Novelas van y novelas vienen, y en ellas se observa un denominador común. De éste se disfruta aún más si lo apreciamos en vivo a través de la “tele” sin pagar nada: una pelea callejera en unos de nuestros barrios, donde dos damas se disputan al “macho”, mientras que en el otro extremo del “ring” un policía hace malabares para separar a una contendiente de la otra. Ese denominador común es los celos.
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Hay quienes consideran que celar tiene algo de bueno y de malo. ¿Cuándo son buenos? Siempre y cuando se perciban como una muestra de afecto por parte de la persona amada. Cuando ya se está casado, los celos resultan útiles, porque actúan como generadores de energía vital en la pareja, donde cada uno se esfuerza en mejorar para mantener encendida la llama del amor. (Nota del escritor de esta columna: buen guión para cualquier novela barata, llamado culebrón como las que sobran).
Lo que sí resulta cierto y a la vez necesario, es que en toda pareja se respete la libertad de cada persona, su estado anímico y sus necesidades, pero que además ambos se sientan apoyados y complementados bilateralmente.
¿Y cuándo los celos son malos? se preguntará usted. Cuando se crea la desconfianza entre la pareja. A partir de este momento cualquier cambio en el contexto de pareja puede llegar a ser motivo para una reacción de celos en las personas. Aparecen pensamientos de engaño y se atiende selectivamente a señales de alerta, creando de esta manera un rival imaginario inexistente.
Al no poder controlar estos sentimientos, la persona se torna cada vez más insegura, generando, como consecuencia, reacciones agresivas o “escenas de celos”. Inclusive, la comunicación puede verse reducida exclusivamente a las preocupaciones y pensamientos del celoso o celosa, se presenta la frustración que provoca odio y agresión.
¿Y existe la posibilidad de que la persona celosa llegue al extremo de enfermarse? Identificado como delirio celotípico, es la angustia del paciente por delirios sobre la infidelidad de su esposa/o, esto luego se convierte fácilmente en ira.
La persona puede hacer de forma incesante acusaciones, espiar o seguir a su esposa/o y malinterpretar acciones simples, hasta llegar al requerimiento de confesiones constantes, asegurando el perdón.
En este momento se encuentra latente la agresión física. Por supuesto, ésta es una manifestación totalmente incorrecta, que cuando surge deteriora extraordinariamente la relación de la pareja, además de ser sencillamente inadmisible, inaceptable. No existe justificación alguna para que una persona agreda a otra, sin distinción de género.
Que suele darse la agresión entre personas de bajo nivel cultural, puede resultar cierto, si nos apoyamos en las evidencias que se muestran a través de los medios de comunicación, pero lo anterior no excluye que personas con una buena formación recurran al uso de la fuerza, donde tampoco se justifica.
¿Cómo reducir el factor celos? La clave es la transparencia en la pareja y prácticamente en todo, comunicar las dudas, teniendo presente las necesidades reales de cada miembro de la pareja dentro del marco del equilibrio.
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