LOS ÁNGELES/ AFP
La cantante colombiana Shakira se declaró adicta a las compras y aseguró que, como católica, se siente culpable por gastar dinero frecuentemente. Sin embargo, la artista cree que consumir también tiene su lado positivo.
“Me sentía culpable, pero hoy por hoy pienso que las compras hacen que el mundo funcione, ya que en un mundo donde la gente no consume, la economía no avanza”, explicó a la revista You .
Shakira negó haberse olvidado de su país natal, tal como la acusaron recientemente. Incluso afirma que ella hace todo lo posible por ayudar en Colombia.
“Voy con frecuencia a Colombia, he visto cómo muchos niños no se sienten seguros en la escuela y acaban dentro de la milicia o en el negocio del narcotráfico, y sé que yo puedo ayudar aunque sea en una pequeña parte”.
A fines de 2009 la cantante confesó también que se considera “absolutamente adicta a los chocolates y los dulces”.
VICTORIA HACE SU PARTE
La ex Spice Girl y esposa del futbolista David Beckham aprovechó recientemente su visita a Milán para gastar 350 mil euros en un solo día, con el argumento de que “así ayuda a la economía”.

En una tarde de compras, Victoria adquirió 20 pares de zapatos, 12 pares de gafas de sol de Versace y un reloj Rolex valorado en 278,000 euros, que sumado a las compras anteriores totalizan 350,000 euros.
La diseñadora está encantada de que su marido, David Beckham, haya firmado para jugar en el AC Milan, pues eso supone trasladarse a la ciudad de la moda por excelencia, allí donde puede pedir que sus tiendas favoritas se cierren al público sólo para ella.
LOS PRODUCTOS TIENEN LA CULPA
“Los artículos de esas tiendas maravillosas están diciendo: ‘Ven y cómprame, ven y cómprame’. Y, total, así ayudo a la economía”. Así ha explicado Victoria Beckham sus frenéticas tardes de compras, según informa el diario Daily Star.
Pero la diseñadora también hace examen de conciencia y admite que ha “gastado demasiado”, aunque se justifica diciendo que “comprar es como una droga. Cuanto más tienes, más quieres”, y parece que ha ido a parar al lugar más adictivo de todos: “Cuando estoy en Milán no sé cómo resistirme”.
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