Cartas al Director

Sufrimientos

 

“Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él”.

 

Madre Teresa de Calcuta (1910-1997), misionera yugoslava nacionalizada india.

Dios en Haití

Ante la catástrofe humana, que no humanitaria, de Haití, hay mucha gente que afirma: Dios no existe, pues si existiera y fuera como nos dicen, o no mandaría un terremoto o lo evitaría y más siendo Haití un país tan pobre y con tan pocos recursos, lo que hará que la tragedia sea aún mayor.

En primer lugar, Dios no envía catástrofes. La naturaleza, que algunos llaman madre, es imperfecta y en algunos casos nos tortura con sus excesos. No es pues un castigo divino, un terremoto.

Después Dios mandó al hombre dominar la tierra, es decir estudiar la naturaleza, y eso supone predecir los terremotos y atenuar sus efectos en la medida de lo posible. Un terremoto similar y cercano en el tiempo, en Italia causó trescientos muertos. En Haití serán miles y miles.

En tercer lugar Haití es muy pobre, pero sus últimos dirigentes han sido de aupa: papá doc y su hijo baby doc, atroces dictadores, que pusieron el vudú como religión de Estado que mientras sus compatriotas se morían de hambre, ellos amasaban una fortuna en el extranjero; y los siguientes enfrentados en bandas y facciones haciendo muy poco para sacar a su pueblo de la miseria y obligando a emigrar a los pocos universitarios que podían sacar a su país del pozo. De todo ello el culpable no es Dios sino los hombres.

Además, de todo hay que sacar consecuencias buenas, a lo mejor se despierta una solidaridad internacional verdadera y perdurable, los actos de heroísmo y de ayuda se suceden y Haití comienza un camino de progreso y de avance.

Por último, teniendo una visión sobrenatural de las cosas y por ello sabiendo que nuestro paso en la tierra es efímero y lo que importa es la vida eterna, probablemente los haitianos estén mucho más cerca del reino de Dios, que nosotros que por una nevada que nos fastidia los planes del fin de semana nos volvemos histéricos.

Alejandro Pérez Banedicto

Esperamos con esperanza

La megacatástrofe ocurrida en Haití, ha puesto la atención de muchas personas en ese país. Un país que desafortunadamente es noticia recurrente por sus tragedias también recurrentes. Siempre apreciamos sus tragedias desde lejos y nos lamentamos por la suerte de ese sufrido país que hace más de 200 años inició la ruptura de las cadenas del colonialismo en nuestro hemisferio. Hoy sin embargo Haití está más cercano que nunca para cientos de personas que esperamos con esperanza que nuestro querido amigo Gerardo Lechevallier aparezca con vida. Gerardo es salvadoreño de nacimiento, pero quienes lo conocimos y tuvimos el honor de trabajar bajo su liderazgo sentimos que pertenece a cada uno de nuestros países. Es en realidad colombiano, ecuatoriano, haitiano, nicaragüense, paraguayo, boliviano, mexicano. Gerardo no es de El Salvador es de nuestro hemisferio. Con su particular estilo ha dedicado su vida entera a trabajar por la democracia y la paz. En Bosnia, Haití, Nicaragua, Paraguay, México, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Colombia, Venezuela, Argentina, Ecuador, en fin; en tantos lugares, Gerardo, ha dejado constancia de su convicción de que sí podemos tener mejores políticos. Regularmente nos decía que la política sí puede y debe mejorar la vida de la gente y que al final de cuentas, diga lo que se diga, la democracia vale y sirve. De allí con seguridad su obstinación por la política y al final de cuentas también su decisión de prácticamente radicar en Haití como jefe de la misión de asuntos políticos de Naciones Unidas. Sin dudas una extensión de esa convicción por convertir la política, los políticos y la democracia en algo útil para esa sociedad.

Gerardo Lechevallier, dueño de un exquisito sentido del humor y la ironía, ha alcanzado notoriedad por su trabajo en pro de la democracia en todo el hemisferio. Y antes, ya casi muchos años atrás, en 1989 en El Salvador en plena campaña electoral, por ofrecerle en un programa de televisión al fundador de Arena, Roberto D’Aubuisson una pastilla de jabón para que lavara su boca. Cosa no menor por el vínculo del mismo D’Aubuisson con los escuadrones de la muerte y cuando el Arena de ese tiempo no tenía nada que ver con el Arena de este tiempo. En Nicaragua Gerardo es muy conocido por los más prominentes políticos que trabajaron en transitar este país a la democracia. Y como director para América Latina del Instituto Nacional Demócrata (NDI), en alianza con el desaparecido Centro de Estudios Estratégicos de Nicaragua (CEEN) dirigió una de las más exitosas intervenciones de esa institución promoviendo debates y diálogos de opciones y prácticas para la profesionalización de las fuerzas armadas y del sector defensa en Nicaragua.

