En un año preelectoral impulsar una reforma al sistema tributario nacional no es la mejor idea, según afirma el ex presidente del Banco Central de Nicaragua, Noel Ramírez, quien asegura que no es usual que un gobierno arriesgue su caudal político en una iniciativa que implicará aumentar la carga impositiva del país.
Según el ex funcionario del gobierno del presidente Arnoldo Alemán, el Gobierno tiene que centrar sus esfuerzos en promover un clima de inversión más adecuado, impulsando medida que más bien las fomenten.
Considera que este tipo de reforma fiscal tiene que ser elaborada al principio de cualquier gobierno, y no cuando va de salida.
En este sentido sugiere que esta discusión sea postergada hasta que asuma el nuevo Gobierno en el 2012, cuando goza de lo que podría ser una luna de miel con la sociedad, como una forma de hacer una propuesta tributaria integral.
Por otro lado a partir de su experiencia sostiene que incluso éste podría ser un criterio compartido por el mismo FMI quien prefiriría negociar un nuevo programa con el nuevo Gobierno, más que con uno que ya va de salida.
Estamos frente a un año preelectoral, en el cual las fuerzas políticas se enfrascarán en crear condiciones para el siguiente año de elecciones. ¿Es normal que un Gobierno se arriesgue a impulsar una reforma tributaria que podría resultar contraproducente políticamente?
No sería un comportamiento típico. Cuando formé parte del Gobierno como presidente del BCN nosotros lo que hicimos fue aprovechar la luna de miel e impulsamos una reforma tributaria que fue aprobada por la Asamblea Nacional a inicios de nuestro gobierno, incluso la hicimos antes de empezar a conversar con el FMI porque en ese momento como estás en la luna de miel vos tenés un gran capital político que lo podés invertir en ese tipo de decisiones de política económica. Por el otro lado, lo recomendable no es sólo hacerlas al inicio sino que hacerla de una sola vez, para no estar cambiando las reglas del juego permanentemente al sector productivo nacional que ése, a mi juicio, fue uno de los errores del presidente Enrique Bolaños, que creo que tuvo, en dos o tres ocasiones, que recurrir a reformas tributarias.
La nueva ley en sí, no sólo es un problema político sino también es económico, ya que plantea obtener el 2.42 por ciento del PIB en recaudaciones. Tenemos una reforma tributaria en camino y ahora una reforma integral para este año, ¿no resulta traumático?
Lo que tengo entendido es que las medidas fiscales que eran necesarias para cerrar la brecha que se había negociado con el FMI son las que ya fueron aprobadas por la Asamblea y respaldadas por el Cosep. Entonces si el Gobierno quisiera considerar una reforma tributaria integral este año, creo que esas reformas deberían tener un efecto neutro en cuanto a recaudación, sería simplemente para mejorar la eficiencia de la reforma y mejorar la eficiencia de los recursos de la economía nacional y ya no tendría que ser para incrementar los niveles de recaudación como objetivo fundamental.
Usted negoció con el FMI el programa económico de ese entonces, ¿realmente al fondo le interesa la reforma tributaria como iniciativa de ley o le interesan los números?
En mi experiencia lo que vi fue, en primer lugar, que al Fondo lo que le interesa es que el país, el Gobierno tenga presupuestos financiados sanamente. Qué significa eso. que si hay algún déficit, que ese déficit sea el menor posible y que sea financiado con recursos externos concesionales, ya que Nicaragua es un país HIPC. El Fondo Monetario no le va a pedir a Nicaragua una reforma fiscal, lo que le va a pedir es que tenga un nivel de déficit manejable. Luego, es el Gobierno de la República el que le va a proponer al Fondo que para llegar a ese nivel de déficit va a recortar el gasto o a poner más impuestos. Normalmente en los recortes de gastos el FMI le da más libertades al Gobierno y en el aspecto tributario, si fuera ése el camino que escoge el Gobierno, allí sí el FMI tiende a brindar más asesoría al Gobierno pero al final es el Gobierno el que decide cuáles son las medidas fiscales que van a ser necesarias para llegar a esa meta.
Es conveniente, políticamente, hablar de reforma tributaria, el próximo año previo a las elecciones nacionales. ¿No se va a contaminar políticamente, porqué no hacerla en el 2012, cuando se sienten todas las fuerzas políticas y económicas y la hacen con el nuevo Gobierno?
Si, ya el año que viene (2010) tenemos un programa negociado con el FMI parecería que no hay necesidad de una reforma tributaria que sea meramente recaudatoria, podría haber la lógica de una reforma integral de carácter neutro para mejorar la eficiencia de la estructura tributaria. Si ése fuera el caso creo que lo preferible sería esperar tener un nuevo Gobierno que va a tener todo el capital político y cinco años por delante para hacer una reforma que fuera de carácter integral. Conociendo al FMI creo que el mismo fondo preferiría algo de ese tipo porque cuando los gobiernos van de salida, como es el caso del Gobierno actual, pues el FMI prefiere negociar con gobiernos que están empezando su gestión y que gozan de una mayor simpatía al inicio de cualquier período presidencial. Eso ha sido lo típico.
