Por Elba Gutiérrez
Fátima Hernández Canda es una joven de 22 años, bella por dentro y fuera, pero refleja un gran dolor en sus hermosos ojos negros, producto de una salvaje violación que fue objeto desde hace seis meses y todavía duerme en el Ministerio Público.
La joven fue violada después de sus horas laborales en la Dirección General de Migración y Extranjería, cuando su jefa, la capitana Senovia Guevara, le ordenó trabajar un sábado junto a Fariton Antonio Larios, Julio Solórzano Peña Hugo Rizo y su misma jefa. Terminaron las labores a las 5p.m.
Fátima narra que la capitana Guevara le insistió en tomar una refresco. «Yo fui con ella, mi susto fue que después llegaron los tres compañeros de trabajo y pidieron licor. Recuerdo que me estaba tomando medio litro de Pepsi, me sentí incomoda y fui al baño, regresé y tome unos tres tragos más de gaseosa. Me sentí mal, las piernas las tenía adormecida, estaba completamente mareada y les exigí que nos fuéramos», explica.
«Nos montamos al vehículo —sigue diciendo la joven Hernández Canda— a mi jefa la dejaron primero, luego los varones me llevaron a otro lugar donde uno de ellos me violó desde las 10 de la noche hasta las 4 de la madrugada, cuando me fue a tirar al Hospital Lenin Fonseca toda ensangrentada».
Según el dictamen médico, la joven paso 120 días en la Unidad de Cuidados Intensivos con la matriz inflamada y con una enfermedad infecciosa que le transmitió el abusador sexual.
Fátima afirma que le gritó a su agresor que eso no se quedaría así. Él le contestó amenazante: «hacé lo que querrás, mi madrina es la Ministra de Gobernación y lo único que te vas a ganar es el despido de esta institución».
El calvario de la muchacha no terminó allí, porque llegó a verla en el Hospital Roberto Calderón uno de sus compañeros de labores, quien, como ella estaba sola, aprovechó para ponerle una almohada en la cara y tratar de asfixiarla. Ella asegura que de todo eso hay pruebas.
El Obispo de Matagalpa, Monseñor Jorge Solórzano Pérez, en una carta episcopal dice al referirse al tema de la violación: «los pensamientos malos salen de dentro, del corazón: de ahí procede la inmoralidad sexual, robos, asesinatos, infidelidad matrimonial, codicia, maldad, .y falta de sentido moral. Todas estas maldades salen de dentro y hacen impura a la persona»,(Mc 7,21-23).
Me extraña que la Ministra de Gobernación, quien pertenece a grupos laicales de la Iglesia Católica y se considera una gran cristiana, permita actos tan condenables, sobre todo cuando los seres humanos son ultrajado de la manera más vil como es el caso de Fátima Hernández. La Ministra, como mujer que es debe saber que ninguna mujer puede ser sometida a este tipo de ultraje y quedar sin secuelas físicas y, lo peor, psicológicas. De manera que lo menos que podría hacer por el bien de la Institución, es poner ante la justicia a los culpables de ese horrendo delito.
Fátima Hernández, quien es asistida legalmente por el doctor Manuel Urbina Lara, afirma que irá hasta el final, aunque le cueste la vida, y se dedicará a trabajar por las mujeres que en algún momento de su vida fueron violadas.
Personalmente pienso como el Obispo de Matagalpa, Monseñor Solórzano, y condeno todo acto de violencia contra las personas, directa o indirecta, explícita o implícita, y más aun cuando se trata de este tipo de acto contra seres totalmente indefensos.
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