Desde 1990 hasta la fecha, hemos diversificado nuestras exportaciones. Los productos no tradicionales crecieron desde 1990 al 2004, un 397 por ciento y los tradicionales un 58 por ciento (en volumen); aproximadamente el 50 por ciento de kilogramos exportados en la actualidad son no tradicionales
Hemos pasado de exportar, por ejemplo, US$7.3 millones de frijol, US$29.5 millones de maní, US$27 millones de oro en bruto, US$11 millones de pescado en escamas, US$25 millones de lácteos y US$34 millones de camarones de cultivo en el 2000, a exportar US$59 millones de frijol, US$62 millones de maní, US$88.5 millones de oro en bruto, US$20 millones de pescado en escamas, US$121 millones de lácteos y US$ 61.6 millones de camarones de cultivo, al 30 de noviembre del 2009.
El sector cafetalero y ganadero de doble propósito (carne, ganado en pie, leche y derivados lácteos), durante el 2009 sumaron alrededor del 42 por ciento del total de las exportaciones y los EE.UU. y El Salvador fueron el destino de un poco más del 42 por ciento de las mismas, siendo Asia receptora únicamente del 2.34 por ciento de las mismas, con casi la mitad dirigida a Taiwán (1.13 por ciento), debido en gran parte al TLC vigente con ellos, destinando únicamente el 0.66 por ciento a Japón y el 0.2 por ciento a China Continental, la segunda y tercera economías del mundo respectivamente.
Profundizar la diversificación exportable iniciada en el noventa, tanto en productos, como en destinos finales es el primer reto pendiente, relacionado con nuestra oferta exportable.
Los 20 principales productos de exportación durante el 2009 representaron el 80 por ciento exportado en millones de dólares y el 50 por ciento del volumen, enviado al exterior. Los demás productos representan el 20 por ciento del valor exportado en millones de dólares y el otro 50 por ciento del volumen exportado.
Durante enero-noviembre 2009 vs. enero-noviembre 2008, los 20 principales productos cayeron en sus precios en un 2.98 por ciento, mientras que el resto cayó en un 10.42 por ciento.
Un mayor valor agregado que mitigue las drásticas caídas en precios del 50 por ciento del volumen de nuestras exportaciones es el segundo reto pendiente de nuestra oferta exportable.
En el 2000, las 10 frutas más consumidas en el año por los estadounidenses fueron los bananos con 28.4 lbs./año, las manzanas con 17.4 lbs./año, las sandías con 13.9 lbs./año, las naranjas con 11.7 lbs./año, los melones con 10.8 lbs./año, las uvas con 7.3 lbs./año, el durazno con 5.5 lbs./año, las toronjas con 5.1 lbs./año y las fresas con 5 lbs./año. Es inconcebible que solamente el banano forma parte de los 20 principales productos de exportación de nuestro país, al 31 de diciembre del año pasado, siendo Nicaragua un país fértil para el cultivo del melón, la sandia y las naranjas, además de los mangos, aguacates, piñas, guayabas, papayas, guanábanas, marañón, anonas, nísperos, zapotes y pitahaya que pueden ser utilizados como consumo de fruta fresca, jugos, refrescos, néctares, jaleas, mermeladas, conservas y productos fermentados para la obtención de alcoholes y vinagres de distintas especies y por ende dejando de aprovechar este caudal impresionante de exportaciones de frutas en sus distintas presentaciones, al mayor mercado del mundo.
Los garrobos e iguanas y otras carnes silvestres, son altamente apetecidos en el Asia. Pareciera ser que estamos sesgando nuestra producción exportable a lo que nosotros consumimos y no lo que está consumiendo el mundo. Estamos probablemente mas “enamorados” de nuestros productos, que de nuestros mercados. De esta reflexión nace nuestro tercer principal reto: “No vender lo que se produce, sino producir, lo que se vende”, siguiendo el ejemplo emblemático de los asiáticos, que comen con palillos y exportan cuchillos y tenedores a todo el mundo.
El autor es economista, catedrático de la Universidad Thomas More
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