La reiterada insistencia de Arnoldo Ale mán sobre la necesidad de elecciones primarias para elegir al candidato de la oposición ha llamado mi atención, razón por la que he querido compartir mis reflexiones al respecto. Considero que detrás de la aparente hemorragia democrática que padece el máximo líder del PLC, hay toda una estratagema bien planificada, la cual persigue dos propósitos bien definidos. Los que a mi juicio, de conseguirlos, al único que beneficiarían sería al pacto. Cuando el padrino y consejero de Arnoldo, hoy vicepresidente de Ortega, nos advertía que Alemán se había convertido en “El gran tamal de Troya”, en realidad lo que nos estaba tratando de decir era que tuviéramos cuidado con sus intenciones y que no lo aceptáramos sin antes revisarlo de pies a cabeza.
A mi juicio, la naturaleza impulsiva del ex presidente Alemán lo vuelve a traicionar en esta ocasión, ya que mientras toda la oposición está concentrada en limpiar de corruptos los poderes del Estado, él se obsesiona con las primarias anteponiéndolas a cualquier otra cosa. La unidad liberal que supuestamente debería estar estructurada para el próximo 14 de marzo aparentemente ya dejó de ser prioridad para los liberales, lo que obligó a Alemán a enseñar su juego. El que en principio tiene como objetivo que lo admitamos como opositor al régimen de Ortega y que olvidemos su responsabilidad en el “triunfo electoral del FSLN”. Hasta el más lego en política sabe que alguien con el 67 por ciento de opinión negativa, con juicios pendientes en el extranjero, con impedimento de entrar a Europa y Estados Unidos por sus acusaciones de corrupción y además enfermo valetudinario es imposible que pretenda ser el presidente que los demócratas necesitamos.
Pero asumamos por un momento que van las famosas primarias y ante la codicia de hacerse del becerro de oro, se postulan Noel Vidaurre, Jaime Arellano, Antonio Lacayo, Edmundo Jarquín, Venancio Berríos y cualquier otro iluminado que aparezca a última hora. Se imaginan cómo se dividiría el voto democrático, mientras el 12 por ciento del PLC se mantendría monolítico alrededor de su máximo líder, el que con una prestadita de votos por parte de su socio podría fácilmente alzarse con el triunfo. Otro objetivo que Alemán sí ya logró es acallar las pretensiones de cualquier aspirante de su partido, ya que sólo a un loco se le ocurriría disputarle la presidencia al líder máximo en su patio. Las recientes declaraciones del diputado Francisco Aguirre Sacasa nos descubrieron la segunda parte del plan de las primarias, cuando éste dijo que sin primarias no hay unidad, lo que en realidad podría ser lo que busca Arnoldo. En consecuencia volveríamos a tener como mínimo tres partidos en la contienda, el FSLN, el PLC y el que represente a las fuerzas democráticas.
Esta eventualidad haría que una buena cantidad de supuestos opositores se rasguen sus vestiduras, advirtiéndonos de los peligros de la división. A éstos y a usted amigo lector les pregunto. Ante una inevitable elección entre Alemán, Ortega y Montealegre, ¿por quién votaría usted? Yo también. Por lo tanto no caigamos en la trampa de anteponer las “primarias” a las verdaderas tareas a que estamos enfrentados. No nos desenfoquemos de la necesidad de limpiar de corruptos el CSE, la CGR, la CSJ y de elegir un buen procurador de derechos humanos. Cuando lo hayamos logrado, ocupémonos de los sueños de opio del ahijado del padrino.
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