Si usted es un ciudadano que le cree al Gobierno de Nicaragua cuando trata de justificar su irresponsabilidad ante el avance del narcotráfico en el país, usted automáticamente se convierte en el tonto de la película. Y le echa una mano al Gobierno, quien astutamente vive haciéndose el que no sabía nada, no veía nada, no le avisaron nada, etc. Usted está siendo embaucado y burlado por el principal encargado de la anunciada problemática y penetración del narcotráfico internacional en nuestro país. El bueno para nada gobierno de Daniel Ortega, que ha hecho muchas cosas, pero todas malas. Y en este asunto está aplazado.
Los militares acostumbramos a decir que en “guerra anunciada no hay muertos”. Esto significa que conociendo la información de que va haber un eminente ataque, no se tomen las medidas provisorias para salvar a nuestros hombres y evitar las bajas. Exactamente es lo que le ha pasado especialmente al actual gobierno. A continuación, primero las verdades y enseguida las mentiras:
Es una verdad que los narcotraficantes no pueden asentarse ni desarrollarse en un país sin la complicidad de las estructuras corruptas del poder, principalmente las judiciales. ¿Se acuerdan de los 600,000 mil dólares del narcotráfico que desaparecieron de la manos de un magistrado orteguista? Antes y después de ese caso, los narcos tienen puerta abierta en la Corte Suprema de Justicia. Si me piden más pruebas, los invito a que le soliciten a las autoridades del Estado los expedientes de los narcos y van a quedar horrorizados.
Es verdad que funcionarios públicos, militares y policías corruptos han caído presas del narcotráfico. Pero no hay grandotes condenados ni jamás se han conocidos estos casos en los que por cierto han andado revueltos de la mano del tráfico de armas, ilegales, contrabando, etc.
Una verdad es que los pobladores indígenas miskitos y otros tanto del Caribe como del Pacífico son víctimas del narcotráfico. Igualmente sucede con funcionarios, militares y políticos honrados, que han ofrendado sus vidas en cumplimento del deber patriótico. Pero también es verdad que ellos y todos los nicaragüenses somos víctimas de la irresponsabilidad gubernamental, que nos ha dejado a merced de los narcos.
Ahora que apenas conocemos algunas verdades, vamos por las mentiras.
Es una mentira que el Gobierno diga que existe un plan nacional de lucha contra la droga. Lo que medio existe son planes particulares de la Policía Nacional y del Ejército. Es tanta la debilidad que no hay en el país un responsable nacional, secretario, delegado, ministro o como le queramos llamar, que le responda al país por ese flagelo. Cómo es posible que la autoridad civil, en este caso, no dirige ni a la Policía ni mucho menos al Ejército. Esto nadie me lo ha contado, yo lo viví, además durante fui 6 años jefe de esos planes en la Costa Atlántica.
Es una mentira que los miskitos son narcotraficantes. Es más, les voy a confesar algo: el mero Pablo Escobar montó en los años 80, con la venia del sandinismo, las rutas del narcotráfico en Nicaragua. Incluso en una ocasión lo vi en una casa de seguridad ubicada en la Carretera Sur, en donde también se refugiaba el ex comandante guerrillero Joaquín Villalobos. Hasta mediados de los años 90, los miskitos les entregaban la droga a las autoridades nicaragüenses. Y quienes los abandonaron y los dejaron a merced de los narcotraficantes fueron las mismas autoridades. Nunca se enfrentó seriamente el asunto, hoy ciertos elementos inescrupulosos en nombre de los miskitos han afectado la imagen del pueblo miskito. Y lamentablemente el Gobierno se presta a ese peligroso juego.
Es una mentira que el fenómeno del narcotráfico lo pueda resolver solamente el Ejército o la Policía Nacional. Se necesita el concurso y participación de todos los ciudadanos, organizaciones sociales, gremios, instituciones públicas y privadas, rectorados por el Gobierno. ¡Que el gobiernos entonces nos diga sus verdades y mentiras!
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