Relata una historia que en un pequeño pueblo había un juez a quien muchos criticaban porque impartía justicia atendiendo intereses políticos, económicos y personales. En cierta ocasión conoció un caso en el cual estaba involucrada una de las personas más honestas del pueblo, pero las instrucciones que había recibido el judicial era condenarlo, no importa lo que pasara.
Conociendo la venalidad del juez, la población y los medios de comunicación elevaron su voz de protesta, exigiendo una justicia imparcial, transparente y apegada estrictamente a derecho.
El día del juicio, el juez tuvo que recurrir a una artimaña: llamó al procesado y ante la concurrencia que asistía al juicio con una gran expectación dijo: “No seré yo quien decida si este hombre es culpable o inocente sino que será la mano de Dios”.
Tomó dos papelitos y escribió en cada uno de ellos, los dobló y los colocó en cada en una de sus manos y dijo: “En estos papelitos he escrito la palabra culpable o inocente y que sea la mano de Dios que decida el destino del prisionero”, extendiéndolas ante el procesado.
Éste se acercó, abrió una de ellas, tomó el papelito y antes de abrirlo lo introdujo en su boca y se lo tragó. “Qué has hecho —dijo el juez—, has perdido la oportunidad de saber si eres culpable o inocente”. “No —le contestó el procesado— abra la otra mano”. Y al hacerlo en el papelito estaba escrita la palabra culpable.
El procesado conociendo la corrupción del juez al cual enfrentaba, sabía de antemano que en los dos papeles estaba escrita la palabra culpable, por lo tanto el que se había tragado, se suponía contenía la palabra “inocente” , burlándose de esta forma de las artimañas del juzgador. La concurrencia aclamó al indiciado por la libertad que había logrado y el juez tuvo que renunciar.
La lección que nos deja esta historia es que ante una justicia débil y corrupta, la participación ciudadana y los medios juegan un papel importante y que tarde o temprano la verdad y la justicia deben prevalecer.
La participación ciudadana es vital en el momento en que la Asamblea Nacional se dispone a elegir nuevos Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Magistrados del CSE y otros funcionarios, acción que constituye una prueba más para, la independencia de poderes, la ética, y la justicia.
En un perfil elaborado por el organismo Pro Justicia, sobre cómo deberían ser los nuevos funcionarios se incluyen algunas características, como la imparcialidad política, la subordinación estrictamente al ordenamiento jurídico, la capacidad y eficiencia, la honestidad, el respeto por los demás, la responsabilidad y la lealtad a la justicia, y no deben prevalecer los intereses políticos, sino los establecidos en la Constitución y las leyes. Igualmente deben ser tomadas en cuenta las recomendaciones emanadas de organismos de la sociedad civil, organizaciones de abogados, representantes de las facultades de Derecho y del ámbito académico y científico.
La participación ciudadana para esta elección debe manifestarse no sólo a través de los medios, sino en la calle, en las universidades, en los barrios, en los recintos públicos y privados, en cualquier lugar donde se ejerza el derecho de expresión establecido en el artículo 30 de la Constitución, la Ley de Participación Ciudadana y otras.
El poder de elegir no debe ser privativo de 56 personas con cuyos votos se nombran estos funcionarios, sino el consenso de una población que demanda funcionarios honestos, imparciales, y respetuosos de las leyes. Sólo ejerciendo la presión popular es que se logran hacer los cambios. De lo contrario continuaremos como simples espectadores de cómo poco a poco se va diluyendo nuestra endeble democracia.
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