Aracely Contreras Abdalah vive en un mundo de niños. Para entrar y salir de un lugar especial, hay que ser realmente especial.
Ella, una sicóloga clínica infantil, decidió ir más allá de sus propios límites para dedicarse a un grupo de niños bastante peculiar.
“Entrar en el mundo del autismo me ha permitido, además de enseñar a niñas y niños a integrarse socialmente desde sus capacidades, a aprender cada día más de ellos”, comparte Contreras Abdalah. “Cada uno es distinto, cada uno es un reto y una gran satisfacción”, continúa.
Desde siempre sintió una conexión especial con los pequeños. Durante la secundaria trabajó como voluntaria en diferentes proyectos con niños, donde por primera vez entró en contacto con las difíciles realidades que enfrentan muchos de ellos. Pero fue hasta finalizar este ciclo cuando decidió compartir su vida con pequeñas manos y grandes corazones. Luego de terminar su carrera en Montreal, Canadá, emprendió su viaje a España donde realizaría su Maestría en Psicología Clínica Infantil con especialidad en Autismo.
“Cada experiencia es nueva, pero el inicio siempre te marca”, cuenta Aracely. “Mi primer contacto con niños autistas fue en un centro de España, pero cuando regresé a Nicaragua me di cuenta cuánto necesitaba seguir en esto, ante la necesidad de nuestros niños se convierte en una relación recíproca, no sólo es dar sino recibir”.
Ya son tres años desde que Aracely decidió entrar al mundo del autismo, y desde entonces se enamora más de su carrera, de su vida. Actualmente atiende decenas de casos de autismo infantil semanalmente; aunque cada caso es diferente a otro, explica que siempre hay un punto sensible que le permite entrar en el mundo de estos niños.
Al preguntarle sobre sus más grandes logros, no duda en responder que cada paso, cada palabra, cada avance que tengan sus niños es su más grande logro, por lo que de cada reto diario obtiene una gran satisfacción, la llena de orgullo saber que su trabajo está teniendo un eco positivo en las vidas de estos niños y sus familias.
“Me siento realmente plena con lo hago. Es un crecimiento profesional y una realización personal, por eso vivo en esto mi tiempo completo”, asegura la sicóloga que trabaja por las mañanas en Los Pipitos y por las tardes en su clínica privada, lugares donde —según ella— enseña a aprender, mientras aprende a vivir.
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