Otra guerra declara-da: el pobre Hugo Chávez no encuentra paz. A las guerras ya declaradas contra los EE.UU. de Bush, el golf, la Colombia de Uribe y los EE.UU. de Obama, ha sumado en pocos días tres nuevos frentes: el PlayStation, los Supermercados y el Chile de Sebastián Piñera, sin darle tiempo a este último, ni siquiera a asumir.
Sobre los juegos de la consola, Chávez, uno de los mayores compradores de armas de los últimos tiempos y guerrero por vocación, —o de la boca para afuera según se vea—, ha dicho que incitan a la violencia y al armamentismo.
Sobre Piñera, ya el comandante bolivariano había advertido que “no parece recomendable que un empresario tan rico sea presidente de una país”.
Pero los chilenos no le hicieron caso, ante lo cual el Presidente venezolano se apresuró en advertirle al elegido que no se meta con él y que “no pretenda convertir a Chile en una plataforma de ataques a Venezuela”. Otra vez la guerra. Nótese además que en este caso, a diferencia con los anunciados conflictos bélicos con EE.UU. y Colombia, Chávez no habló de invasión, y debe ser porque Chile queda muy lejos y nadie se lo creería.
En honor a la verdad, Piñera se metió con Venezuela; consultado específicamente sobre lo que ocurre en ese país, dijo “que tenía diferencias con la forma cómo se están manejando los temas públicos en Venezuela” y agregó, concretamente, que esas diferencias “tienen que ver con la forma en que se concibe y practica la democracia y con la forma en que se concibe el modelo de desarrollo económico”. Vaya ocurrencia la de Piñera.
La expropiación de los supermercados tienen directamente que ver con el “modelo económico” objetado. Chávez, quien devaluó formalmente un 100 por ciento la moneda, —en el mercado negro ya hacía tiempo que estaba devaluada—, está preocupado por la inflación, la más alta de la región y de buena parte del mundo, que superó largamente el 100 por ciento en los últimos 6 años. Para él la culpa fue de los supermercados —que remarcan los precios— y en consecuencia les declaró la guerra y pasó a expropiarlos.
Es que cualquiera se pone nervioso. A la inflación —en el 2009 fue del 25.1 por ciento— se suma la recesión —caída de la producción y de la inversión—, el aumento de la deuda externa, los problemas con la generación y suministro de energía eléctrica y de agua y la disminución de los ingresos petroleros. Todo a su vez genera caída de la popularidad a nivel interno y aleja las chances de liderazgo internacional y de conseguir los apoyos necesarios para ello a través de compras de barcos, armas, bancos o lo que sea, o de diferentes tipos de “ayudas” —tipo maletas con dólares— o mediante la adquisición de papeles. Kirchner, por ejemplo, ahora ya no le puede vender sus bonos a Venezuela y en la búsqueda de soluciones alternativas se la ha armado un menudo lío interno.
Es de prever, en consecuencia, que en lo internacional Chávez, ahora y por un tiempito, enfoque sus furias guerreras contra Piñera. En lo interno, a raíz de las expropiaciones, la inflación será sustituida por la escasez, y los venezolanos si llegaran a encontrar los productos que necesitan los pagarían mucho menos. Quizás no les cueste tanto, porque ya Chávez les ha recomendado que les conviene bañarse, pero sin agua, y sobre todo, leer más pero eso sí, con la luz apagada.
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