Hoy Gerardo está desaparecido en el devastado Puerto Príncipe. Muchos, desde Argentina hasta Estados Unidos, esperamos con esperanza su regreso.

Javier Meléndez Quiñónez 

Gloria Amaya

AIPE- Gloria Amaya era, hasta su reciente fallecimiento, un símbolo vivo de la sociedad cubana. Esta mujer de avanzada edad (murió a los 81 años) y admirable valentía, según el testimonio de quienes le conocían, llegó a tener de forma simultánea a tres hijos en prisión por el mero hecho de oponerse al tirano. Dos de ellos, Ariel y Guido Sigler Amaya, siguen habitando las siniestras cárceles cubanas en las que otros hermanos, Fidel y Raúl Castro, encierran a quienes se niegan a pensar como ellos ordenan. El tercero, Miguel, vive en el exilio de Miami tras salir del presidio.

Gloria Amaya era una de esas admirables Damas de Blanco que, desde que sus hijos, maridos y otros familiares fueran detenidos durante la oleada represiva de 2003, se movilizan para pedir la libertad de ésos y otros valientes que osan enfrentarse a la tiranía castrista. Sin embargo, era especial entre todas esas valerosas mujeres. Tan sólo ella era madre de tres presos políticos, un triste récord que le otorgaba un lugar muy especial entre quienes aspiran a ver una Cuba libre del castrismo. Y, con el dolor que esa triple condena imponía a una madre, marchaba junto a sus compañeras para pedir libertad. Pero, a diferencia de las demás, ella lo hacía en silla de ruedas a causa de la edad y una delicada salud.

Gloria Amaya representaba a todos esos cubanos que no se rinden ante la tiranía. Quienes la trataron han señalado que ella supo transmitir a sus hijos primero y a sus nietos después un ansia de libertad irrefrenable y la convicción de que merece la pena enfrentarse a los tiranos. El precio pagado por ella y los suyos por mantenerse firmes en esas convicciones fue, sigue siendo, muy alto. El objetivo de su noble lucha, el fin de la dictadura, es algo que ella no podrá ver pero, tal vez, sí lo hagan sus descendientes.

Gloria Amaya personificó la Cuba sufriente incluso en su velatorio. En un gesto de falsa humanidad, sabedora del precio que podría significarle en imagen exterior cualquier otra opción, la tiranía permitió que los hijos encarcelados fueran a rendir homenaje a la madre fallecida. Pero los retorcidos funcionarios del terror no les permitieron hacerlo con normalidad, condenándolos a la clandestinidad. Fue a altas horas de la madrugada cuando los vástagos pudieron despedirse de su progenitora. A Guido le llevaron a las 2:45 de la madrugada y le condujeron de vuelta a prisión a las 4:45. Las fotos nos muestran al preso político en un estado de salud realmente malo, delgado al extremo y en silla de ruedas.

Gloria Amaya fue, es, una madre que representa a Cuba. La progenitora de una familia dividida entre la cárcel y el exilio. Ésta es la misma división que sufre la sociedad cubana, fracturada geográficamente entre quienes viven dentro de esa gigantesca prisión que es la isla y quienes marcharon al exterior para respirar más libertad o poder vivir dignamente. Gloria Amaya, descanse en paz.

Antonio José Chinchetru
Miembro del Instituto Juan de Mariana, Madrid.

© www.aipenet.com

COMENTARIOS

  1. Comandante Chinandega - Miami
    Hace 17 años

    Excelente observacion, Dios no es culpable, sino los hombres o lideres que deciden maldecir su pais bajo religiones diabolicas como el VUDU. Dios es un DIOS de amor y quiere lo mejor para nosotros. Pero tanbien DIOS es firme en su palabra. Si la cabeza/govierno/casa/matrimonio vive fuera de las instrucciones de DIOS, consecuencias vendran DIOS avorece la idolatria. JEHOVA es un DIOS celoso, y la humanidad no entiende. Lo siento por los Haitianos, pero DIOS es soberano. Gloria a JEHOVA por siempr

  2. Doug
    Hace 17 años

    Dios en Haiti, bien expuesto, pero por un momento crei que el articulista estaba escribiendo acerca de Nicaragua, veamos:Nicaragua despues de Haiti es el mas pobre en America, la poblacion campesina en el Norte esta cerca de la muerte por inanicion, los secuaces, paniaguados, sicofantes del regimen y los familiares estan haciendo MILLONE$, la poblacion en masa emigra a C. Rica, de todo ello SON CULPABLES los politicos corruptos, vendidos al regimen y los que con el pactan. No es obra de Dios.

  3. Milton Halton
    Hace 17 años

    ¿Cómo hago para enviar una carta al director?

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