CORRESPONSAL /RAAN
Mañana se cumplen 19 años de la emboscada de Ojo de Agua donde perecieron dos queridas religiosas de la Misión de Santa Inés.
Era el 1 de enero de 1990 y un grupo de religiosas, acompañado por el Obispo auxiliar de Bluefields en la RAAS, monseñor Pablo Smith, viajaba de Managua hacia Bilwi donde sostendrían una reunión pastoral, cuando fueron emboscados por un grupo armado en la comarca Ojo de Agua en la vía Siuna-Rosita, donde perecieron las hermanas Maureen Courtney y Teresa Rosales.
En esa misma emboscada la hermana Francisca Colomer y el Obispo auxiliar, monseñor Pablo Smith, resultaron gravemente heridos.
En el Ojo de Agua, una comunidad ubicada en la vía Siuna-Rosita, 19 años después de esa trágica tarde, los feligreses católicos aún recuerdan esa emboscada.
En el lugar existen dos cruces con los nombres de las hermanas de Santa Inés.
Maureen Courtney fue una religiosa norteamericana que nació el 15 de mayo de 1944, y Teresa Rosales nació el 28 de mayo de 1965, ambas murieron en el ataque con bombas y armas de alto calibre durante los últimos estertores de la guerra civil, que desangró a los nicaragüenses durante casi diez años.
La madre Katy Schiling, amiga de infancia en Estados Unidos de Maureen Courtney, recuerda que ella la invitó a venir a Nicaragua a trabajar en la educación especial de los niños y niñas miskitas del Caribe.
“Mi especialidad es educación especial para niños, por eso la madre Courtney me invitó a venir a Nicaragua para trabajar con ellos, el centro de atención especial lleva el nombre de la hermana Maureen Courtney en homenaje a su arduo trabajo y especial cariño con los miskitos”, refirió la religiosa.
El centro de educación especial comenzó con 45 niños de Bilwi y hoy atiende a más de 200 menores con capacidades diferentes, que son educados como un día soñó la hermana Maureen Courtney.
La madre Katy Shilling recuerda que ese día monseñor David Zewiec le avisó de la emboscada. Las dos religiosas que murieron fueron trasladadas en helicóptero a Bilwi, donde fue enterrada la hermana Teresa Rosales, y la Madre Maureen Corntey fue llevada a Managua, donde sus padres norteamericanos llegaron a recibir el cuerpo para luego ser llevada a Missouri.
Al momento de morir, la hermana Maureen Courtney llevaba 25 años de vida religiosa, y fue quien animó a la hermana Katy Schilling para que llegara a trabajar con los niños especiales en Bilwi.
Hoy el centro lleva 20 años de trabajo en memoria de la hermana Mauren, quien aún es recordada en el convento Santa Inés, de Bilwi.
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