Cuando el Estado establece impuestos, decide, en realidad, la manera en que van a extraerse con fines públicos los recursos necesarios de los hogares y de las empresas del país. El dinero recaudado por medio de los impuestos es el vehículo mediante el cual se transfieren recursos reales de los bienes privados a los bienes colectivos.
Cuando el Estado ha decidido recaudar una determinada cantidad de impuestos, puede gravar la renta, los beneficios o las ventas. Puede gravar a los ricos o a los pobres, a los ancianos o a los jóvenes. Ante esta realidad surge la pregunta: ¿Existen algunas directrices que puedan ayudar crear un sistema tributario justo y eficiente? Por supuesto que sí. Los economistas y los filósofos políticos han propuesto dos grandes principios para organizar un sistema tributario:
El principio del beneficio, según el cual los individuos deben pagar unos impuestos proporcionales a los beneficios que reciben de los programas públicos.
El principio de la capacidad de pago, según el cual la cantidad de impuestos que pagan los contribuyentes debe estar relacionada con su renta o su riqueza. Cuanto mayor sea la riqueza o la renta, más altos serán los impuestos. Normalmente, los sistemas tributarios organizados según el principio de la capacidad de pago también son redistributivos, lo cual significa que recaudan fondos de las personas de renta alta para aumentar la renta y el consumo de los grupos menos favorecidos.
Hoy día los sistemas tributarios intentan introducir las ideas sobre la justicia y la equidad. Un importante principio es el de la equidad horizontal, según el cual los que son esencialmente iguales deben pagar los mismos impuestos. Este principio está profundamente arraigado en la filosofía política occidental. Más controvertido es el principio de la equidad vertical, que se refiere al trato fiscal que ha de darse a las personas que tienen diferentes niveles de renta.
Los principios filosóficos apenas ayudan a resolver las cuestiones que plantea la justicia en este caso. Nuevamente surgen preguntas: ¿Cómo han resuelto las sociedades modernas estas cuestiones filosóficas? Los Estados han adoptado soluciones pragmáticas que sólo se basan en parte en los enfoques del beneficio y de la capacidad de pago. Los representantes políticos saben que los impuestos son impopulares. Después de todo, la consigna de “imposición sin representación” contribuyó a lanzar la Guerra de la Independencia en Estados Unidos.
Los sistemas impositivos modernos son una difícil solución intermedia entre unos nobles principios y el pragmatismo político. ¿Qué prácticas seguir? Prestigiosos expertos (Báez, Acevedo, Avendaño) han hecho campaña a favor de un sistema impositivo más simple, eficiente, eficaz y justo. Han planteado propuestas innovadoras para introducir una reforma fiscal, por cuanto una de las principales preocupaciones es la influencia de los impuestos en la eficiencia económica y el impacto que pueda tener en la inversión y en el empleo, dos elementos fundamentales para la estabilidad del país.
Aquí surge una difícil elección que hay que hacer entre la eficiencia y la equidad, que se agrava cuando cerca del ochenta por ciento de los nicaragüenses tienen ingresos por debajo de dos dólares al día, y con un PIB per cápita —que en dólares constantes de 1995—, nos ubica por debajo del de 1960.
Sobre la base de estos números pudiésemos inferir que los nicaragüenses tenemos necesidades inmediatas, las que también deben resolverse inmediatamente. Que los problemas son apremiantes, y que el país no se puede dar la opción de seleccionarlos. Cuando los problemas son apremiantes éstos explotan en el seno de las sociedades y las soluciones son más bien parches, medidas a media para salir del paso. El remedio puede ser peor que la enfermedad. Aún cuando no tenemos la opción de escoger nuestros problemas, si tenemos la opción que escoger las soluciones y las soluciones meditadas tienen más posibilidades de que sean las óptimas. [email protected]
El autor es Consultor
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