El FMI dice que podría prorrogar por un año más el programa económico con el Gobierno ¿es una posición flexible del FMI?, ¿es posible que lo haga?
Todo depende. El FMI lo que le va a decir a Nicaragua es que “si querés tener un programa respaldado por el FMI necesitamos que tengás un déficit fiscal de tal magnitud, y que ese déficit te vamos a ayudar a financiarlo y vamos a respaldar para que obtengás los recursos”. Si ese déficit que van a conseguir reduciendo gastos lo conseguirán poniendo más impuestos pues ésa es una decisión del Gobierno, pero me parece que el Fondo ya en un Gobierno que va de salida preferiría que esas metas fiscales se alcanzaran más que por el lado de más impuestos, por el lado de una mayor austeridad en el gasto público.
¿Pero se puede esperar austeridad en el gasto público en un año preelectoral?
Yo te estoy diciendo lo que sería la posición del Fondo. Es una decisión del Gobierno de la República que es quien va a sopesar si tiene un déficit que necesita reducir, qué política es más conveniente para él, manteniendo esos niveles de gastos y gravar con más impuestos a la economía nacional, o tratar de reducir algunos gastos que no sean prioritarios y o poner más impuestos y dejar esa reforma integral que sea una tarea del nuevo Gobierno.
¿En este sentido cuál es entonces el sistema impositivo ideal?
Creo que es aquél que no desestimule la inversión privada, nacional o extranjera ya sea grande, mediana o pequeña; ya que de esta manera no desestimula la generación de empleo que es la mejor política social que puede tener un Estado. En el caso de Nicaragua, que poseemos una economía que es “pequeña y abierta”, porque nuestro mercado doméstico es muy reducido y donde el aparato productivo es altamente dependiente de insumos importados, es fundamental que el sistema impositivo no desestimule a las exportaciones y no sobreproteja a la producción que compita con importaciones, ya que en este caso nuestro crecimiento sería muy limitado, castigaríamos a los consumidores y la producción que compite con importaciones nunca llegará a ser competitiva. Obviamente tampoco podemos desproteger a esta última, poniéndola en desventaja frente a la competencia internacional. Pero por otro lado, el sistema impositivo debe proporcionar al Estado los recursos “necesarios” para atender sus funciones prioritarias, que a mi juicio son la educación primaria, la salud preventiva, la inversión en infraestructura que complemente a la inversión privada haciéndola más competitiva y la seguridad ciudadana.
¿Como estructurar ese sistema impositivo en todo caso?
El principio fundamental es que debemos estar totalmente convencidos que un córdoba en la manos de quien se ganó ese córdoba como producto de su trabajo, será mejor utilizado, que en las manos de un funcionario público, por muy bien intencionado que sea el programa de Gobierno al que se destine ese córdoba.
En este sentido Ramírez considera necesario hacer una revisión del sistema de exenciones existente actualmente y que le permitan al Gobierno contar con esos recursos “el sistema impositivo debe tener como objetivo una “carga tributaria” (relación de impuestos totales al producto interno bruto) y una estructura (los diferentes impuestos que la componen) que sean competitivas a nivel internacional, es decir, igual y preferiblemente menores que la de los países con los que competimos a nivel internacional y especialmente con los que competimos por atraer inversión.
Por otro lado el ex presidente del BCN considera que se tienen que ser cuidadosos en tocar los diferentes tipos de impuestos, ya que hay unos que influyen más que otros en la inversión.
A su juicio, ¿cuáles son los impuestos que más efecto tienen en la inversión privada y por lo tanto, en la generación de empleo y el combate a la pobreza?
A mi juicio los impuestos que más inciden en las decisiones de los empresarios e inversionistas son el impuesto sobre la renta, tanto a las personas jurídicas, como a las personas naturales, ya que la gran mayoría de las pequeñas empresas operan como personas naturales. Y yo agregaría como cargas impositivas, aunque realmente no son impuestos propiamente dicho, las tarifas de servicios públicos, cuando estos servicios no son competitivos o cuando el Estado, deseando subsidiar a un segmento de la población, en lugar de incorporar dicho subsidio al Presupuesto Nacional de la República, recurre a los llamados “subsidios cruzados”, es decir, que le sobrecarga la tarifa a otros sectores para cubrir el subsidio gubernamental.
¿Los subsidios “cruzados” en la prestación de los servicios públicos no son recomendables?
No, ya que crean distorsiones e impuestos innecesarios en otros sectores. Estos subsidios, si son necesarios, deben ser incorporados como un gasto corriente en el Presupuesto Nacional de la República. Sobre el IR, este impuesto debe ser lo más competitivo posible con relación a los países con los cuales competimos por atraer la inversión. Nuestro impuesto sobre la renta debe ser igual o menor que el de esos países; tanto para las empresas como para las personas naturales. En cuanto a las tasas, lo ideal sería una sola y única tasa, donde no se grave la reinversión de utilidades y tampoco se graven los dividendos con el fin de evitar la doble tributación. En todo caso, si el impuesto a las personas naturales va a ser progresivo, las tasas deben ser pocas y bajas.
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