira de Oviedo
Chinandega
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