A pesar de la vigorosa reacción del Oriental en el cuarto juego de la Final, este conjunto sigue tomado por el cuello y sin margen para el error. León, en cambio, aún tiene cierta tranquilidad al respirar, pero si no remata ahora, probablemente ya no pueda hacerlo más en lo que resta de esta serie.
La forma violenta como despertó la tropa sultaneca el miércoles demuestra que aún no estaba destruida a pesar de nuestras sospechas y que en lugar de ir a poner la cabeza, decidió ofrecer batalla y se fue de frente pese al sufrimiento y la humillación que estaba padeciendo.
Eso tiene un gran significado, porque indica que el temor no los había reducido y que la presión no los había estrangulado, sin embargo, quizá esa saludable recuperación no haya sido suficiente como para atemorizar a los Leones y creer que se les va a meter el mono. Ese equipo pelea y aún tiene la ventaja.
Para el duelo de hoy, Granada dispondrá de un mejor lanzador que León. Va Diego Sandino contra Romualdo Caballero. Ambos son buenos, pero Sandino está adelante por antecedentes y calidad en general. Son dos lanzadores con habilidad para mover la bola y mezclar sus disparos, pero, sobre todo, para dar strikes.
El partido es en Granada, pero yo no le veo mayor peso a ese asunto. León ganó en Granada y Granada ganó en León. Así que, al menos en esta Final, el jugar como local no ha sido ventaja para ninguno de los equipos. Pero la presencia de Sandino quizá vuelva a postergar la celebración de los felinos.
En todo caso, creo que la Final ha llegado a un extremo en el que el talento y calidad de los jugadores siguen siendo determinantes, pero quizá el carácter y las agallas se estén convirtiendo en los factores desequilibrantes. Ahí está el reto para ambas tropas. Y aunque León tenga más flexibilidad, vamos a ver qué tan bien sabe administrarla.
Ya sabemos que Granada no puede fallar. Un desliz más y se acabaron sus posibilidades, pero si quien falla es León, y la serie se coloca 3-2, entonces la situación cambia y el momento psicológico también. Y aún cuando la batalla regrese a León, los melenudos podrían sentir el sol a la altura de los párpados.
Entonces, ¿qué pasará? Nadie lo sabe y ahí radica la grandeza del beisbol.
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