Muchos creen que frente a la actual crisis que vive nuestro país pueden existir perdedores y ganadores, pero lo cierto es que todos, tristemente, somos perdedores.
Aun más triste, hay quienes pierden más que otros e inmerecidamente, como siempre, es la clase media. Hombres y mujeres que son el motor de la ya maltrecha economía nicaragüense. Son ellos los que más golpeados resultaran con la cruel embestida que el orteguismo le propinó recientemente al pueblo con la reforma a la Ley de Equidad Fiscal, misma que muchos no entienden, pero que a corto plazo podrán experimentar las consecuencias de su aplicación. Inevitablemente, serán miles los que sufrirán en carne propia el alza del costo de la canasta básica, de los servicios y muy probablemente miles pasarán a engrosar las filas del desempleo.
No me gusta ser fatalista pero no necesito ser clarividente para saber lo que nos viene en los próximos meses.
Todavía me parece escuchar los elegantes, técnicos pero cínicos argumentos que algunos diputados de la bancada oficialista utilizaron para justificar el asalto a los bolsillos de todos, repito, de todos los que vivimos en este país, pues quienes piensen que por ser sandinistas, orteguistas, populistas o CPC se van a librar, están muy equivocados, el alcance de esta reforma no hace diferencias de ideologías, religión ni clases sociales, les caerá por igual a todos.
Hay que decirlo con todas sus letras, esta improvisada y cruel medida fiscal es consecuencia de otro hecho cruel pero premeditado, el fraude electoral del año recién pasado. Gracias a ello, la ayuda presupuestaria que año con año países amigos nos brindaban se nos fue como el agua entre los dedos. No existe otra razón, el fraude es la única y por eso hoy tenemos que pagar las consecuencias.
Tal vez me equivoque al decir que todos somos perdedores, debo reconocer mi error, pues creo que es justo decir que en todo esto hay un triunfo, gracias al descaro de estos señores, los nicaragüenses pudieron constatar, quienes están contra los intereses de las grandes mayorías, de quienes ellos dicen ser defensores y si en algún momento habían logrado engañar a pobres ingenuos con sus discursos populistas, hoy nadie tiene dudas de que esos no son más que sinvergüenzas y despiadados dobles discursos. Mostraron sin pudor que no les importan “los pobres del mundo” mucho menos “los pobres de Nicaragua”.
No puedo dejar pasar por alto esta oportunidad, para, como dicen en mi pueblo, “darle una peinadita” al multi y súper funcionario público, el ahora neoliberal, defensor de la clase trabajadora, el eterno huelguista (cuando le convenía), ejemplar marchista… demás está decirlo, ustedes ya conocen su nombre. Es a este señor a quien deben agradecerle las nuevas medidas fiscales… si es que se pueden dar gracias por esa barbaridad… Que no se les olvide ese nombre cuando tengan que sacar de sus bolsillos mas córdobas, por el encarecimiento de la vida, cuando tengan que abstenerse de comprar algunas cosas, que hasta hoy con dificultad podían obtener.
Pero no hay mal que por bien no venga, ahora que todos nos podemos ver con claridad los rostros y que podemos identificarnos, estamos llamados a encarar a quienes nos quieren dejar sin oportunidades, sin esperanzas, sin futuro para nuestros hijos. Llegó la hora de unirnos y luchar desde donde a cada uno nos corresponde, para hacer realidad uno de los grandes anhelos del Mártir de las Libertades Públicas, Pedro Joaquín Chamorro, “Nicaragua volverá a ser República”.
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