Encontrar agua limpia hoy en la represa Las Canoas es tan difícil como ver oro en la superficie de la tierra. Los vecinos tienen que excavar huecos a la orilla del lago para que el agua con que se bañan no salga tan sucia.
Unas nueve mil personas están viviendo esta situación unos 60 kilómetros al noreste de Managua, en el centro del país.
Los lugareños acusan a los arroceros del problema porque supuestamente cultivaron casi 20 mil manzanas de arroz el año pasado, en plena sequía, más que las 15 mil de 2008.
Eso aparentemente provocó la sobreexplotación de Las Canoas, y ahora son los campesinos pobres los que sufren las consecuencias.
Sin embargo Fernando Mansell, presidente de la Asociación Nicaragüense de Arroceros (Anar), afirmó que todo se debe a la sequía.
“Creo que es más evidente y todos conocemos el nivel de El Niño…, nos solidarizamos con la gente de Las Canoas. Todos los años no ha habido problemas con las comunidades y se ha tratado”, comentó Mansell.
Para unos resulta más grave que para otros.
La comunidad de Santa Isabel, con unas 15 familias, tiene que caminar aproximadamente 500 metros antes de navegar al menos un kilómetro cada mañana para conseguir agua limpia en Los Ventarrones, la comunidad de enfrente, donde tienen un pozo comunitario.
Pero en Los Ventarrones la gente enfrenta otros problemas.
Ernesto Orozco, líder de las nueve comunidades de Teustepe que sufren por la sequía, asegura que el impacto es ambiental, económico y de salud.
El problema ambiental es evidente. El lago está cinco metros por debajo de su nivel normal y sólo tiene tres metros de profundidad en promedio, uno menos que el mínimo recomendable, gracias a la cantidad de agua que le están sacando a la represa.
- Ernesto Orozco, líder de las nueve comunidades de Las Canoas, en Teustepe, asegura que hace cinco años se presentó el mismo problema.
El problema supuestamente se había solucionado con un convenio entre las alcaldías de Teustepe, Tipitapa y Granada, más la Asociación de Protección del lago Las Canoas, liderada por Orozco y otros comunitarios.
El acuerdo consistió en que, ocurriera lo que ocurriera, el nivel mínimo del lago no bajaría de cuatro metros de profundidad.
El mismo supuestamente se respetó entre 2005 y 2008, pero el año pasado fue roto, según Orozco.
Pero el líder insiste en que las consecuencias de enero son mínimas a las que llegarán en abril, ya que para entonces el nivel del lago podría bajar aún más, debido a que la época lluviosa no vuelve hasta mayo.
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Esto provoca la muerte de peces, pero también causa estrés hídrico en las plantas, que se desarrollan menos y la sedimentación deja tierras pantanosas que son peligrosas para las bestias.
Orozco afirma que desde mayo del año pasado 22 bestias, entre vacas y caballos, han muerto en los pantanos.
La última víctima fue una vaca que murió el martes pasado.
Sus dueños lograron rescatarla antes de que la tierra se la tragara por completo, pero estaba tan maltratada, que tuvieron que sacrificarla (destazarla) en el lugar.
No se observan restos de animales en la orilla del lago. Pero uno se da cuenta del peligro cuando intenta comprobar lo que dicen los vecinos.
Poner el pie en esa tierra húmeda es como pisar el baño de un pastel, su textura es tan sólida como la espuma, por eso se traga lo que caiga. Mientras más pesada sea la víctima, menos posibilidades tiene de sobrevivir.
RIESGO PARA LAS MUJERES
Este riesgo es mayor para las mujeres. Ellas tienen que arriesgarse a pisar esas tierras cada día, porque deben lavar la ropa.
“Uno tiene que ir metiendo piedras porque cada día se seca más”, dice Ana Romero, quien diario baja a lavar al lago.
“Las mujeres lavan como cabras, subidas en las piedras”, dice Eulalio Treminio, mientras siembra trigo junto a las tierras pantanosas del fondo del lago, lo único que le queda desde que su única vaca dejó de darle diez galones de leche diario. Ahora le da un galón por la falta de agua.
Martha Acuña no lo deja mentir. Lava la ropa entre varias piedras junto al lago. Dice que sólo las que saben nadar se arriesgan, porque no deben pisar la orilla.
Por eso buscan las zonas que no tienen costa para evitar los pantanos.
Santos Treminio, un hombre de 70 años, lamenta el sacrificio que tiene que hacer para bañarse.
Tiene un brazo quebrado y debe bajar por zonas sin costas con un bastón. Si se equivoca, no sobrevivirá. Pero Santos Treminio no está preocupado por su suerte, sino por lo que le ocurre al lago.
“Antes yo me bañaba arriba (señala la orilla antigua del lago, a unos 100 metros), ahora tengo que venir hasta aquí”, comenta apesadumbrado Santos Treminio.
PROBLEMAS ECONÓMICOS
Eulalio Treminio, hijo de Santos, se apresura a sembrar en el fondo seco del lago.
Saca provecho de la crisis, el trigo no es para vender, sino para que coman las vacas. Dice que ya que sufren sed, que no les falte comida.
La urgencia de Eulalio Treminio se debe a que tiene que mantener a 15 personas con 400 córdobas semanales, que ganan de la venta de rosquillas y cosas de horno.
“Esto es lo que causan los arroceros, ellos dicen que no pueden perder, pero quién nos paga a nosotros las pérdidas, las bestias, los cultivos”, pregunta Orozco.
El líder de las comunidades asegura que incluso los pequeños restaurantes cerca del lago están teniendo menos visitantes y los lancheros ya casi no reciben clientes.
Orozco opina que hasta mayo de 2009 el nivel del agua estaba en un punto óptimo para soportar los riegos de las arroceras, el consumo de los pobladores y el equilibrio ambiental.
Sin embargo, insiste en que las arroceras utilizaron como argumento la sequía que causó el fenómeno de El Niño para sacar más agua de la que el lago puede soportar.
Las palabras del líder se comprueban río abajo, en las aguas del Malacatoya.
Cerca del puente Las Banderas, el río Malacatoya fluye con mayor libertad de lo normal.
Las mujeres que lavan la ropa están felices. Dicen que les beneficia que el río esté crecido porque el agua se empoza menos al correr más rápido y hasta los niños llegan a bañarse.
Pero la alegría de unos sigue siendo la tristeza de otros.
El niño Yelbin Siles, de Los Ventarrones, tiene la piel llena de llagas, provocadas supuestamente desde que el lago se hizo lodo. Su familia cree que se debe a la sedimentación, como le ocurre a su hermano mayor.
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