PUERTO PRÍNCIPE/ CABLES COMBIANADOS
La magnitud de la desgracia en Haití se volvió más clara este lunes cuando las autoridades estimaron que podría haber 200,000 muertos y 1,5 millones de personas sin hogar, que junto con el resto de los habitantes luchaban para encontrar agua o un plato de comida.
Soldados, médicos y trabajadores humanitarios de todo el mundo seguían llegando ayer a Haití, pero las miles de víctimas del terremoto de hace una semana tenían dificultades para saciar la sed, lavarse o comer, mientras el caos se apoderaba de la zona comercial de Puerto Príncipe tomado por los saqueadores.
El Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC) calificó ayer de “catastrófica” la situación que se vive en el país más pobre del continente, cuya población está cada vez más agresiva por la falta de alimentos.
Al mismo tiempo, la Cruz Roja indicó que los cadáveres de las víctimas han empezado a ser incinerados en fosas improvisadas en las calles de Puerto Príncipe, en tanto, el Gobierno haitiano dijo que ha sepultado unos 72 mil cuerpos en fosas comunes, cifra que no incluye a las víctimas que han sido enterradas por sus propios familiares.
En una macabra descripción de la situación a una semana del sismo, el organismo humanitario reveló que la “indiferencia se está instalando” y “la gente ha empezado a tirar los cadáveres frente a las puertas” y testigos denunciaron la cremación improvisada de cadáveres en la misma ciudad.
Además, “la búsqueda de cadáveres parece haber terminado”, mientras que los hombres buscan entre los escombros cualquier cosa que les pueda ser útil, añadió la Cruz Roja.
Esto, según su criterio, debido a que la organización de albergues para la atención de los damnificados ha ido muy lenta. Aunque indicó que existe la intención de mejorar la atención médica y distribución de alimentos a partir de hoy, “que en las calles no se ve (…) la gente sólo pide agua y comida y es una procesión de gente que se ve en las calles por todos lados”.
El traslado de medicinas es un riesgo por el saqueo.
La delegación de Nicaragua solicitó viajar con algunos soldados armados, previendo toda situación anómala, y esto les ha permitido desplazarse con alguna seguridad por las calles devastadas de Puerto Príncipe, pues las fuerzas de las Naciones Unidas los trasladan del campamento en un vehículo, los dejan en un punto y después al regreso los recogen en el mismo lugar. Pero además enfrentan otro problema: “Hay una percepción muy fea de la gente que anda con armas” y ha evitado toda confusión aclarando a la gente a través de los intérpretes que se encuentran en labores meramente humanitarias.
Debido a que los organizadores de la emergencia anunciaron que hoy iniciarán con la remoción de escombros, destrucción de edificios con grandes daños y escombreo debido a la descomposición de los cuerpos, la brigada de rescate de Nicaragua no realizará ningún trabajo, pues esa labor requiere de maquinaria pesada y de equipos especializados. Han sugerido al ejecutivo reforzar la atención médica, que les permita realizar intervenciones quirúrgicas pequeñas y una dotación mayor de medicinas.
“Hay muchas personas en las calles que piden atención médica (…) y son ciudadanos que tienen tres, cuatro y cinco días y que nadie le ha podido dar atención médica”, sostuvo.
Elízabeth Romero.
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En tanto, los precios de los alimentos y del transporte han explotado (el pan cuesta el doble que hace una semana) y los incidentes violentos, como saqueos, van en aumento al ritmo de la desesperación de la gente.
Incluso se han registrado incidentes como gente alertando a gritos sobre la llegada de un tsunami para aterrorizar al resto y poderles robar lo que dejan en su huida.
La ayuda aún no llegaba a muchos damnificados, frenada por problemas de transporte, confusiones burocráticas, miedo a ataques contra las caravanas de ayuda, el derrumbe del Gobierno local y la enormidad de la catástrofe.
LA PASTA DE DIENTES ES UN PRODUCTO CODICIADO
Los saqueos se extendieron por más sectores del centro de la capital el lunes, con cientos de jóvenes y niños que trepaban a las paredes dañadas de las tiendas para llevarse lo que encontraran. La pasta de dientes era codiciada porque la gente se la pone bajo las fosas nasales para no sentir el olor de los cadáveres.
La Policía tuvo que hacer disparos al aire en una tienda derrumbada y en llamas, para separar a jóvenes que peleaban con botellas rotas, machetes y navajas por una carga de ron.
“Estoy tomando todo lo que puedo, me da valor”, dijo Jean-Pierre Junior, que tenía una tabla rota con clavos para proteger su botella.
Aún así, el comandante del Ejército estadounidense en Haití, teniente general Ken Keen, dijo que hay menos violencia que antes del terremoto. “¿Hay violencia de pandillas? Sí. ¿Había violencia de pandillas antes del terremoto? Por supuesto”, dijo.
ÉXODO
Mientras los socorristas buscaban llegar a los necesitados, algunos buscaban dejar el país. Cientos de ciudadanos estadounidenses y gente que decía serlo se formaron con identificaciones en la mano frente a la embajada de ese país en busca de abordar algún vuelo de salida.
Unas 200,000 personas pueden haber muerto por el terremoto de magnitud 7, dijo la Unión Europea. Citó a funcionarios haitianos que han dicho que ya se recogieron unos 70,000 cadáveres.
La UE estimó que unas 250,000 personas sufrieron heridas y que 1,5 millones perdieron sus hogares.
También hay muchos otros que viven en la calle por miedo a que las estructuras dañadas se derrumben. Y, aunque más de 73,000 personas han recibido raciones de alimentos para una semana, según la ONU, muchas más siguen esperando comida.
CAMPAMENTO
Tanta gente perdió su vivienda que el Programa Mundial de Alimentos planea erigir un campamento para 100,000 personas en las afueras de la ciudad, dijo la directora de la organización en Haití, Myrta Kaulard.
Unas 50,000 personas ya duermen en un campamento establecido por la 82 división aérea del Ejército estadounidense en el campo de golf de la ciudad.

En las calles todavía se veían cadáveres, pero los pobladores habían recogido muchos para enterrarlos o quemarlos. La gente arrastraba cuerpos a las esquinas esperando que los camiones de recolección de basura o grupos de asistencia se los llevaran.
El agua comenzaba a llegar a más gente, pero con el puerto bloqueado y quejas de grupos humanitarios sobre el manejo estadounidense del aeropuerto, la comida y los medicamentos seguían escaseando. El enojo aumentaba por la lentitud de la ayuda.
Seis días después del sismo, decenas de cuadrillas de rescate seguían intentando rescatar a sobrevivientes atrapados entre los escombros.
“Aún hay gente viva”, dijo la vocera de la ONU Elisabeth Byrs a The Associated Press. “La esperanza persiste”.
Luego que los 1,700 socorristas habían salvado a más de 70 personas, Byrs dijo que algunas personas atrapadas podrían sobrevivir hasta el lunes e incluso después.
Precisamente ayer, rescatistas de Nicaragua en conjunto con equipos de Rusia, Perú e Israel lograron sacar con vida a dos personas más que permanecieron sepultadas durante seis días entre los escombros de un edificio.
Entre los rescatados ayer por la mañana se encontraba una joven, cuya hermana, Maxi Phalone, no paró de llorar de felicidad y elevó plegarias agradeciendo a Dios por el milagro.
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